EL ECO DE MIS PENSAMIENTOS UN VIAJE HACIA LO DESCONOCIDO
27%

UN VIAJE HACIA LO DESCONOCIDO

"Uruguay no solo me recibió: Uruguay me abrazó."

Cuando salí de Cuba, mi destino no era Uruguay. Mi primera parada era Guyana, un país al que podía entrar sin necesidad de visa y desde donde comenzaría una travesía que cambiaría mi vida para siempre.

Partí llena de sueños, pero también de miedos.

Dejaba a mis hijos por primera vez, me separaba de ellos y sabía que pasaría mucho tiempo antes de volver a verlos.

Solo esperaba que todo el sacrificio que estaba comenzando valiera la pena algún día.

Dejaba atrás todo lo conocido, sin imaginar las dificultades que tendría que enfrentar.

Al llegar a Guyana, me encontré con un lugar completamente diferente de todo lo que había conocido.

El idioma era otro, las costumbres eran extrañas para mí y la incertidumbre se mezclaba con los nervios que llevaba por dentro.

Estaba muerta de miedo y ni siquiera sabía lo que realmente me esperaba.

Sabía que aquello era solo una escala y que aún me esperaba la parte más difícil del camino.

La travesía para cruzar desde Guyana hacia Brasil fue una experiencia que jamás podré olvidar.

Fueron días marcados por el miedo y la incertidumbre.

La inmensidad de la selva imponía respeto.

La naturaleza salvaje, los sonidos desconocidos, las historias sobre animales peligrosos eran reales, y las dificultades del camino hacían que cada paso estuviera acompañado por la esperanza de llegar bien.

En medio de aquella aventura también hubo momentos muy duros. El temor, la vulnerabilidad y las dificultades propias de cruzar territorios desconocidos hicieron que comprendiera cuán frágiles podemos llegar a ser cuando dejamos nuestra vida atrás en busca de un futuro mejor.

Pero la esperanza era más grande que el miedo.

Después de aquellos días de travesía, finalmente llegué a Uruguay. Recuerdo perfectamente el contraste. Venía del calor y me encontré con un país frío, con un clima al que no estaba acostumbrada. Sin embargo, desde el primer momento, algo dentro de mí me dijo que aquel lugar sería especial.

Y no se equivocó. Poco a poco me fui enamorando de todo: de sus calles tranquilas, de sus costumbres, de su música, de su forma de hablar, cuyo acento tan peculiar incluso me hacía sonreír, de su gente tan alegre y cálida, de su comida y, sobre todo, de la calidez con la que me recibieron.

Lo que comenzó como un destino desconocido terminó convirtiéndose en un hogar.

Sin darme cuenta, Uruguay me fue conquistando el corazón. Allí descubrí que se puede volver a empezar, que es posible sentirse parte de una tierra que no te vio nacer y que las personas más importantes de nuestra vida muchas veces aparecen cuando menos lo esperamos.

Nunca imaginé que aquel viaje lleno de incertidumbres, que comenzó con tanto miedo y tantas preguntas, terminaría regalándome uno de los capítulos más hermosos y significativos de mi vida.

Porque Uruguay no solo me recibió: Uruguay me abrazó, y una parte de mi corazón se quedó para siempre en esa tierra que aprendí a amar como propia.

Con el tiempo dejé de sentirme extranjera, aprendí sus costumbres, me adapté a su forma de vivir e incluso terminé hablando con su mismo acento, un acento que aprendí a querer como propio. También encontré personas maravillosas que me abrieron las puertas de sus hogares y de sus corazones.

Con el paso de los años, muchas de esas personas terminaron convirtiéndose en familia.

Me aceptaron por quien era, sin importar de dónde venía ni cuál había sido mi historia. Compartimos alegrías, dificultades, sueños y momentos que todavía guardo con cariño en mi memoria.