Capítulo 29 #3
Las respuestas eran precisas y vacías al mismo tiempo.
Al terminar la conferencia, Sophie y Pawel salieron a la calle.
La lluvia había cesado.
París permanecía cubierto por una luz pálida.
Vehículos oficiales esperaban junto a la acera.
Abogados se alejaban en grupos.
Periodistas enviaban crónicas desde sus teléfonos.
—Ganaron tiempo —dijo Sophie.
—Y redujeron el precio.
—Pagaron bastante.
—Podían perder más.
Ella asintió.
Durante años la empresa había aceptado certificados.
Los bancos habían financiado expansiones.
Los fondos habían comprado bonos.
Los inversores habían recibido beneficios.
Ahora una parte de ese dinero regresaba en forma de multa, acuerdo y compensación.
El sistema absorbía la pérdida.
Continuaba.
—¿Crees que servirá de algo? —preguntó Sophie.
Pawel miró el edificio del tribunal.
—Sí.
Ella esperó.
—Pero no tanto como dirán.
Caminaron hacia un café cercano donde Bob Hayes había reservado una sala para revisar la cobertura.
En el trayecto pasaron frente a una pantalla publicitaria.
Un vehículo eléctrico avanzaba por un paisaje de montañas verdes.
Debajo aparecía una frase.
Movilidad limpia para un futuro responsable.
Sophie se detuvo apenas un segundo.
Después siguió caminando.
En el café, Pawel abrió el portátil.
Los titulares se multiplicaban.
Las acciones de la corporación habían subido.
Los analistas describían el acuerdo como manejable.
Una firma de inversión recomendaba comprar.
Otra hablaba de cierre de incertidumbre.
Un banco destacaba que las reformas reducirían riesgo futuro.
La reacción era inmediata.
La misma empresa que una semana antes parecía amenazada recuperaba parte de su valor porque el costo del escándalo ya tenía cifra.
Sophie leyó uno de los informes.
—Aquí está.
—¿Qué?
—“El impacto reputacional parece contenido”.
Pawel observó la pantalla.
Contenido.
Como una fuga.
Como un incendio.
Como una sustancia peligrosa dentro de un depósito.
—¿Y Myanmar?
—No aparece.
El documento tenía catorce páginas.
Incluía proyecciones de ventas.
Márgenes operativos.
Costo de capital.
Riesgo regulatorio.
Posibles escenarios de crecimiento.
Myanmar ocupaba una nota al pie.
Tres palabras.
Exposición a proveedores asiáticos.
Pawel comenzó a redactar.
No una celebración.
Tampoco una condena.
Una reconstrucción.
Qué había aceptado la empresa.
Qué había evitado reconocer.
Cuánto dinero pagaría.
Cuánto dinero había ganado.
Qué partes del acuerdo podían ejecutarse.
Cuáles dependían de mecanismos todavía inexistentes.
Sophie revisaba las cláusulas.
—Aquí —dijo—. El comité de proveedores puede incluir consultoras elegidas por la propia empresa.
Pawel lo anotó.
—Y esto —añadió ella—. Las auditorías extraordinarias no tienen obligación de publicar todos los hallazgos.
Otra nota.
—El fondo de reparación puede tardar dieciocho meses en comenzar a distribuir recursos.
Otra.
—Las reclamaciones necesitan respaldo documental.
Pawel levantó la vista.
—La mayoría de los trabajadores no tiene respaldo documental.
—Exactamente.
Siguieron leyendo.
Cuanto más avanzaban, más claro resultaba el diseño.
El acuerdo era real.
El dinero era real.
Las reformas también podían serlo.
Pero cada medida tenía límites.
Plazos.
Condiciones.
Definiciones.
Excepciones.
El sistema aceptaba responsabilidad económica en dosis controladas.
Lo suficiente para recuperar confianza.
No lo suficiente para alterar por completo la estructura que había producido el daño.
Cerca de las siete de la tarde, Sophie recibió un mensaje.
No tenía remitente reconocido.
Solo un enlace cifrado.
Lo abrió en el portátil secundario.
Apareció una carpeta de imágenes.
Fecha reciente.
Coordenadas.
Kachín.
Pawel dejó de escribir.
Sophie abrió la primera fotografía.
Era una imagen satelital.
Las colinas de Pangwa aparecían bajo una capa de nubes dispersas.
Zonas rojizas.
Caminos nuevos.
Claros en la vegetación.
Amplió la imagen.
Los límites de una excavación eran visibles.
Junto a ella aparecía un piletón de color oscuro.
Abrió la segunda.
La fecha era posterior a las audiencias de Bruselas.
El piletón había aumentado de tamaño.
La tercera mostraba una nueva zona perforada en otra ladera.
La cuarta revelaba camiones en un camino de arcilla.
La quinta comparaba imágenes de meses distintos.
Más caminos.
Más cortes.
Más depósitos.
Sophie permaneció inmóvil.
—Son de esta semana.
Pawel revisó los metadatos.
Parecían consistentes.
Abrió otra imagen.
Una línea de tuberías cruzaba una zona recién despejada.
No había señales de suspensión, ni reducción visible, ni abandono.
Las operaciones continuaban.
En París, la empresa acababa de anunciar reformas históricas.
En Kachín, las colinas seguían abiertas; los piletones, creciendo; la maquinaria, moviéndose.
Pawel observó la pantalla durante varios segundos.
Después cerró el documento del acuerdo y abrió una carpeta nueva.
La llamó Kachín_actualización.
Guardó las imágenes una por una.
Afuera, los titulares celebraban compensaciones, transparencia y cambio.
En la pantalla, una nueva perforación descendía sobre la ladera.