El aroma de la memoria Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

La visión de esa rubia sobre su cuerpo, moviéndose, era indescriptible. Y para Emily, sentir el placer que le daba a su novia era un placer en sí mismo.

—Liv... córrete conmigo... —pidió, y cuando Olivia levantó las caderas, se frotaron ardientemente.

—Mira, Emm...

Su voz apenas podía salir ya.

Ambas fijaron los ojos en el lugar donde sus cuerpos se encontraban. Esa fricción húmeda y constante fue suficiente para que el placer llenara cada parte de sus cuerpos.

Gimieron.

Sus gemidos atravesaron ese orgasmo salvaje y devastador.

Emy se desplomó sobre el cuerpo desnudo de Liv, y Olivia la recibió con ternura.

—Te quiero... —susurró Emily, aferrándose a ella.

Olivia sonrió.

—Te quiero tanto, mujer.

Y así, desnudas, se entregaron a la calidez de un largo abrazo.

A la tarde siguiente...

Olivia llegó al atelier de Jane para una reunión sobre un desfile de moda que tendría lugar el mes siguiente.

—Liv, ¿qué haces aquí? —preguntó su amiga Lisa, que salía del lugar.

—Reunión con Jane.

—¿Vas a desfilar?

—Sí, lo programamos hace tiempo. ¿Y tú?

—Vine a probarme un vestido. Noche especial de premios con Sheet... —dijo, sonriendo.

—Vaya. Tenemos que quedar. No he visto a Sheet desde esa noche.

—La noche en que babeabas por esa rubia. ¿Cómo se llamaba?

—Emily...

—Eso es, de Reed Co.

—Tenemos mucho de qué hablar, amiga mía.

Se rio, dejando claro que había novedades.

—Lo sabía. Se lo dije a Sheet. Quedemos pronto. Quiero todos los detalles escabrosos.

—Estos días han sido una locura, pero prepararemos algo de cenar en casa para ponernos al día.

—Trato hecho. Hasta pronto. —Se despidieron con un abrazo.

Olivia entró en el elegante atelier, donde un sinfín de personas trabajaba. Así era siempre cuando se acercaba un desfile. Saludó a algunos hasta llegar a la oficina de la diseñadora.

—Jane...

—Olivia. Esa puntualidad la aprendiste de mí...

La mujer se acercó y la besó cerca de la comisura de los labios. Olivia retrocedió un paso. Jane sabía que no le resultaría fácil conquistarla, pero rendirse no era una opción.

—¿Qué te parece este vestido? —Cambió hábilmente de tema mientras le mostraba algo en lo que estaba trabajando.

—Precioso, Jane. —Miró a su alrededor y vio que nadie más había llegado para la supuesta reunión—. Pensé que tendríamos una reunión con el equipo.

—Perdóname. Tuvimos que reprogramarla, pero pensé que podríamos repasar algunos detalles. Si no te importa.

—Está bien.

—Siéntate. Estás en tu casa.

Wess se sentó con una compostura que ni siquiera Jane le había visto antes. Jane se acomodó a su lado con algunos bocetos en la mano y empezaron a hablar largo y tendido sobre el trabajo.

Pasaron dos horas y cayó la noche...

—Todavía hay cosas que tenemos que resolver con el equipo, ya sabes... —Le sonó el teléfono y se levantó para contestar apartándose un poco.

—Hola. Amor...

—No, Vic me dejó aquí...

—Cogeré un taxi...

—Vale, te aviso cuando termine y te espero.

—Besos... —Terminó la llamada y volvió al trabajo.

Al otro lado de la habitación, Jane sintió que le temblaban las manos cuando escuchó ese «Hola, amor», pero se contuvo mientras escuchaba el resto.

Unos momentos después, decidió pedir aperitivos y prosecco.

—Gracias, pero no quiero beber.

—¿Vas a negarme un brindis? Al fin y al cabo, hemos resuelto asuntos importantes de trabajo. —Cruzó las piernas, insinuante.

—Vale, Jane. —Aceptó y bebió una copa del vino.

—Ahora sí que tengo que irme.

—Sí, solo una cosa más y te dejo ir... —Jane sirvió una bebida especial.

Siguieron picando y trabajando...

Algún tiempo después...

Emily, todavía en el laboratorio, empezó a preocuparse por la tardanza de Olivia, ya que esperaba su llamada para ir a recogerla.

Llamó. Buzón de voz. Liv tampoco respondía a sus mensajes.

—Maldita sea. Se le habrá agotado la batería —murmuró para sí.

De repente, agarró el bolso y se dirigió a la puerta.

—Mark, me voy, y tú también deberías irte a casa a descansar.

—Sí, Dra. Reed. Si necesita algo, tendré el teléfono encima —dijo Mark solícito—. ¿Quiere que termine estas pruebas hoy?

Emy se detuvo con la mano en la puerta.

—Oye, Mark. Por favor, llámame Emily, ¿vale? Buenas noches. Terminaremos esas pruebas mañana.

—Buenas... noches, Emily —respondió tímidamente, pero contento con aquel gesto.

Cerró la puerta, decidida a ir al famoso atelier.

Aparcó el coche y enseguida entró. Todavía había algunas personas trabajando, además de un guardia de seguridad en la entrada.

El hombre la dejó pasar cuando se presentó. Al fin y al cabo, su madre era muy conocida allí.

Siguiendo las instrucciones, entró en una habitación vacía en el piso de arriba, en otra ala que probablemente servía de antesala a Jane. Allí parecía haber más privacidad.

Esperó, y al ver que nadie aparecía, siguió adelante, inquieta por el silencio reinante.

Llamó a la puerta. Sin respuesta.

Puso la mano en el pomo plateado y abrió, pero nada la había preparado para lo que encontró. Se acercó con pasos lentos y descubrió dos cuerpos semidesnudos desparramados sobre el amplio sillón de la habitación.

Pareció perder la capacidad de moverse o pensar. Solo sintió una lágrima deslizándose por su rostro febril.