El aroma de la memoria Capítulo 23 #3
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Capítulo 23 #3

—Papá, nunca nos detuvimos a hablar de todo... perdóname por no haber sido yo quien te contara sobre Liv.

El hombre sonrió.

—Creo que lo supe antes que todos.

—¿Qué quieres decir?

—Las vi en la piscina, hija.

—Tú... —Emily recordó la noche en que su padre la había visto besando a Wess en la piscina de casa de sus padres—, pero me dijiste que me viste con alguien, no que viste quién era.

—No quería ser entrometido, y como estaba lejos, no estaba seguro de quién era hasta que vi a Olivia en los Hamptons. Ese día lo supe.

—Papá... ¿por qué no me cuestionaste?

—Porque sabía que cuando estuvieras lista, me lo dirías tú misma.

Una sonrisa floreció en los labios de Emy, y un tierno abrazo dijo más que las palabras.

—Realmente saliste a la abuela. Ella reaccionó igual que tú.

—Me enteré de eso —dijo, besando la mano de su hija.

Reed pensó por un momento y se volvió hacia Henry.

—Papá, ¿ella está en la ciudad? —preguntó, refiriéndose a su madre.

—Sí. En el hotel. El de siempre.

—Oh... —Al ver que su hermano y su cuñada se acercaban, disimuló su reacción, y los tres comenzaron a comentar más fotografías.

Olivia estaba hablando con Meg cuando su novia la rodeó con los brazos.

—Voy a robarme a Liv un minuto —se apartaron, y Wess notó cierta ansiedad en ella.

—¿Está todo bien?

—Mi amor... necesito hacer algo.

—Dime.

—Mi madre...

Liv tomó sus manos.

—Haz lo que creas que debes hacer. Tienes mi apoyo —y besó sus labios suavemente.

Eso bastó para que Emily saliera rumbo al otro lado de Los Ángeles.

Para Olivia, todo lo que su suegra había hecho aún dolía. Probablemente pasaría mucho tiempo antes de que todo sanara, pero era tan feliz que podía dejarlo en el pasado.

Minutos después, Emy esperaba en el vestíbulo del hotel, tras pedirle a su madre que bajara.

Madelyn apareció enseguida, temerosa, y se acercó a su hija con calma hasta quedar frente a ella.

—Hola, cariño...

Emy respiró hondo y fue directa al grano.

—Mira, de verdad no entiendo lo que hiciste... pero el hecho de que hayas tenido el valor de admitir tu error me hace pensar que te arrepientes.

—No tienes idea de cuánto...

—Hoy comienzo una nueva etapa en mi vida, y me gustaría que formaras parte de ella, si quieres, por supuesto.

—Es lo que más deseo —la mujer respiró hondo—. Hija mía, sé cuánto te lastimé, y no solo ahora... solo quiero una oportunidad para arreglar todo.

—Un paso a la vez... de verdad necesito ir despacio.

—Sí... un paso a la vez... —repitió Madelyn.

—¿Vamos?

—Por supuesto.

Caminaron hacia el coche y se dirigieron a la nueva casa de Emily. Sabían que aún quedaba un largo camino por recorrer antes de poder ser verdaderamente madre e hija de nuevo, pero era un comienzo.

En cuanto llegaron, todos las notaron.

—Bienvenida a nuestra casa, Sra. Reed —la saludó Wess.

—Muchas gracias, Olivia.

—Bueno, no creo que conozcas a mi madre... —La llevó con suavidad hasta donde estaba.

Emm se volvió y articuló un «Gracias» sin voz, agradecida por la cálida bienvenida de Olivia a pesar de todo lo que había pasado.

Abigail no fue menos amable. En cuestión de segundos, ya charlaba animadamente con Madelyn, y Henry no tardó en acercarse también.

Eve y sobre todo Tommy se alegraron de ver a Madelyn allí. Él también estaba intentando perdonar lo que había hecho su madre.

Desde el jardín de su casa, Emy contemplaba cómo todos interactuaban.

Olivia no tardó en reunirse con ella y la rodeó con los brazos desde atrás.

—¿Eres feliz? —susurró Olivia.

—No sabría ni por dónde empezar a decirte cuánto.

—Quién nos iba a decir que acabaríamos aquí, con nuestras familias.

—Quién iba a imaginar que una apuesta nos traería hasta aquí, ¿verdad?

—Nunca vas a olvidar esa apuesta.

—Nunca.

—¿Y vas a hacérmela pagar el resto de mi vida?

—Por supuesto.

—Bien. —Se rio y le besó el cuello a Emy.

—Liv, mi padre nos vio en la piscina.

—¿En la piscina?

—Besándonos.

—¿En serio?

—Ajá.

—Joder, Emm.

—Reina de las Palabrotas.

—Es inevitable.

—Totalmente... como nosotras. —Emily la besó y volvieron a mirar hacia el salón.

—¿Dónde están Mia y Vic?

Wess soltó una carcajada al imaginarse dónde podrían estar.

—Dos opciones: peleándose o besándose —dijo Liv.

—Las dos cosas a la vez y bien mezcladas —dijo Reed, divertida.

—Mmm... Conozco esta canción que acaba de empezar —comentó Emy al oír la música que sonaba en el salón.

—Del Carmen...

—Ajá.

—Te quiero, Emily Reed... —susurró.

—¿Sí? —Se giró y le rodeó el cuello con los brazos.

—Sí —respondió con seriedad, sin apartar la mirada.

—Vale. Solo quería saberlo... —Se alejó en dirección a la pequeña fiesta.

—¿Esa es manera de responder a una declaración de amor?

—¿Quieres apostar a que sí?

—Hija de puta —susurró Liv para sus adentros.

—¡Te he oído! —gritó. Se detuvo y se volvió hacia ella—. ¿Vienes?

—Ya voy.

Emy le lanzó un beso justo cuando alguien la llamó desde el salón.

Olivia adoraba esa manera tan única que tenía Reed de hacer que cada momento fuera especial.

Del bolsillo de la chaqueta, Olivia sacó una cajita. La abrió, sonrió al contemplar el precioso anillo de diamantes y volvió a guardarla enseguida.

—Venga... nada de temblar, Olivia Wess —se dijo.

Respiró hondo una vez más y caminó hacia el salón.

Entre aromas y fragancias, la memoria del corazón se desbordaba de amor.

Y lo mejor de todo era que apenas acababan de empezar.

Fin.