34. Revocación de mandato #2
—Se separarán. Mara decidirá con nueva defensa cuáles continúan dentro de la representación. Los documentos sobre su propia conducta se preservarán para contradicción común sin revelar consejo ajeno.
Daro pidió una copia simultánea del inventario no privilegiado. Cel la concedió. La intervención de Noa recibiría las piezas relacionadas con Alda y la cadena de la reserva, no las consultas privadas de Mara.
Nara miró a Mara a través de la franja de testimonio.
—El caso necesita una defensa que conozca la transición.
Cel cerró su micrófono.
—Eso era consejo.
Nara inclinó la cabeza. Puso el bastón sobre las rodillas y dejó las manos lejos de los documentos.
La puerta exterior se abrió. Jara Bel entró con una carpeta vacía y una placa de defensora pública de guardia. No saludó a Nara. Verificó primero la revocación, después el límite de privilegio y por último la suspensión de la Orden.
—Puedo asumir durante seis horas mientras decidimos mandato —dijo a Mara—. Presentaré solo actuaciones necesarias para conservar plazos y salud. Para el resto, necesito instrucciones que otra persona pueda verificar.
—Quiero continuar el recurso.
—Eso es un objetivo. ¿Qué no debo hacer para conseguirlo?
Mara miró los tres grupos de documentos. Teren había intentado condicionar su confesión a una abolición total. Nara había condicionado la prueba a conservar su control. Sibila seguía ofreciendo una salida individual.
—No alegarás que Teren es inocente sin prueba nueva admitida —dijo.
Jara escribió la primera instrucción.
—¿Y los hechos aún discutidos?
—Los contradices donde la cadena lo exija. No inventas un accidente para protegerme.
—Siguiente.
—Impugnarás que una pena corporal se ejecute sobre mí por parentesco, beneficio o continuidad si no hay una acción mía.
—Eso se acerca a una cuestión jurídica. La formularé para que Daro pueda oponerse. ¿Continuidad civil?
—No pedirás abolirla en bloque. Cada obligación tendrá que mostrar beneficio, consentimiento, custodia o una transición distinta. La sangre no completa las cuatro.
Jara levantó la vista.
—Todavía no tenemos remedio para todos los contratos.
—Entonces no dirás que lo tenemos.
La tercera instrucción quedó escrita con esa limitación.
—No aceptarás conmutación, acuerdo, renuncia ni uso del nombre Vey sin una instrucción mía por escrito —continuó Mara—. No usarás el cuaderno doméstico como prueba. No ocultarás una pieza favorable porque también nos perjudique.
—Eso último depende de reglas de divulgación, no de gusto. Lo registraré como autorización para servir prueba relevante conforme a custodia.
—Noa sigue siendo independiente. Daro también.
—No podría convertirlos en aliados aunque me lo pidieras.
Jara organizó las frases en un mandato de una página.
Separó objetivos, límites, facultades ordinarias y decisiones reservadas a Mara.
Incluyó una vía para registrar consentimiento si la Orden retrasaba mano, oído o habla: dos canales concordantes, uno elegido en el momento.
No daba a Jara poder para decidir cuál contaba por sí sola.
—Vamos a probarlo ahora —dijo Jara.
Puso ante Mara una ficha con dos opciones inocuas: recibir copias por la mañana o por la tarde. Mara eligió mañana por escrito. Jara le pidió repetir la elección en voz alta y después cambió el orden de las opciones en una segunda ficha. Mara volvió a elegir mañana, esta vez señalando la hora.
—Hoy coinciden mano, voz y objeto —dijo Jara—. Si la Orden retrasa uno, no asumiré que el más rápido es el verdadero. Pediré el segundo canal que puedas usar y registraré la demora.
—No necesito un examen cada vez que te dé una instrucción.
—Tampoco yo. Necesito una regla antes de que falle algo, no después.
Mara aceptó el procedimiento y lo incorporaron como anexo breve. Jara no lo presentó como protección contra todas las fases de la Orden; solo contra una ambigüedad previsible durante la representación.
Mara leyó cada línea. En la cuarta, Jara había escrito mantener consecuencias y reparaciones con base demostrable .
—No prometo mantenerlas todas —dijo Mara.
—La frase dice con base demostrable.
—Quiero que diga revisarlas. Mantener ya decide el resultado.
Jara tachó el verbo y escribió examinar y transitar .
—Mejor —dijo.
Mara firmó. Jara firmó después y entregó una copia a Cel. La relación profesional se abrió por el tubo inferior de una cabina distinta. No heredaba el mandato de Nara; empezaba con aquel papel.
La custodia llevó seis cajas al locutorio. Nara había ordenado que su despacho comenzara el inventario en cuanto recibió D5. Cada caja llevaba dos ranuras: común y privilegiada. En una tercera funda separó objetos cuya procedencia solo ella podía explicar como testigo.
Jara revisó las etiquetas sin abrir. Una caja contenía recreaciones y trazas comunes. Otra, escritos servidos. La tercera guardaba comunicaciones de Mara. La cuarta llevaba la reserva y los contactos antiguos de Nara. En la quinta figuraba PIEZA DE IMPRENTA; AUDIENCIA DE SANCIÓN PENDIENTE .
—No usaré esa pieza para ningún escrito hasta que Cel resuelva procedencia y acceso —dijo Jara.
Mara asintió. Sima había fabricado una página y ella la había notificado. Cambiar de defensora no limpiaba la fibra ni cancelaba la futura audiencia.
—Falta el índice de reuniones con Teren anterior a su ausencia —dijo Nara por el canal común—. Está en mi archivo personal. Lo entregaré antes del límite.
Jara no le preguntó qué contenía.
—Inclúyalo en el inventario y espere citación —dijo Cel.
Nara dejó su copia del mandato provisional sobre la mesa. Sin la relación de defensa, el papel perdió resistencia y se aplanó. La prueba preservada no cambió. Las cajas siguieron cerradas. La Orden continuó bajo la sombra de Mara.
Jara recogió únicamente el expediente de suspensión y el calendario inmediato.
—Tengo dos preguntas antes de salir —dijo—. ¿Quieres que te crea?
Mara observó la carpeta vacía que empezaba a llenarse.
—Quiero que puedas comprobarme.
—¿Y quieres ganar el caso de Teren?
—Quiero ganar el mío aunque él sea culpable.
Jara cerró el mandato.
Nara quedó visible detrás del vidrio central, ya sin un canal privado desde el que completar ninguna respuesta ni decidir sola qué debía preguntarse después.
Por primera vez, la persona sentada en la mesa de defensa no había sido elegida antes de que Mara tuviera nombre para rechazarla.