El Código de la Alhambra (Los Secretos de España 2) CAPÍTULO 8 Alguien llegó primero
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CAPÍTULO 8 Alguien llegó primero

BLOQUE 1

Ninguno de los presentes tocó la pieza circular encajada junto al muro.

El pequeño desplazamiento observado durante las variaciones de presión había dejado una junta más visible en uno de los laterales. La corriente de aire detectada detrás confirmaba que existía un espacio al otro lado, pero todavía no sabían cómo funcionaba el cierre ni en qué estado se encontraba.

Lucía tomó fotografías desde diferentes ángulos.

—No vamos a forzarlo.

Adrián estuvo de acuerdo.

Después de todo lo ocurrido durante los últimos días, la prudencia se había convertido en una regla.

No necesitaban abrir una puerta para demostrar que existía.

Necesitaban comprender primero qué estaban tocando.

Mientras Daniel terminaba de registrar las vibraciones y las juntas del muro, Omar comenzó a recorrer lentamente el borde del canal con la linterna.

No buscaba otro mecanismo.

Buscaba algo que no perteneciera al lugar.

Una intervención reciente.

Una herramienta olvidada.

Una marca.

Cualquier elemento capaz de demostrar que otra persona había recorrido aquella galería antes que ellos.

Se detuvo junto a uno de los pilares.

—Vengan.

Todos se acercaron.

A pocos centímetros del agua aparecía una fina capa de barro depositada sobre una zona ligeramente hundida de la cornisa.

Omar señaló una marca.

Una huella parcial.

Solo se distinguía parte de la suela.

Daniel colocó una escala métrica junto a ella y tomó varias fotografías.

—Es grande.

Adrián observó el dibujo.

—¿Podemos estimar la talla?

—Solo de forma aproximada. No tenemos la huella completa.

Lucía iluminó unos metros más adelante.

Apareció otra marca.

Después una tercera.

No todas tenían la misma calidad.

Algunas estaban deformadas por la humedad.

Otras se superponían.

Las huellas continuaban hacia el muro.

Adrián se agachó.

No tocó el barro.

—¿Podemos saber cuándo pasaron?

Daniel negó.

—No con precisión.

Señaló la zona.

—La humedad aquí es constante. Una huella puede conservarse bastante tiempo si nadie vuelve a pisarla.

Lucía observó el borde de una de las marcas.

—Pero tampoco parecen antiguas.

Eso sí podían afirmarlo.

No pertenecían a una época histórica.

El dibujo de la suela correspondía claramente a calzado moderno.

Daniel fotografió una zona mejor conservada.

—Esta parece reciente en términos arqueológicos. Días, semanas o incluso algunos meses. Más precisión sería inventar.

Adrián asintió.

Era suficiente.

Habían encontrado rastros de personas modernas dentro de una galería cuya existencia no figuraba en los planos actuales.

Y las huellas conducían directamente hacia el cierre que acababan de descubrir.

Isabel permaneció inmóvil.

—Entonces alguien encontró este lugar antes.

No era una sospecha.

Ahora tenían una evidencia física.

Adrián recordó el mensaje recibido durante el viaje.

«Llegamos antes que usted.»

Por primera vez, aquellas palabras podían relacionarse con algo tangible.

Alguien había recorrido exactamente aquel sector.

Había llegado hasta el muro.

Y probablemente había intentado averiguar cómo abrirlo.

BLOQUE 2

Daniel comenzó a documentar cada una de las huellas mediante fotografías y un pequeño escáner tridimensional portátil.

La reconstrucción permitió distinguir al menos dos dibujos de suela diferentes.

Uno mostraba un relieve profundo.

El otro tenía un diseño mucho más fino.

—Como mínimo dos tipos de calzado —dijo Daniel.

Adrián observó la imagen.

—¿Eso significa dos personas?

—Probablemente, pero no necesariamente. Una misma persona pudo entrar en momentos distintos con otro calzado.

Lucía sonrió apenas.

—Siempre encontrás una forma de arruinar la certeza.

Daniel levantó la vista.

—Es mi trabajo.

Continuaron inspeccionando la galería.

Omar se detuvo junto a uno de los pilares.

—Aquí también hubo contacto.

Sobre la piedra aparecía una rozadura reciente.

Lucía fotografió la zona antes de tomar una muestra superficial.

Quedaron adheridas pequeñas partículas metálicas.

Daniel las examinó con una lupa.

—Parece metal.

—¿Acero? —preguntó Isabel.

—Necesitaremos analizarlo arriba para asegurarlo.

Adrián observó la posición de la marca.

Estaba cerca del sector donde habían encontrado la pieza circular.

—Pudieron apoyar una herramienta.

—O algún equipo —respondió Lucía.

Todavía no podían saberlo.

Pero la marca reforzaba la misma idea.

Los visitantes anteriores no se habían limitado a recorrer la galería.

Habían trabajado allí.

Un poco más adelante apareció otro indicio.

Entre dos sillares sobresalía un pequeño fragmento oscuro.

Lucía utilizó unas pinzas para retirarlo.

Era una fibra sintética.

Daniel la guardó en una bolsa.

—Material moderno.

—¿Cuerda? —preguntó Adrián.

—Puede ser. O una cinta, un arnés, una funda. El laboratorio tendrá que identificarla.

No necesitaban convertir cada resto en una conclusión inmediata.

Las huellas.

La rozadura.

La fibra.

Todo indicaba presencia moderna.

Y eso ya era suficientemente grave.

Adrián levantó la linterna hacia la bóveda.

Hasta ese momento habían pensado en aquellas galerías como espacios olvidados.

Ahora sabían que alguien las había utilizado recientemente.

No podían afirmar que los intrusos comprendieran todo el sistema hidráulico.

Quizá supieran mucho.

Quizá tuvieran documentos que ellos todavía no habían encontrado.

O quizá simplemente hubieran seguido otra pista.

Pero habían llegado hasta allí antes.

Y habían encontrado el mismo muro.

Lucía volvió a observar las huellas.

—Hay algo que no entiendo.

Adrián la miró.

—¿Qué?

—Si conocían cómo abrirlo, ¿por qué dejaron marcas intentando forzarlo?

Era una buena pregunta.

Daniel respondió:

—Tal vez no sabían cómo funcionaba.

Adrián pensó unos segundos.

—O sabían que existía la entrada, pero todavía les faltaba una parte de la información.

Aquella posibilidad encajaba con las páginas desaparecidas, los accesos manipulados y el interés demostrado por sus avances.

Quienquiera que estuviera detrás de la búsqueda podía conocer la existencia de ciertos lugares sin disponer todavía de las instrucciones necesarias para acceder a ellos.

Eso convertía la investigación en una carrera.

No entre dos grupos que poseían la verdad.

Entre personas que buscaban reconstruirla antes que los demás.

BLOQUE 3

La inspección continuó hasta el extremo de la galería.

Las huellas perdían definición al aproximarse al muro, pero volvían a aparecer en algunos sectores secos.

Daniel revisó el escaneo.

—No vemos ninguna evidencia clara de que hayan abierto el cierre.

Lucía observó la junta.

—Entonces quizá todavía no sepan cómo hacerlo.

Adrián permaneció en silencio.

Eso no significaba que ellos tuvieran ventaja.

Solo significaba que ambos buscaban una respuesta que todavía podía estar en otro lugar.

Mientras realizaban una última inspección del suelo, Omar encontró un pequeño objeto oscuro atrapado entre dos piedras.

No lo tocó.

—Daniel.

El técnico se acercó.

Fotografiaron primero su posición.

Después lo retiraron con pinzas.

Era un disco negro del tamaño aproximado de una moneda.

No presentaba ninguna inscripción visible en la superficie principal.

Daniel lo observó.

—Esto sí es moderno.

Lucía acercó un detector electrónico.

El instrumento respondió.

—Tiene algún componente interno.

Daniel giró la pieza bajo la luz.

En uno de los lados había una pequeña abertura.

Parecía una lente.

O quizá un sensor óptico.

Isabel frunció el ceño.

—¿Una cámara?

—Puede ser —respondió Daniel—. También podría ser un sensor o un pequeño registrador. No lo abramos aquí.

En el borde aparecía una inscripción grabada.

CU-7

Adrián la observó.

—¿Fabricante?

Daniel negó.

—No reconozco el código.

—¿Número de serie?

—Puede ser cualquier cosa.

Lo guardaron dentro de una bolsa de evidencia.

No iban a atribuirlo a una organización concreta hasta analizarlo.

Pero alguien había llevado tecnología moderna hasta aquella galería.

Eso era indiscutible.

Cuando comenzaron a recoger los equipos, Lucía dirigió nuevamente la linterna hacia el cierre.

—Esperen.

Sobre la parte inferior de la pieza circular había aparecido humedad.

No era extraño.

Ya habían detectado filtraciones en aquella zona.

Pero esta vez una pequeña cantidad de agua descendía por dos de las incisiones superficiales.

Daniel se acercó.

—La presión detrás volvió a aumentar.

Lucía observó los sensores.

Era cierto.

La vibración estructural también había crecido ligeramente.

El agua recorría las ranuras por simple gravedad.

Algunas gotas llegaban hasta el centro del disco.

Otras se desviaban hacia los lados.

Adrián miró el diseño.

Las ocho incisiones no producían ninguna figura nueva.

Estaban allí desde el principio.

Pero ahora la humedad permitía distinguirlas mucho mejor.

Omar acercó la fotografía tomada junto a la entrada del Generalife.

—Se parecen.

Lucía comparó ambas.

Había un motivo circular.

Varias líneas convergentes.

Pero no eran idénticos.

—Podrían pertenecer al mismo tipo de señalización.

Adrián negó lentamente.

—O simplemente ser soluciones geométricas parecidas.

No iba a repetir el error de Burgos.

Una semejanza no demostraba conexión.

Y mucho menos demostraba que distintos monumentos hubieran formado parte de una única infraestructura secreta.

Omar siguió observando las incisiones.

—Quizá esto indique el funcionamiento del cierre.

Lucía se acercó.

—¿Cómo?

—El agua entra por unos canales y sale por otros.

Adrián observó la pieza.

Aquella hipótesis tenía sentido.

Las marcas podían ser funcionales.

Pequeños conductos para aliviar presión.

Indicadores de posiciones.

Referencias utilizadas durante mantenimiento.

Incluso una combinación de varias funciones.

Daniel tomó nuevas fotografías.

—Arriba podremos comparar el patrón con otros elementos hidráulicos conocidos.

Lucía señaló una de las incisiones.

—Y con las variaciones de presión.

El misterio no estaba en que el agua hubiera dibujado un símbolo.

El símbolo ya estaba tallado.

El agua solo lo había hecho más visible.

Eso era suficiente para darles una nueva pista.

Adrián miró el cierre.

Después el dispositivo moderno guardado en la bolsa.

Después las huellas.

El pasado y el presente se encontraban en aquella galería por una razón que todavía desconocían.

Había una infraestructura antigua cuyo funcionamiento apenas comenzaban a reconstruir.

Y había personas modernas interesadas en ella.

Personas que habían llegado primero.

Personas que habían llevado herramientas y equipos.

Personas que sabían suficiente para encontrar el lugar, aunque aparentemente todavía no lo bastante para abrirlo.

Lucía se volvió hacia Adrián.

—¿Creés que el dispositivo estaba grabándonos?

—No lo sé.

—¿Y si sigue transmitiendo?

Daniel levantó la bolsa.

—Dentro de un contenedor aislado no transmitirá muy lejos.

Adrián miró hacia la oscuridad de la galería.

—De todos modos, tenemos que asumir que saben que estuvimos aquí.

Isabel respiró profundamente.

—Entonces ¿qué hacemos?

Adrián observó nuevamente el muro.

—Lo mismo que ellos.

Todos esperaron.

—Buscar la información que falta.

Porque el cierre seguía allí.

La conducción continuaba al otro lado.

Y todo indicaba que la persona que consiguiera comprender primero cómo funcionaba encontraría lo que ambos grupos estaban intentando alcanzar.