El barro de las tierras raras Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

Chen señaló una fotografía.

—Cuando llega a determinadas instalaciones industriales, la historia visible cambia.

—¿Qué significa eso?

—Que los documentos comienzan a contar una versión distinta.

La frase resultó inquietante por su sencillez.

Pawel continuó observando.

Los trabajadores parecían agotados.

Algunos eran muy jóvenes.

Otros mostraban rostros envejecidos antes de tiempo.

La ropa estaba manchada.

Las manos cubiertas de barro.

El terreno aparecía erosionado.

En varias imágenes podían verse canales por donde circulaban líquidos oscuros.

—¿Son recientes?

—Algunas.

—¿Quién las tomó?

Chen negó con la cabeza.

—No pregunte eso.

Guardó silencio.

El químico encendió otro cigarrillo.

Era el cuarto desde que comenzó la reunión.

Tal vez el quinto.

—Usted todavía piensa en empresas.

—Estoy investigando empresas.

—Lo sé.

Chen expulsó humo lentamente.

—Pero el problema es más grande.

Mucho más grande.

El periodista no respondió.

Quería escuchar.

—Cuando hablamos de ciertas tierras raras pesadas, ya no hablamos únicamente de negocios.

Hablamos de recursos estratégicos.

Capacidad industrial.

Tecnología.

Producción energética.

Capacidad militar.

Competencia internacional.

Cada palabra parecía ampliar el alcance de la investigación.

Pawel recordó los documentos obtenidos en Róterdam.

Horas enteras revisando registros aduaneros.

Manifiestos de carga.

Facturas.

Certificados.

Hasta ese momento todo había parecido una investigación comercial compleja.

Ahora comenzaba a adquirir otra dimensión.

—¿Quién más sabe esto? —preguntó.

Chen soltó una breve carcajada.

No había humor en ella.

—Más personas de las que imagina.

—¿Y nadie actúa?

—Algunos prefieren no mirar.

La respuesta llegó sin dramatismo.

Como una observación cotidiana.

El químico señaló nuevamente los registros.

—Piense en la cantidad de personas que participan en una cadena así.

Minería.

Transporte.

Refinación.

Laboratorios.

Exportadores.

Importadores.

Auditores.

Intermediarios.

Funcionarios.

Empresas.

Miles de personas.

—Y aun así el sistema funciona.

—Precisamente por eso funciona.

La frase quedó suspendida en la habitación.

Chen permaneció observando las fotografías.

Durante unos segundos pareció perderse en sus propios pensamientos.

Cuando volvió a hablar, su voz sonó más baja.

—Durante años pensé que alguien más haría preguntas.

—¿Y no ocurrió?

—No suficientes.

El ventilador continuaba girando.

El humo formaba una capa tenue bajo el techo.

Desde arriba llegaban sonidos dispersos del mercado.

Pasos.

Persianas.

Conversaciones.

Vida cotidiana.

Nadie allí parecía imaginar la conversación que se desarrollaba bajo sus pies.

Pawel tomó notas.

Muchas notas.

Más de las que había tomado durante toda la tarde.

Chen observó el cuaderno.

—Si sigue investigando, llegará a lugares incómodos.

—Ya estoy en uno.

—Todavía no.

La respuesta fue inmediata.

—Kunming es el comienzo.

Aquellas palabras quedaron grabadas en la mente del periodista.

El comienzo.

No el final.

No la explicación.

El comienzo.

Miró nuevamente las fotografías.

Después los registros.

Después los análisis químicos.

Por primera vez podía imaginar una forma distinta de verificar la historia.

No únicamente mediante documentos comerciales.

No únicamente mediante declaraciones corporativas.

También mediante evidencia física.

Mediante la propia composición del material.

La memoria química del mineral.

Chen pareció percibir el cambio.

—Ahora entiende.

Pawel asintió lentamente.

—Los documentos pueden ser auténticos.

—Sí.

—Los contratos pueden ser reales.

—Sí.

—Los certificados pueden existir.

—Sí.

Chen apoyó una mano sobre los informes.

—Y aun así describir una historia incompleta.

El periodista guardó silencio.

La frase resumía perfectamente todo lo que había aprendido aquella noche.

Durante años había seguido documentos.

Ahora comenzaba a comprender que los documentos podían representar únicamente una parte del recorrido.

No necesariamente el origen.

No necesariamente la verdad completa.

Entonces ocurrió.

La iluminación parpadeó una vez.

Dos veces.

Chen dejó de hablar inmediatamente.

Su cabeza se giró hacia la puerta.

Pawel lo observó.

La reacción fue demasiado rápida.

Demasiado automática.

Como si hubiera vivido aquella situación antes.

La luz volvió a parpadear.

El ventilador emitió un ruido extraño.

Después todo quedó en silencio.

La electricidad desapareció.

La oscuridad llenó la habitación.

Desde la planta superior llegaron exclamaciones.

Sonidos de persianas.

Pasos acelerados.

Voces.

El mercado entero parecía reaccionar al corte.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Pawel permaneció inmóvil.

Esperando.

La oscuridad comenzó a romperse lentamente gracias a algunas luces de emergencia procedentes de otros edificios.

Entonces observó a Chen.

El químico seguía sentado.

Completamente quieto.

No parecía sorprendido.

No parecía confundido.

Parecía confirmar una sospecha.

Escuchó atentamente durante varios segundos.

Después giró la cabeza hacia la puerta.

Y finalmente miró a Pawel.

—Han llegado antes de lo que esperaba.