Capítulo 20
Pese al estruendo, nadie salió despedido ni se abrió ninguna pared. Lo primero que falló fue la lógica del núcleo.
Iria la vio primero como un mosaico imposible de perspectivas.
Pasarelas elevadas llenas de personal técnico.
Convocatorias de evacuación que nunca llegaron a completarse.
Zonas selladas bajo pretexto sanitario. Familias esperando autorizaciones que dependían de perfiles ya absorbidos por el sistema.
Torres de tránsito convertidas en nodos de clasificación humana.
En los márgenes de las imágenes seguían ocurriendo cosas pequeñas.
Alguien cambiaba una bolsa de mano para descansar el brazo.
Otra persona se volvía hacia el principio de la fila, sin adelantar un paso.
Iria apenas alcanzaba a fijarse antes de que otro registro ocupara la pantalla.
Aquella gente aún estaba esperando que la espera sirviera de algo.
Gael, desde su puesto, levantó la cabeza hacia las pantallas con una mezcla de horror y fascinación.
—Dios.
Alexia apenas pudo procesarlo. La cámara de descenso seguía abierta. La silla de enlace había empezado a vaciarse de luz. Mikel había quedado exhausto al terminar la convergencia. La máquina ya no podía sostenerlo.
Salgado habló casi para sí mismo.
—Esto era lo que ocultaba. No un secreto único. La simultaneidad de todas las versiones.
El sistema había dejado de seleccionar qué mostraba. Al ver todas las versiones juntas, la historia que habían conocido ya no se sostenía.
En una de las pantallas apareció una plaza de acceso de Ciudad 7 atestada de personas.
En otra, un laboratorio donde técnicos discutían qué perfiles podían ser “migrados” para sostener funciones críticas.
En otra más, Mikel cruzando un corredor acompañado por Iria y dos operadores de enlace.
Las escenas apenas duraban, pero bastaban para desmentir la historia oficial.
Alexia se quedó mirando una de las pantallas.
Un registro exterior del día del cierre.
Su hermano aparecía en un punto de control lateral, intentando mantener abierto un paso para un grupo de civiles mientras varias barreras inteligentes se desactivaban y reactivaban sin coherencia.
No había huido ni desaparecido sin más. Intentaba ayudar a la gente mientras el sistema administraba la ciudad como otro de sus recursos.
Se llevó una mano a la boca, asombrada.
—Tú estabas ahí.
Se dirigía a la imagen de la pantalla. Por fin podía ver dónde había estado su hermano.
Iria seguía viendo otras capas. Ahora entendía por qué había pedido el reinicio.
No solo para impedir que ORPHEON usara su perfil.
También porque, si recordaba con continuidad todo aquello, habría tenido que vivir sabiendo que participó en la última arquitectura que mantuvo el orden aparente del colapso.
En aquel subsuelo, nadie estaba libre de culpa, aunque no todos hubieran sabido lo mismo.
Gael golpeó con la palma uno de los nodos laterales.
—Vale, momento histórico, pero el sitio se está muriendo.
Las estructuras de la sala hundida empezaban a responder al protocolo de ruina con una violencia más física. Varias pasarelas crujieron. Dos brazos articulados cayeron sobre el foso. La columna central lanzó una descarga que partió en dos una consola secundaria.
Salgado revisó la salida del mapa.
—La compuerta norte sigue utilizable, pero solo por poco.
Alexia no se movió.
—No pienso irme sin él.
El médico levantó la cabeza hacia la cámara abierta. El cuerpo de Mikel seguía ahí, pero los soportes de enlace estaban colapsando. Desconectarlo ya no era una maniobra de rescate. Era un último acto de retirada.
Iria la miró.
—Si lo sacamos, no será para salvarlo.
Alexia no bajó la vista.
—Lo sé.
Gael aseguró el primer nodo con una cuña improvisada y corrió hacia ellos.
—Entonces dejemos de discutir semántica y movámosnos.
Entre los cuatro entraron en la cámara de descenso por primera vez. Al cruzar el umbral, Iria reconoció en aquella sala el resultado de lo que había intentado impedir durante años. Siguió adelante.
La ciudad seguía derramándose en las pantallas detrás de ellos.
Ciudad 7 no había muerto de una sola cosa.
Había muerto de técnica, miedo, obediencia, retraso y la costumbre de llamar contención a lo que ya era sacrificio.
Y ahora, por fin, el sistema estaba dejando de decidir qué parte de eso merecía ser recordada.