El aroma de la memoria Capítulo 15
66%

Capítulo 15

—Alma, ¿has visto qué hora es? Ayer no estuviste, pero yo... —Wess hablaba con su agente por teléfono, aún somnolienta, cuando la interrumpieron.

—Olivia, el abogado de Jane acaba de salir de aquí.

—¿Abogado? ¿Jane? —preguntó, intentando comprender.

—Están amenazando con demandarte.

—¿Qué? —Se incorporó en la cama.

—No te presentaste a los ensayos ni a nada, Liv. ¿De verdad dijiste que no vas a participar?

—Sí. Iba a hablar contigo de eso.

—Eso es incumplimiento de contrato. ¿Tienes idea de cuánto es la penalización?

—La tengo. Por supuesto que la tengo.

—No lo entiendo. Se suponía que ibas a abrir y cerrar el desfile. ¿Qué me perdí en esta historia?

—Mucho. Voy a darme una ducha y hablamos en persona.

—Más te vale tener una explicación plausible para este absurdo. Te estaré esperando aquí en la agencia.

—De acuerdo. Estaré ahí en una hora.

Terminaron la llamada y Olivia se quedó atónita por lo que Jane había amenazado con hacer. ¿Después de todo lo que estaba segura de que había sucedido, esa mujer aún quería demandarla?

Llamó a Vic desde la ducha y le contó lo que Alma había dicho.

—Tienes que estar bromeando —dijo Victoria, indignada.

—No. No lo estoy —respondió desde debajo de la ducha—. Voy a matar a esa mujer.

—Echaremos a suertes, porque yo también quiero matarla.

—Es una hija de puta de primera, Victoria.

—¿Qué vas a hacer?

Cerró la ducha, tomó la toalla y se secó la cara antes de responder.

—Absolutamente nada.

—¿Nada?

—Pagar la penalización. —Se puso el albornoz y entró en el vestidor.

—¿Estás loca? La cantidad debe de ser de millones. —Vic siguió a su amiga mientras Olivia buscaba algo que ponerse y enseguida eligió unos vaqueros.

—Sé la cantidad, y voy a pagarla.

—Liv, ¿no sería mejor que hicieras ese maldito desfile y luego te despidieras de Jane?

—Mi contrato con ella no termina con ese desfile, y no soporto la idea de representarla después de lo que pasó. Puede que no tenga pruebas, pero sé lo que hizo.

—Precisamente por eso me enfurece que tengas que pagar una pequeña fortuna a esa zorra.

—Me libro de ella, Vic. Si ese es el precio... que así sea.

Una vez vestida, se dirigió a la agencia de Alma.

En la casa de los Reed...

Emily recibió una visita temprano esa mañana.

—Emy, bien, ya estás despierta.

—¿Te caíste de la cama, Mia? Pensé que hoy no te levantarías hasta la hora de cenar.

—No podía aguantar más. Tenía que hablar contigo, ya que no contestas el teléfono.

—Si es por lo de ayer, olvídalo. Todo está bien. Ah, tengo algo que contarte también... —Estaba a punto de hablar de la conversación que había tenido con su abuela.

—Jane va a demandar a Olivia —dijo Mia, interrumpiendo a Emily y captando toda su atención.

—¿Qué? —Se quedó paralizada.

—Me oíste.

—¿Por qué?

—Porque Olivia se niega a desfilar para ella la semana que viene y, por lo que parece, por el resto de su vida.

—Se acuesta con esa mujer y ahora quiere hacerse la víctima. Ahórramelo. —Buscó su teléfono.

—Está bien, veo que no debería haber dicho nada.

—Perdona, amiga. Cuando recuerdo... argh. —Se detuvo, pensativa—. ¿Por qué Olivia no quiere hacer el desfile?

—En mi opinión, porque algo muy extraño pasó esa noche, y Liv puede estar diciendo la verdad.

Emily se volvió y la miró.

—Quiero tanto creer eso...

—No vine aquí a convencerte de nada, pero cuando Vic me llamó y me lo contó, pensé que debía decírtelo.

—¿Sabes qué? Hiciste bien. —Agarró su abrigo y las llaves—. Ponte cómoda. La casa es tuya, pero necesito salir.

—¿Adónde vas, lunática?

—A ocuparme de unas cosas... —gritó mientras salía por la puerta del balcón.

En la agencia, Olivia le contó a Alma todo lo que había sucedido, y la agente se quedó atónita.

Llamaron al abogado de la agencia para entender mejor los fundamentos para rescindir ese contrato.

Olivia pasó toda la mañana ocupada con ese asunto, además de con Los Ángeles, adonde tendría que ir para unas pruebas.

Un rato después, regresó a casa. Al abrir la puerta, caminó lentamente al oír voces en el salón.

—Hija, bien, estás en casa...

—Hola, Olivia —dijo Emy. Había estado charlando animadamente con su madre.

—Hola.

Se miraron en silencio durante unos segundos.

—Qué maleducada soy, ni siquiera te he ofrecido café, Emily —dijo Abigail, levantándose de inmediato.

—No te molestes.

—Tonterías. Vuelvo enseguida —dijo, y se encaminó hacia la cocina, observada por ambas mujeres.

Olivia bajó la mirada con una sonrisa en la comisura de los labios.

—Quería dejarnos a solas, ¿verdad? —cayó en la cuenta Emm.

—Sí —respondió, aún riéndose de su madre, que prácticamente había huido de la sala.

Finalmente, se sentó y la miró.

Emy se puso seria, sintiendo que las manos se le enfriaban.

—Liv, no voy a andarme con rodeos, ¿de acuerdo?

Olivia se limitó a escuchar.

—Me enteré de que esa diseñadora amenazó con demandarte.

—Las noticias vuelan.

—Vic y Mia.

—Ajá.

—¿Qué puedo hacer para ayudarte?

—¿Tú? Nada.

—Algo tiene que haber. De hecho, quiero pagar la penalización.

—¿Por qué harías eso?

—Porque me siento responsable de tu decisión.

—Lo has dicho bien. Mi decisión. Puedo hacerme cargo de mis compromisos.

—Olivia, incumplir ese contrato podría perjudicar tu trabajo.

—Lo sé.

—Y económicamente.

—También lo sé... Emily, lo que quería de ti era que me creyeras. Nada más.

Emily no supo qué decir.

—No puedes... —dijo Liv con tristeza en la voz.

Reed se acercó, se sentó a su lado y le tomó la mano.

—Olvidémoslo. Te quiero tanto que soy capaz de olvidarlo todo.

—¿Olvidar?

—Sí. Lo dejaremos atrás.

—¿Olvidar qué, Emily? ¿Lo que no hice?

—Ya no me importa, Liv. Ve. Haz el desfile. Sé que me quieres, y con eso me basta.

—A mí no me basta. Maldita sea, no lo entiendes —Olivia alzó la voz.

—Romper este contrato no es para convencerte de que vuelvas conmigo, Emily. Lo hago por mí, porque aunque no recuerde nada de esa noche, estoy segura de que jamás te traicionaría. Lástima que tú no lo sepas...

Reed guardó silencio.

—Eres capaz de olvidar, pero incapaz de creerme.

—Liv, es complicado...

Wess la hizo callar al ponerse de pie frente a ella y mirarla con indignación.

—Esa mujer me drogó, me tendió una trampa, y tú prefieres olvidar porque es más fácil que confiar en mí.

Caminó hasta la puerta del apartamento y la abrió.

—No necesito, ni quiero en mi vida, a alguien que pueda mirarme a los ojos y aun así no creer lo que digo. Así que, por favor... —indicó la salida.

Emily se levantó y caminó hasta quedar frente a Olivia.

—¿Me estás echando de tu casa?

—No solo de mi casa... —dijo con una firmeza que estremeció a Emily.

Emily dio unos pasos fuera del apartamento y oyó la puerta cerrarse de golpe a su espalda.

—Idiota —se dijo—. Eres una idiota, Emily Reed —lo repitió mientras iba hacia el ascensor.

Había sentido lo que su desconfianza le había hecho a Liv.

Salió por el vestíbulo del edificio, aún aturdida y confundida. El corazón le decía una cosa y la razón otra, por culpa de lo que había visto aquella maldita noche.

Ya estaba en la puerta cuando oyó una conversación entre el portero y otra persona. El tema captó su atención, así que volvió sobre sus pasos y habló con el hombre.

Luego se marchó con varias decisiones ya tomadas.

En el apartamento, Olivia le pidió a Mercedes que le preparara la maleta.

—¿Cuándo te vas, hija? —preguntó Abigail mientras ayudaba a Mercedes a organizar la ropa.

—Las pruebas empiezan mañana, así que tengo que irme hoy.

—¿Emily va contigo?

Olivia alzó la vista hacia su madre.

—No, no va.

—¿No habéis llegado a un acuerdo?

—No.

Ante las respuestas escuetas de su hija, Abigail comprendió que era mejor no seguir preguntando.

—Oye, ¿adónde vas? —preguntó Vic, asomándose a la puerta del dormitorio de su amiga.

—A Los Ángeles, y si leyeras tus mensajes, lo sabrías.

—Vaya. Alguien está de mal humor.

—Emily... —susurró Abigail.

Vic comprendió la razón del mal humor.

—¿Cuándo vuelves?

—Cuando terminen las pruebas, Vic. Creo que en una semana como mucho.

—Aprovecha y date una vuelta por ahí mientras estés allí —le aconsejó su madre, ajena a lo que había sucedido con Jane.

—No, mamá. Tengo asuntos de trabajo que resolver.

—Te llevo al aeropuerto, Liv.

Olivia se despidió de todos y fue al aeropuerto con su amiga. Por el camino, le contó a Vic la conversación que había tenido con Emily.

—Liv, ¿no sería mejor olvidarlo sin más?

—¿Y que me lo eche en cara a la primera de cambio? No... Ya te lo he dicho, todavía me ve como la chica que hacía apuestas en Del Carmen —se lamentó Olivia—. Esa mujer no tiene ni idea de cuánto la quiero.

—Ya entrará en razón.

—No quiero pensar en eso, y ahora mismo no puedo. Necesito concentrarme en estas pruebas.

—Así se habla. Que venga Los Ángeles. Esto va a ser la bomba —bromeó Vic, y su amiga le dedicó una leve sonrisa.

En la casa de los Reed...

—No entiendo esta necesidad que tiene Emily de mudarse.

—Madelyn, quiere independizarse de casa de sus padres y tener su propio espacio.

—Siempre la apoyas, ¿verdad, Henry? Ahora que estamos pasando más tiempo aquí, va y decide irse. Y encima, ni siquiera sé dónde queda ese apartamento.

—No se va de Nueva York, Madelyn.

—Ya lo sé.

—Le vendrá bien, y seguro que estará cerca —comentó Camille. Sabía perfectamente dónde y por qué se mudaba su nieta.

—Dios, estoy agotada —Emy se dejó caer en el sillón junto a su abuela.

—¿Has organizado las cajas, Emm?

—No todas, abuela, pero las suficientes. Podrías quedarte unos días conmigo, de verdad.

—Por supuesto, pero no puedo quedarme mucho tiempo.

—¿Por qué, mamá? La tía Su cuida muy bien de todo —protestó Henry.

—Sé que debería quedarme tranquila teniéndola allí, pero no puedo estar lejos de casa mucho tiempo.

—Qué pena que la tía Su se haya ido. Quería que viera el apartamento.

—¿Y yo no estoy invitada? —preguntó Madelyn.

—Pues claro, mamá —respondió—. Bueno, quiero terminar con eso antes de que vengan a recogerlo todo.

—Bajo contigo, Emm.

Emily y su abuela cruzaron el jardín hasta la casa de invitados.

—¿Habéis vuelto a hablar?

—¿Olivia y yo?

—Sí.

—Solo aquel día, cuando prácticamente me echó del apartamento.

Durante la visita de su abuela, Emily le había contado todo lo que había pasado con Jane.

—Niña, no sé si lo que viste fue real o no. Lo único que sé es que no encaja con todo lo que me habías contado de vuestra relación.

—Lo sé, abuela. Ese día fui dispuesta a mandarlo todo al diablo, pero ella quiere que crea que vi algo que no existió. Es muy difícil. Pero al mismo tiempo, la Olivia que volví a encontrar aquí después de cuatro años me demostró que podía confiar en ella. Así que...

—A pesar de todo, le estás haciendo caso al corazón, ¿verdad?

—Sí... Solo espero que no sea demasiado tarde.

—Por lo que vi en la fiesta, no lo es —se detuvo y se llevó las manos a la cabeza—. Dios mío, cuántas cajas —exclamó Camille al ver el desorden que tenía delante.

—¿Necesitáis ayuda? —Eve, Alice y Mia llegaron una detrás de otra.

—Mucha, chicas. Mucha —rio Camille.

Una semana después...

—¡Vic, vamos! —gritó Olivia. Había llegado de Los Ángeles la noche anterior.

—Hija, ¿ni siquiera vas a tomarte el café?

—No, llego tardísimo y Victoria sigue entreteniéndose. Mamá, dile que la espero en el garaje. Besos, señora Abigail —dijo mientras cerraba la puerta.

Corrió al ascensor y entró. Estaba rebuscando en el bolso cuando el ascensor se detuvo en el piso de abajo.

Las puertas se abrieron y un perfume familiar le llamó la atención. Levantó la vista y vio ante ella a una mujer rubia, con unos ojos azules penetrantes, el pelo ligeramente despeinado y tan guapa como siempre.

Olivia se la quedó mirando, sin entender qué hacía esa mujer allí.

—Buenos días, Wess —la saludó con naturalidad.

—Emily. ¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendida.

—Vivo aquí —sonrió mientras las puertas del ascensor se cerraban y Olivia la miraba incrédula.