Capítulo 14 #3
La precariedad del sistema no implicaba desorden.
Funcionaba.
Pawel observó a un camionero entregar un fajo de billetes junto con la documentación.
El administrativo contó el dinero.
Separó una parte.
Anotó una cifra en el margen.
Guardó el resto en un sobre marcado con una inicial.
Nadie ocultó la operación.
Un segundo conductor hizo lo mismo.
Después un tercero.
Los pagos informales tenían su propia contabilidad.
No figuraban como sobornos.
Aparecían como costos de paso, combustible, seguridad o administración.
El nombre cambiaba.
La función permanecía.
Pawel formuló preguntas sobre frecuencia de salida y capacidad diaria.
El oficial respondió con cifras generales.
—Depende de lluvia.
—¿Y de seguridad?
—Seguridad siempre.
—¿Convoyes detenidos?
—Solo por caminos.
—¿Robos?
El oficial miró a los guardias armados en la puerta.
—No aquí.
La respuesta explicaba la relación completa.
La minería financiaba aquella presencia.
Aquella presencia garantizaba el movimiento de la minería.
El sistema se alimentaba a sí mismo.
Mientras hablaban, un administrativo abrió otro cuaderno.
Pawel alcanzó a ver varias páginas llenas de cifras.
Combustible.
Pagos a conductores.
Compra de neumáticos.
Raciones.
Transferencias a puestos.
Luego aparecieron abreviaturas que no reconoció.
El oficial se interpuso ligeramente entre Pawel y la mesa.
No como una amenaza.
Como un recordatorio.
—Vamos al depósito de carga.
Pawel obedeció.
El depósito se encontraba detrás de una cerca de madera y alambre. Dentro había sacos grandes apoyados sobre plataformas. Algunos estaban cubiertos con lonas. Otros llevaban etiquetas en chino.
Concentrado mineral.
Peso neto.
Número de lote.
Fecha.
Un trabajador introducía una sonda en varios sacos y depositaba pequeñas muestras en recipientes plásticos.
Pawel preguntó por humedad, pureza y uniformidad.
El supervisor del depósito respondió con términos breves.
La composición variaba.
Los lotes se mezclaban.
Los compradores podían solicitar separación, pero costaba más.
—¿Certificados? —preguntó Pawel.
El hombre señaló una oficina pequeña.
—Después.
—¿Laboratorio?
—China.
—¿Aquí no analizan?
—Aquí producimos.
La cadena documental comenzaba después de la extracción.
El origen físico quedaba reducido a un lote.
Luego vendrían el laboratorio, el certificado, el intermediario y la empresa exportadora.
Cada etapa agregaría una nueva capa de legitimidad.
Pawel observó cómo cargaban varios sacos en un camión.
El conductor firmó una hoja.
Un guardia verificó la matrícula.
Un administrativo estampó un sello.
La operación parecía comercial.
El fusil apoyado contra la mesa recordaba quién garantizaba su cumplimiento.
Al final de la visita regresaron al edificio principal.
El administrativo de la camisa blanca preparó una propuesta preliminar. Escribió cifras en una hoja, tachó dos y añadió otra comisión al margen.
—Permiso de observación termina mañana —dijo.
—Necesito dos días más.
—Depende de decisión.
—¿De quién?
El hombre levantó la vista.
Pawel comprendió que había formulado una pregunta innecesaria.
—Del negocio —corrigió.
El administrativo sonrió.
—Mejor.
El intermediario discutió con él sobre alojamiento, transporte y acceso a otro depósito. Mientras hablaban, un soldado entró con varias carpetas.
Las dejó sobre una mesa lateral.
Uno de los cuadernos quedó abierto.
Era el del tigre negro.
Pawel se encontraba a menos de dos metros.
El administrativo se volvió para responder una llamada.
El oficial que los había acompañado salió al pasillo.
Durante unos segundos nadie miró la mesa.
Pawel no se movió.
Desplazó únicamente los ojos.
La página contenía anotaciones recientes.
Combustible para convoy.
Pago a conductores.
Reparación de vehículo.
Suministros de puesto.
Transferencia a responsable de campamento.
Las cifras estaban escritas en yuanes y dólares.
Algunas eran elevadas.
En la mitad inferior aparecía otra sección.
Las abreviaturas cambiaban.
Mun.
RFL.
Caja 7,62.
Veh. táct.
Puesto N.
Compra urgente.
Cada línea terminaba con una cantidad y una inicial.
Una cifra superaba ampliamente el costo de cualquier reparación o suministro ordinario.
Otra estaba acompañada por una referencia a doscientos cajones.
Pawel memorizó el orden.
Fecha.
Inicial.
Cantidad.
Abreviatura.
Cifra.
Repitió mentalmente los elementos.
El administrativo terminó la llamada y volvió hacia la mesa.
Pawel desvió la vista hacia la propuesta comercial.
No había tomado una fotografía.
No había copiado una línea.
Pero la conexión estaba allí.
En el mismo cuaderno.
En páginas contiguas.
Combustible para transportar concentrado.
Pagos por acceso.
Comisiones.
Municiones.
Vehículos.
Armas.
La guerra y el negocio compartían la misma contabilidad.
El intermediario terminó de negociar.
—Nos vamos.
Pawel guardó los documentos en la mochila.
Antes de abandonar la oficina miró una vez más el cuaderno del tigre.
El soldado ya lo había cerrado.
La tapa negra ocultaba las cifras.
No importaba.
Pawel había memorizado lo suficiente para saber que acababa de encontrar la conexión que llevaba semanas buscando.