Él no puede mentir. Ella cobra por decidir qué verdades se guardan.
Mara Valcárcel restaura muebles en un taller heredado de su abuela, junto con algo más incómodo: un archivo de objetos que conservan lo que sus dueños callaron. Su plan es simple: liquidar los expedientes pendientes, vender el negocio y no custodiar nunca más los secretos de nadie.
Entonces llega Adrián Luján, abogado y último heredero de la familia que levantó —y quemó— la fábrica que dio nombre a la ciudad.
Desde que abrió la medalla conmemorativa de su abuelo, Adrián es incapaz de pronunciar una mentira.
Cada verdad dicha a destiempo le está desmontando la carrera, la familia y la voz.
No busca consuelo: busca a la única profesional capaz de tratar el objeto. Y trae contrato propio.
Lo que empieza como un encargo con cláusulas se convierte en una investigación que ninguno de los dos controla: tres noches en una casa que escucha, una cinta con la confesión privada de un muerto,
pagos que unen a las dos familias desde hace treinta años y un incendio con las salidas cerradas del que nadie respondió jamás.
La maldición no quiere castigo. Quiere algo mucho más caro: que la verdad deje de ser propiedad privada.
Una novela de género fantástico contemporáneo sobre herencias envenenadas, culpas industriales y la diferencia entre decir la verdad y ser honesto.
Con una investigación sobrenatural llevada como un peritaje, un duelo verbal que se convierte en algo más, y una pregunta incómoda en cada capítulo: ¿a quién pertenece lo que sabemos de los demás?
Para lectores de fantasía urbana sobria, casas que recuerdan y romances adultos que se negocian con la misma precisión que un contrato.
- Capítulo 12. La libertad de mentir 27 jul.
- Capítulo 11. Sin heredero #2 27 jul.
- Capítulo 11. Sin heredero 27 jul.
- Capítulo 10. El siguiente nombre #2 27 jul.
- Capítulo 10. El siguiente nombre 27 jul.
- Capítulo 9. La verdad usada #2 27 jul.
- Capítulo 9. La verdad usada 27 jul.
- Capítulo 8. Sin cláusulas 27 jul.






