El Código de la Alhambra (Los Secretos de España 2) CAPÍTULO 23 Intrusión en la fortaleza
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CAPÍTULO 23 Intrusión en la fortaleza

BLOQUE 1

La referencia a Toledo permanecía abierta en la pantalla cuando Adrián decidió que era hora de abandonar las galerías.

Habían obtenido suficiente información para continuar la investigación fuera de Granada.

El siguiente paso ya no dependía de seguir recorriendo conducciones ocultas, sino de reconstruir el trabajo documental que Miguel Salvatierra había dejado incompleto.

Antes de marcharse, Daniel comprobó los sensores instalados en distintos sectores.

Su expresión cambió.

—Tenemos movimiento arriba.

Lucía se detuvo.

—¿Visitantes?

—El recinto está cerrado.

Daniel abrió las cámaras de seguridad autorizadas para aquella zona.

Una figura atravesaba un sendero de servicio.

Segundos después apareció otra en un sector próximo a Comares.

No llevaban uniforme del Patronato.

Tampoco utilizaban las rutas habituales del personal nocturno.

Isabel se acercó inmediatamente.

—¿Cuántos?

Daniel revisó varias cámaras.

—Todavía no lo sé.

No iba a convertir unas pocas imágenes en una operación perfectamente coordinada antes de tener pruebas.

Pero algo resultaba evidente.

Había personas dentro de un sector cerrado al público.

Isabel llamó a seguridad.

La respuesta fue inmediata.

Ninguna intervención nocturna estaba autorizada en aquella zona.

Daniel amplió una de las grabaciones.

Uno de los individuos llevaba una pequeña caja técnica.

En un lateral podía distinguirse una etiqueta.

CU-7.

Lucía observó la imagen.

Era el mismo código encontrado en el dispositivo de las galerías y en la caja utilizada por el falso operario del Patio de los Leones.

—Son los mismos.

Adrián permaneció mirando la pantalla.

Esa conclusión sí podía sostenerse.

No sabían quiénes eran.

Tampoco si pertenecían a una organización formal.

Pero existía una relación material entre las distintas intrusiones.

Daniel cambió de cámara.

Uno de los desconocidos se dirigía hacia el sector de Comares.

Otro permanecía cerca de una entrada de mantenimiento.

No avanzaban todos hacia el mismo punto.

Parecían comprobar accesos.

Isabel habló nuevamente con seguridad.

—Cierren las salidas de servicio y no intervengan solos. Avisen a Policía.

Adrián observó el modelo de las galerías.

—Si conocen el acceso de 1978, pueden intentar entrar por Comares.

Lucía recordó las páginas desaparecidas del manuscrito.

También los cambios de presión que habían detectado durante los días anteriores.

Alguien conocía al menos una parte de aquella infraestructura.

Tal vez no toda.

Pero suficiente para manipularla.

Entonces uno de los sensores dejó de transmitir.

Daniel miró el plano.

—Sector norte.

—¿Fallo? —preguntó Isabel.

—Puede ser.

Segundos después desapareció una segunda señal próxima.

Daniel negó lentamente.

—Ya no parece casual.

Alguien estaba inutilizando parte de los equipos instalados alrededor del acceso.

Adrián guardó las copias de los documentos de Salvatierra.

—Tenemos que proteger el archivo que encontramos.

No porque la Alhambra pudiera defenderlo.

Porque, si aquellas personas habían llegado hasta allí, el único obstáculo real entre ellos y la documentación era ahora humano.

* * *

BLOQUE 2

Apagaron las luces innecesarias del corredor y permanecieron dentro de la dependencia técnica mientras Daniel seguía las cámaras disponibles.

No pretendían enfrentarse con nadie.

La prioridad era mantenerse alejados de los intrusos y transmitir toda la información posible a seguridad.

Dos figuras habían alcanzado el sector de Comares.

Otra permanecía junto a una dependencia de mantenimiento.

La imagen de una cuarta persona apareció brevemente en otra cámara antes de desaparecer fuera del ángulo.

—Al menos cuatro —dijo Daniel.

Adrián observó las rutas.

—No conocen todo el recorrido.

Lucía lo miró.

—¿Por qué?

—Están buscando.

Si hubieran poseído un plano completo, no perderían tiempo comprobando accesos secundarios.

Uno de los hombres de Comares sacó una herramienta y comenzó a revisar las juntas del cerramiento.

Daniel amplió la imagen.

—No están intentando romperlo todavía.

—Buscan el punto de apertura —respondió Lucía.

Eso coincidía con las marcas de herramientas encontradas anteriormente bajo el Generalife.

Los intrusos podían conocer la existencia de algunos cierres sin entender por completo su funcionamiento.

Daniel recibió una alerta de presión.

Lucía se acercó.

—Cambió aguas arriba.

El nivel comenzaba a aumentar lentamente en una de las conducciones.

—Ellos están tocando algo —dijo Daniel.

Lucía no quiso afirmarlo todavía.

—O una modificación que hicieron antes está produciendo efecto ahora.

Consultó los sensores restantes.

El cambio procedía de una derivación situada lejos de Comares.

Alguien podía estar actuando desde otro sector.

Eso explicaba las intrusiones anteriores.

No estaban intentando hacer que el monumento reaccionara mediante vibraciones.

Estaban utilizando compuertas reales.

Adrián recordó el principio que había aparecido repetidamente en los documentos.

Una modificación en un punto podía alterar presiones muy lejos.

—Si aumentan el nivel, pueden volver a cargar el cierre de Comares.

Lucía asintió.

—Y volverlo más difícil de desmontar.

No era una forma de abrirlo.

Era exactamente lo contrario.

Daniel observó a los dos hombres.

Uno sacó un pequeño cilindro.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué es?

Daniel amplió la imagen.

No se parecía a ningún dispositivo encontrado en Burgos.

Parecía una herramienta de inspección.

Lucía lo reconoció.

—Puede ser un transductor ultrasónico.

Utilizado para evaluar espesores o detectar discontinuidades sin abrir una estructura.

Nada extraordinario.

Los intrusos estaban intentando localizar el hueco detrás del muro.

Daniel observó cómo uno de ellos apoyaba el dispositivo sobre distintos puntos.

Después señaló una zona a su compañero.

—Encontraron la cavidad.

Isabel recibió comunicación de seguridad.

La policía ya estaba entrando en el recinto por uno de los accesos principales.

Los desconocidos todavía no parecían saberlo.

Entonces ocurrió algo que complicó la situación.

El nivel en la conducción subterránea aumentó más rápidamente.

Lucía observó la pantalla.

—Hay demasiada agua entrando.

—¿Peligro?

—Todavía no.

Pero si la presión seguía aumentando, podía afectar las zonas que habían dejado parcialmente descargadas durante la exploración.

Lucía abrió el control de las derivaciones que sí conocían.

Podían reducir parte del nivel.

No era una respuesta automática del sistema.

Era una intervención manual.

Daniel la ayudó.

Abrieron una derivación secundaria dentro de los márgenes definidos por los documentos de Salvatierra.

El nivel comenzó a descender.

—Está funcionando —dijo Lucía.

Adrián observó la pantalla.

Por primera vez durante aquella intrusión comprendió una ventaja que sí poseían.

No porque la Alhambra los reconociera.

Porque ellos ya habían aprendido suficiente de su hidráulica como para evitar que alguien utilizara una modificación parcial sin consecuencias.

* * *

BLOQUE 3

Las cámaras mostraron movimiento repentino en el sector de Comares.

Uno de los intrusos había recibido una comunicación.

Daniel no podía escucharla, pero la reacción fue inmediata.

Los dos hombres comenzaron a recoger sus equipos.

—Saben que llegó seguridad —dijo Isabel.

La tercera figura también abandonó la dependencia de mantenimiento.

La cuarta había desaparecido de las cámaras.

Adrián observó el mapa.

—¿Puede tener otra salida?

Isabel negó.

—No desde ese sector.

Pero alguien con conocimiento previo podía utilizar pasillos técnicos poco frecuentados.

Daniel guardó las últimas imágenes.

La prioridad era identificar a los intrusos, no perseguirlos dentro de unas galerías desconocidas.

Segundos después recibieron otra alerta.

Esta vez procedía de la caja metálica encontrada junto a los documentos de Salvatierra.

Daniel se volvió.

—Alguien está intentando acceder a la red local.

Isabel recordó inmediatamente las intrusiones informáticas anteriores.

Daniel desconectó el equipo.

—Ya no.

El intento había durado apenas unos segundos.

Pero demostraba que quienes estaban afuera no solo buscaban un acceso físico.

Querían saber qué habían encontrado.

Lucía observó el nivel de las conducciones.

Volvía lentamente a valores seguros.

—La presión está bajando.

Daniel revisó las derivaciones.

—Nuestra descarga sigue abierta.

No había ninguna reconfiguración automática.

No existía un laberinto capaz de reorganizarse por voluntad propia.

Habían cambiado un flujo concreto mediante una operación humana y eso había sido suficiente para contrarrestar parte de la intervención ajena.

Adrián contempló el modelo.

—Entonces ellos tampoco controlan todo.

Lucía asintió.

Si hubieran dominado completamente la infraestructura, habrían podido prever la descarga que ella acababa de utilizar.

No lo hicieron.

Eso significaba que ambos grupos estaban reconstruyendo el mismo conocimiento desde fragmentos distintos.

Una comunicación llegó desde seguridad.

Habían detenido a una persona cerca de una salida de servicio.

Las demás seguían sin localizar.

Isabel pidió que nadie abandonara las galerías hasta recibir autorización.

Daniel abrió la última imagen obtenida antes de perder una de las cámaras.

El detenido aparecía parcialmente de perfil.

No lo reconocieron.

Pero llevaba una acreditación colgada bajo la chaqueta.

Daniel amplió únicamente lo suficiente para distinguir el logotipo.

Era una empresa de conservación que había trabajado en distintos monumentos españoles durante la década anterior.

Lucía se quedó inmóvil.

—Eso puede explicar cómo consiguen entrar.

Adrián observó el nombre de la empresa.

No era necesario imaginar una sociedad secreta infiltrada durante siglos.

Podían estar utilizando contratos actuales y conocimientos obtenidos durante restauraciones contemporáneas.

Isabel tomó nota.

—Lo investigaremos.

Daniel abrió después el registro del sensor destruido.

La interrupción había ocurrido exactamente cuando una de las figuras atravesó aquella zona.

No podían saber todavía si lo había roto intencionadamente.

Pero la coincidencia era suficiente para entregar los datos a la policía.

Adrián volvió hacia los documentos de Salvatierra.

Encontró la carta que habían leído poco antes.

«Si alguien vuelve a buscar estos archivos, no proteja el secreto ocultándolo. Proteja las pruebas.»

Ahora aquella instrucción adquiría un significado inmediato.

No debían responder a la intrusión enterrando nuevamente lo descubierto.

Tenían que hacer lo contrario.

Copiar los documentos.

Registrar las modificaciones.

Entregar los datos a quienes pudieran investigar legalmente los accesos y las manipulaciones.

Daniel comenzó a preparar copias cifradas.

Isabel ordenó que los originales permanecieran bajo custodia del Patronato.

Lucía guardó las mediciones hidráulicas.

Adrián observó la pantalla donde seguía abierta la referencia a Toledo.

La intrusión no había cambiado el siguiente paso.

Lo había vuelto más urgente.

Alguien llevaba años reuniendo información sobre las mismas conducciones y archivos que Salvatierra había investigado.

Aquellas personas conocían Granada.

Habían encontrado Burgos.

Y podían haber seguido también la referencia de Toledo.

No existía ninguna señal atravesando la península.

Burgos no había respondido desde cientos de kilómetros.

La conexión era mucho más concreta.

Documentos trasladados entre ciudades y personas que, durante décadas, habían seguido sus rastros.

La verdadera red no estaba construida con frecuencias.

Estaba formada por archivos dispersos y decisiones humanas que habían ido dejando huellas.

Y esa noche alguien había entrado en la Alhambra porque quería llegar a esas huellas antes que ellos.