Capítulo 6 #3
—Hay una armonía de aromas... y trae un poco de... ¿aire de mar? —preguntó, sorprendida de percibir aquello en la fragancia.
—Exacto —dijo el empresario, emocionado y satisfecho. Buscó a su hermana con la mirada—. Te lo dije. Lograste crear una traducción de sentimientos y de los aromas de tu viaje.
Emily se limitó a sonreírle a su hermano.
—¿Tú creaste esto? —Olivia estaba realmente sorprendida.
—Sí, yo lo creé.
Esta vez, el intercambio de miradas tuvo una intensidad palpable. Liv entendió que Tommy probablemente se refería al viaje de Emily a Playa del Carmen, y por eso aquel aroma le había resultado inexplicablemente familiar.
—Es simplemente maravilloso —elogió Olivia con sinceridad—. También hay un contraste entre sutileza y... —Buscó la palabra adecuada para expresarse.
—Y algo rústico —dijo la abogada, que también había recibido el perfume. El comentario hizo que la morena levantara la vista bruscamente.
—Creo que sí. Exactamente eso. —Recordó que una vez se había definido como rústica ante la rubia.
En ese momento, ni siquiera pudo volver a mirar a Emily. Se le encogió el pecho. Algo la asfixiaba. Quizás porque, en cada nota de aquel perfume, sentía cómo tiraba de ella la memoria, como si todo en ese pequeño frasco pudiera contener las sensaciones de aquellos días.
Una lágrima le resbaló por el rostro, algo que no le sucedía en años.
Se la limpió con un gesto casi imperceptible para todos, excepto para Vic y Alma, que notaron su emoción.
Mientras Tommy hablaba sobre el nuevo producto y captaba la atención de los presentes, Olivia aprovechó para hablar con Alma.
—Por favor, busca la manera de sacarme de aquí.
—¿Qué pasó, cariño?
—Te lo explico en el camino. Inventa la excusa que quieras, pero vámonos.
—Déjamelo a mí, pero quiero saber exactamente qué está pasando.
Alma inventó una excusa. Era su especialidad. Confirmó que el contrato se firmaría en la empresa al día siguiente y logró sacar a su amiga y clienta de allí.
Se marcharon sin levantar sospechas entre los invitados, salvo entre los más cercanos a ellas.
Al notar la repentina marcha de Olivia, Mia se acercó a Emy.
—¿Estás bien? ¿Habéis discutido?
—No hemos discutido.
—Uf, menos mal.
—Me ha besado.
—¿Qué? —dijeron Eve y Mia a la vez.
—Me habéis oído. No pienso repetirlo.
—¿Dónde estabais? —preguntó Mia.
—En el despacho de Tommy.
—¿Os estabais besando en el despacho? —preguntó la cuñada de la rubia.
—No, Eve. Solo me ha besado.
—Ah, vale... solo te ha besado. —Eve se rio.
—¿Al menos habéis hablado? —Mia estaba ansiosa por que pusieran fin a todo aquel dolor.
—No. Me ha dicho muchas cosas, pero no ha habido diálogo.
—Vais a trabajar juntas. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé, Mia.
—Emy, tu hermano va a volverse loco si nota esta tensión no tan amistosa entre vosotras dos —dijo Eve, preocupada por lo que pudiera venir.
—¿Qué queréis que haga? Esa mujer me dejó en ridículo, y eso no va a cambiar, pero soy una profesional y jamás haría nada que comprometiera mi propio proyecto.
—Entonces, Emy, hablad. Decidid dejar esto en el pasado, porque en el presente vais a tener que lidiar la una con la otra. La empresa es tuya. Lo que está en juego es tuyo.
—Gracias por simplificarlo, Mia.
—Tommy se ha empeñado en que quiere a Olivia en esta campaña, y...
—Nadie puede hacerle cambiar de opinión. Lo sé —concluyó Emy.
—Eso viene de familia... —pinchó Mia.
—No entiendo por qué, de tantas modelos, la eligió a ella —se lamentó Emily mientras cogía otra copa.
—Simple. Porque es un genio, y entre tantas modelos, logró elegir exactamente a la persona que inspiró la creación del perfume.
Mi maridito es brillante. —Eve se encogió de hombros y le guiñó un ojo a su cuñada—.
Solo un comentario más, Emy... no tenías buen gusto con los hombres, pero con las mujeres...
cuñada, te has lucido. —Se alejó riéndose de la cara de Emily, que la maldecía con gestos.
—No me queda más remedio que darle la razón.
—¡Mia! —la regañó Emily.
De camino a casa, Vic, Alma y Olivia conversaban.
—¿Me estás diciendo que tú y Emily Reed tuvisteis un romance?
—Sí, Alma —respondió Olivia, mirando por la ventanilla del coche.
—Nunca había oído que Reed saliera con mujeres. Eso es nuevo.
—Creo que no ha salido con otras —comentó Vic.
—Qué historia. Volver a encontraros así... —Alma se emocionó con todo lo que había averiguado—. ¿De verdad se acabó? Liv, de alguna manera, vais a trabajar juntas.
—Lo sé. Y sí, se acabó. En realidad, nunca llegó a empezar.
—¿En serio, Liv? —Vic puso los ojos en blanco ante el desdén de su amiga.
—Es solo un trabajo, y pronto terminará. ¿Podemos dejar de hablar de esto?
—Podemos. Siempre y cuando me asegures que no tendremos problemas por eso.
—No los tendremos.
Zanjó la discusión cuando se detuvieron frente a su edificio, se despidió de Alma y subió al ascensor con Vic. Vic conocía de sobra cómo Olivia intentaba disimular lo que sentía.
—¿Esa lágrima que vi tampoco fue nada?
—Basta, Vic.
Permanecieron en silencio hasta llegar al apartamento.
—Vic, mañana por la tarde firmamos, y creo que los ensayos empiezan el lunes.
—De acuerdo —respondió con sequedad.
—¿Estás enfadada?
—No, Liv. Solo quería ver de nuevo una reacción natural en ti.
—¿De qué hablas, Victoria?
—Hace mucho que no te veo feliz.
—Soy feliz. Mira mi vida, Vic.
—Te lo concedo, Liv. Has conseguido todo lo que te propusiste. Solo quería volver a ver a mi amiga sonreír con los ojos, no forzarlo con los labios.
Olivia bajó la cabeza sin discutir, algo raro en ella.
—Sé que Emy te hizo daño, porque fui yo quien te sostuvo durante tus interminables noches de borrachera, y me pareció increíble que consiguieras usar ese dolor para convertirte en la profesional que eres hoy.
—No entiendo por qué te niegas a aceptar que he cambiado.
—Lo acepto. Pero sé que esperabas ese reencuentro algún día, para poder restregarle a Emy en la cara que te convertiste en la mujer elegante que ella pensó que sería «hilarante».
—¿Estás insinuando que sabía dónde encontrarla?
—No dije eso. Solo digo que... vale, os habéis reencontrado, y ella vio en quién te convertiste. Punto. Es hora de dejar esto en el pasado. Es hora de empezar de nuevo, Liv.
—¿Cómo?
—Ya lo descubrirás. Aunque tengamos que volver a Del Carmen y bebernos todos los tequilas del quiosco de Juan.
Le guiñó un ojo.
Olivia sonrió abiertamente, por primera vez en mucho tiempo.
—Ya que estamos hablando de todo, tengo que confesar que sabía que Emy era la creadora de este perfume.
—Me lo imaginaba. Está bien.
—Vamos a dormir. Mañana, después de firmar ese maldito contrato, celebramos. Nada de cenas. Celebramos al estilo Vic, y no se admiten excusas —advirtió Victoria.
—Dios me ayude —bromeó Olivia—. Oye, loca...
Vic se volvió, sujetando la puerta del dormitorio.
—Gracias —dijo Wess.
—Chica, ese agradecimiento me lo ingresas en la cuenta.
Victoria cerró la puerta, dejando a su amiga riéndose en el pasillo, y se fue a darse una larga ducha.
Un rato después, Olivia salió con un albornoz, el pelo recogido en un moño, y se tumbó en la cama. Miró la mesilla de noche y vio el frasco de perfume creado por Reed. Lo cogió y se lo aplicó cerca de las orejas y en las muñecas.
Se acostó y, sintiendo ese aroma a su alrededor, cerró los ojos y se hundió en sus recuerdos más profundos.
La mañana amaneció agitada, como siempre, en Nueva York.
En el apartamento de Olivia, el tema era el nuevo proyecto.
Al final del día, ella y Vic habían firmado el contrato sin que Emily estuviera presente.
Poco después del anochecer, Vic, que había invitado a la mitad de sus amigos de la Gran Manzana, ya estaba celebrando en el bar de un amigo puertorriqueño y había conseguido milagrosamente llevar a Olivia sin tener que arrastrarla.
El bar era animado y popular, con música latina para todos los gustos. Olivia se reía de los chistes de su amiga y al poco rato estaba sentada en un sillón, hablando con una de las modelos que había trabajado en Europa.
Cuando la celebración se animó aún más, Liv notó que Vic le hacía señas a alguien. Miró hacia un lado y vio a Mia y Emily, que acababan de llegar.
Se sorprendió tanto como Emily, ya que Mia le había asegurado que Olivia no estaría allí.
Entendieron que sus amigas habían preparado aquel encuentro a propósito, pero ambas decidieron no huir más. Por el bien de una posible relación laboral —o quizás no— intentarían, como mínimo, tolerarse.
La noche no había hecho más que empezar...