El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 53 — El primer marcado
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Capítulo 53 — El primer marcado

La grieta continuaba expandiéndose de forma irregular, acompañada por una vibración constante que recorría toda la cámara y hacía que el espacio pareciera cada vez menos estable, como si hubiera dejado de responder a las leyes físicas conocidas y comenzara a adaptarse a algo que ninguno de ellos podía comprender.

Esteban seguía sujetando la llave, aunque su atención ya no estaba en la cámara ni en el pedestal, sino en la sensación creciente de que el objeto había dejado de ser externo y comenzaba a formar parte de él, mientras Raquel observaba su rostro con inquietud al percibir un cambio que no tenía que ver con el miedo, sino con un reconocimiento inquietante de algo que estaba ocurriendo dentro de su propio cuerpo.

—Esteban… —dijo Raquel al notar el cambio.

Él tardó en responder, y cuando lo hizo su voz sonó contenida, como si intentara mantener el control de algo que ya no dependía completamente de él.

—No es la llave —dijo finalmente.

El anciano dio un paso hacia él sin apartar la mirada.

—Sí lo es.

Esteban negó lentamente mientras seguía observando su mano, cada vez más consciente de que algo estaba cambiando en ella.

—Está pasando algo distinto.

El hombre vestido de negro observaba la escena sin intervenir, con una calma que contrastaba con la inestabilidad creciente de la cámara, como si no solo hubiera previsto lo que ocurría, sino que lo estuviera esperando desde mucho antes de llegar allí.

La grieta se abrió un poco más y la luz de los círculos comenzó a comportarse de forma irregular, fragmentándose y desviándose como si buscara un punto concreto dentro del espacio, mientras la llave vibró con una intensidad repentina que hizo que Esteban retrocediera de forma instintiva sin llegar a soltarla.

En ese mismo instante apareció una marca en su muñeca, una línea oscura que no estaba allí unos segundos antes y que comenzó a extenderse lentamente como si no estuviera siendo dibujada sobre la piel, sino desde el interior de ella, provocando la inmediata atención de Marcos.

—Tienes algo en la piel —dijo.

Esteban bajó la vista y comprendió que la marca no era superficial, sino que parecía integrarse con su propio cuerpo, como si respondiera a la llave en lugar de estar simplemente sobre él, mientras el anciano palidecía al reconocer lo que estaba ocurriendo y pronunciaba con dificultad que aquello ya había comenzado.

Raquel lo miró con tensión mientras intentaba entender la situación.

—¿Qué ha comenzado?

El hombre vestido de negro respondió sin apartar la vista de Esteban, explicando que aquello era el vínculo, una conexión directa entre la llave y quien la sostenía, no como un objeto, sino como un punto de unión irreversible.

Esteban intentó soltarla, pero el gesto no respondía a su voluntad, como si el contacto hubiera dejado de depender de su decisión, mientras la grieta reaccionaba con un pulso brusco que atravesó toda la cámara y provocó una distorsión en la luz azul de los círculos, como si algo desde el otro lado estuviera interfiriendo en su funcionamiento.

El anciano habló con dificultad, consciente de la gravedad del proceso, y explicó que aquello no debía haber ocurrido tan rápido porque la llave no había sido diseñada para activarse de esa forma sin completar el sistema, pero el hombre vestido de negro lo interrumpió con calma al afirmar que simplemente había encontrado un anclaje, y que eso significaba que ya no era Esteban quien sostenía la llave, sino la llave la que lo había elegido a él.

La cámara volvió a vibrar con mayor intensidad y la grieta se abrió de nuevo, mostrando por un instante una segunda estructura detrás del espacio visible, como si existiera otra capa de realidad intentando abrirse paso, mientras Raquel dio un paso hacia Esteban con la intención de ayudarlo, pero el anciano la detuvo con un gesto al afirmar que ya no era posible separarlos sin consecuencias.

Esteban observó su mano y comprobó que la marca se había estabilizado, mientras la llave dejaba de vibrar como si hubiera alcanzado finalmente su objetivo, y al mismo tiempo en la pared opuesta de la cámara comenzó a formarse una marca idéntica, más grande y definida, como el inicio de una estructura que todavía no había terminado de abrirse.

El hombre vestido de negro observó aquel fenómeno con una serenidad absoluta y afirmó que la segunda llave no estaba lejos, mientras la grieta respondía a sus palabras ampliándose ligeramente, como si la cámara hubiera entendido que lo que estaba ocurriendo no era un final, sino el inicio del verdadero proceso.