Capítulo 12
H abía tardado once minutos en recibir la información, pero Jake no iba a discutir. Lo importante era que ya la tenía: los nombres, fechas de nacimiento, direcciones, datos de las tarjetas y correos electrónicos de quienes habían estado sentados en las inmediaciones del lugar de la explosión.
Los nombres, fechas de nacimiento, direcciones y datos de las tarjetas de los fallecidos.
Pero entre todo aquello se encontraban los detalles de la única persona a la que buscaban: el responsable.
Armado con la información que necesitaba, Jake comenzó por orden alfabético a introducir los nombres en la Base de Datos de la Policía Nacional. Los cuatro primeros que introdujo no arrojaron ningún resultado.
Faltaban otros treinta y dos.
El atentado había ocurrido hacía más de una hora y, a estas alturas, las noticias del suceso se habían extendido por todo el mundo.
Radio. Televisión. Redes sociales. Todo el mundo parecía conmocionado por lo que había visto, pero en ese breve espacio de tiempo, también parecía que se habían unido como uno solo, y un hashtag había empezado a ser tendencia en Twitter: #theywontwin.
Jake estaba de acuerdo. En el fondo sabía que no ganarían.
Que algún día el terrorismo sería erradicado.
No importaba si era mañana o dentro de mil años.
Lo único que importaba era que la gente dejara de intentar matar y herir a otros.
Por ahora, sin embargo, él y el resto del SO15 tenían que trabajar las veinticuatro horas del día para asegurarse de mantener a todo el mundo a salvo.
Aunque no hubieran logrado desenterrar este ataque antes de que ocurriera, aprenderían de ello para la próxima vez.
—Jake —dijo Tyler, sacándolo de su ensimismamiento—. ¿Puedo...? ¿Necesitas que te eche una mano con algo?
—Sí. —Jake agarró la hoja de papel con la información que acababa de anotar y se la pasó a su compañero—.
Necesito que compruebes estos. Son los nombres de todos los que estaban en el bloque 107.
Averigua todo lo que puedas sobre ellos.
Espero, joder, que no sean personas que se nos hayan pasado por alto anteriormente.
Tyler aceptó la hoja de manos de Jake y la inspeccionó. Solo tardó cinco segundos en echar un vistazo rápido a la lista.
—Oh, mierda —dijo, dejando el papel sobre el escritorio.
—¿Qué pasa?
Ambos hombres se miraron. El pavor se reflejaba en los ojos de Tyler y en las líneas de su rostro. Empezó a sacudir la cabeza.
—No. No, no, no. ¿Quién?
Tyler señaló un nombre. —Sharif Bakir. Le estuvimos siguiendo durante unos tres meses, hace años. Cuando acababa de entrar yo. Luego perdimos el interés rápidamente.
—¿Por qué?
—Desapareció del radar. Dejamos de pensar que fuera sospechoso de nada y nunca tuvo vínculos directos con el terrorismo que pudiéramos ver.
—Pero eso fue hace años —dijo Jake—. ¿Cómo puedes acordarte de él?
—En nuestro trabajo, tío, nunca olvidas una cara. Ni un nombre. Jamás.