Capítulo 45
Nada más cruzar la entrada del departamento de vestuario del teatro municipal, Emma y Alex oyeron a Carlos Romero y Frank Peterhanwa discutiendo a gritos.
No lograban distinguir nada salvo algunas palabras sueltas, y no eran más que improperios, por lo que no obtuvieron ninguna información relevante.
—¿Crees que saben que hemos visto las grabaciones de Julia? —preguntó Alex mientras seguían avanzando hacia los almacenes.
—No creo que ella se lo haya dicho —reflexionó Emma, apretando el paso. Se detuvieron ante las puertas dobles de hierro cerradas y escucharon. Desde allí, la discusión se oía con más claridad.
—… nos arruinará, ¿es que no te importa nada? —gritaba Carlos Romero.
—Claro que me importa, joder —le espetó Frank Peterhanwa—. Como sea, tenemos que hacernos con los móviles de esas zorras. Si no, estamos acabados.
—Por tres de ellas ya no tenemos que preocuparnos.
—No quiero oír hablar de eso.
—Es lo que hay.
—¿Has tenido tú algo que ver con…? Da igual, olvídalo. Ni siquiera quiero saberlo. Solo asegúrate de que Julia no pierda el control sobre esas perras.
—No te preocupes por ella —dijo Carlos Romero—. Hará lo que yo le diga.
—¡Pues asegúrate de que las otras también lo hagan, de una puta vez!
La puerta se abrió de par en par desde el interior, y los investigadores se encontraron con el rostro sobresaltado de Frank Peterhanwa.
—Gracias, ya habríamos encontrado el camino nosotros solos —dijo Emma con una sonrisa forzada.
—No pueden dedicarse a espiar conversaciones privadas —Carlos Romero arremetió hacia ellos.
—Tiene toda la razón. Precisamente por eso estamos aquí con esto —Alex alzó las dos órdenes de arresto que habían obtenido.