BLOQUE 3
La relación anexa apareció aquella noche.
No físicamente en Nájera.
Sobrevivía en una fotografía tomada décadas atrás.
El protocolo original se encontraba incompleto, pero durante una antigua campaña de reproducción alguien había fotografiado una hoja que posteriormente quedó separada del conjunto.
Mauro consiguió que enviaran la imagen.
Fray Julián abrió el archivo.
Sebastián se acercó sin sentarse.
La cabecera coincidía con la escritura donde Martín Orduña figuraba como receptor.
Debajo aparecía una lista.
No contenía títulos completos.
Eran descripciones funcionales.
La primera unidad parecía corresponder a un libro litúrgico.
La segunda, a documentación administrativa.
Después figuraba un conjunto de papeles.
Y la siguiente entrada decía:
un volumen en pergamino, asociado a otro que queda en San Millán
Nadie se movió.
Irene volvió a leer.
—“Asociado a otro que queda en San Millán”.
Sebastián sintió cómo las piezas reunidas durante días terminaban de encajar alrededor de aquella línea.
Ya no era una semejanza.
Tampoco una coincidencia cronológica.
El documento distinguía dos unidades.
Una permanecía en San Millán.
La otra estaba incluida en la entrega.
Mauro habló primero.
—Es el mismo.
Sebastián asintió.
—Sí.
Esta vez sin reservas.
La segunda unidad estaba allí.
En la relación anexa a la escritura.
Recibida por Martín Orduña.
En Nájera.
Antes del traslado general.
La nota reutilizada siglos después dentro de la encuadernación había conservado exactamente ese hecho.
Irene siguió la entrada.
—Hay una condición.
Sebastián leyó:
para resguardo hasta nueva disposición
Mauro preguntó:
—¿Temporal?
—Sí.
Fray Julián se sentó.
—Entonces esperaba una instrucción posterior.
Sebastián asintió.
Eso era más preciso que hablar simplemente de una fecha de devolución.
Martín debía conservar el volumen hasta recibir una nueva orden.
—¿Tenemos esa orden? —preguntó Irene.
—Todavía no.
Mauro observó la hoja.
—¿Hay destino posterior?
No.
La escritura ya había sido formalizada en Nájera.
Demostraba que Martín recibió allí el volumen.
No decía qué ocurrió después.
Sebastián siguió leyendo.
Junto a otras unidades aparecían anotaciones marginales posteriores.
Una decía:
restituido
Otra:
entregado a tercero
La entrada correspondiente al segundo volumen no tenía ninguna indicación.
Irene señaló.
—Nada.
Sebastián asintió.
—Nada en esta relación.
—No consta devolución.
—No acá.
—Tampoco nueva entrega.
—No acá.
La procedencia volvía a interrumpirse.
Pero ahora el punto de ruptura estaba mucho más lejos de San Millán.
Habían demostrado la existencia del volumen.
Su separación.
Su salida.
Y su recepción física por Martín Orduña en Nájera.
Mauro preguntó:
—¿Qué más necesitamos para afirmar que salió de San Millán?
Sebastián tardó.
La diferencia seguía importándole.
—Sabemos que salió físicamente.
—Bien.
—No sabemos que en ese momento dejara de pertenecer al fondo.
—¿Eso importa tanto?
—Sí. Porque estamos intentando reconstruir cómo perdió su procedencia, no simplemente demostrar que alguien lo movió.
Irene observó la cláusula.
—Entonces necesitamos la nueva disposición.
—Exactamente.
La instrucción posterior debía explicar si el volumen debía regresar, pasar a otra persona o continuar bajo resguardo durante más tiempo.
Sin ese documento, la cadena volvía a romperse.
Fray Julián señaló una pequeña referencia al pie.
Sebastián se acercó.
Decía:
v. instr. post.
—“Véase instrucción posterior”.
Irene exhaló.
—Existe.
—La referencia existe.
Mauro miró el número que la acompañaba.
—¿Es del protocolo de Nájera?
Sebastián negó.
—No. Parece una referencia interna de San Millán.
Eso significaba que la nueva disposición podía haber sido emitida desde el monasterio.
Fray Julián fue a buscar la serie correspondiente.
Existía.
Pero el número concreto faltaba.
El anterior estaba.
El posterior también.
El que necesitaban no aparecía.
Mauro negó lentamente.
—Otra laguna.
Sebastián siguió buscando referencias secundarias.
Fray Julián encontró una en un índice del siglo XIX.
La instrucción estaba mencionada.
No transcrita.
Solo descrita:
sobre disposición de libros previamente separados
Sebastián se quedó inmóvil.
—Es ésta.
Irene asintió.
—Sí.
Mauro preguntó:
—¿Dónde está la instrucción?
—No localizada.
Podía haberse perdido.
Reclasificado.
Incorporado a otra serie.
O sobrevivir únicamente a través de una copia que todavía no habían identificado.
Pero al menos sabían que había existido.
Sebastián regresó al fragmento que había iniciado toda la investigación:
Retirado antes del traslado.
Ahora podía reconstruir lo que aquella frase estaba distinguiendo.
El segundo volumen había sido apartado de su asiento.
Trasladado individualmente.
Recibido en Nájera por Martín Orduña para su resguardo.
Mientras la otra unidad permanecía en San Millán.
Casi tres años después, cuando se produjo el gran movimiento de libros hacia Yuso, alguien aclaró que aquella pieza no debía buscarse entre los materiales trasladados.
Ya había salido antes.
Irene observó la secuencia.
—Entonces la anotación era exacta.
Sebastián asintió.
—Sí.
No revelaba una conspiración.
Tampoco explicaba todavía toda la ruta.
Solo preservaba una distinción que los inventarios posteriores habían terminado perdiendo.
El volumen no se había extraviado durante el traslado general.
Había salido antes.
Con autorización.
Entregado formalmente.
Y había quedado bajo la responsabilidad de una persona que debía conservarlo hasta recibir una nueva instrucción.
Mauro cerró la carpeta.
—Entonces el siguiente problema es esa instrucción.
Sebastián levantó la vista.
—Exactamente.
—Porque ahí puede estar el momento en que deja de esperarse el regreso.
—Puede.
Irene miró la referencia ausente.
Si el volumen había sido confiado legalmente a Martín y después dejaba de figurar en los inventarios, algo había tenido que ocurrir entre ambos hechos.
Una devolución.
Una nueva entrega.
Una prolongación del resguardo.
O simplemente un cambio administrativo en la forma de registrarlo.
Sebastián observó por última vez la relación anexa.
La prueba que habían buscado durante días estaba finalmente completa hasta Nájera.
El volumen existió.
Fue separado del códice conocido.
Salió físicamente de San Millán.
No formó parte del traslado general.
Y Martín Orduña lo recibió en Nájera mediante una entrega formal que exigía conservarlo hasta nueva disposición.
Todavía no sabían cuánto tiempo permaneció allí.
Ni qué orden recibió después.
Pero ya podían afirmar algo que ninguna de las investigaciones anteriores había conseguido reunir en una única cadena documental.
El manuscrito no se había perdido durante el traslado.
Había sido retirado antes.
Y alguien había dejado constancia de ello para que, cuando los demás libros cambiaran de lugar, nadie confundiera aquella ausencia con una pérdida ocurrida en el camino.