BLOQUE 3
La primera ruta que Sebastián aceptó dibujar no pertenecía al códice.
Eligió deliberadamente otro libro.
Necesitaba comprobar el método con un caso mejor documentado antes de aplicarlo al volumen emilianense.
Ese libro pertenecía a una pequeña comunidad religiosa y había salido temporalmente durante unas obras.
Su expediente conservaba el movimiento completo, desde la primera entrega hasta el regreso.
Había además copias procedentes de fondos distintos y una de las relaciones fotografiadas por Cifuentes podía vincularse con seguridad al mismo caso.
Sebastián marcó únicamente los puntos demostrados.
El recorrido partía de Nájera y avanzaba durante un tramo hacia el oeste antes de terminar con la devolución del volumen.
No había nada extraordinario.
Después tomó un segundo caso.
Pertenecía a otra época y tenía un responsable diferente.
Su recorrido no coincidía completamente con el primero, aunque compartía algunos puntos donde habían quedado constancias.
Eso era útil.
Demostraba que la repetición no dependía necesariamente de un mismo propietario o de una misma operación.
Irene dijo:
—Ahora el códice.
Sebastián empezó por lo que ya podían probar.
Martín de Nalda había sido responsable del volumen.
Durante una ausencia lo dejó temporalmente en Santa María y después volvió a retirarlo sin modificar la obligación.
Meses más tarde lo entregó formalmente a Baltasar de Ezcaray.
Con Baltasar apareció la salida física de Nájera.
Después comenzaba el vacío.
Mauro miró el mapa.
—¿Nada más?
—Nada más que pueda demostrar todavía.
Inés acercó una copia catalogada como correspondencia mercantil.
Mencionaba a Baltasar.
No al códice.
La carta decía:
dejo aviso de las cosas ajenas que llevo conmigo, para que conste si hubiere de hacer entrega antes de mi regreso
Debajo aparecían abreviaturas difíciles de interpretar.
Una podía corresponder a un libro.
No era suficiente.
Sebastián la apartó.
Mauro sonrió.
—Necesitás que el documento te agarre de la camisa.
—Necesito que diga lo que estamos afirmando.
Irene encontró otra carta de Baltasar.
Ésta sí era diferente.
El volumen grande sigue conmigo.
Sebastián verificó la fecha.
Era posterior a la salida de Nájera.
El lugar de redacción decía:
Azofra
Ahora sí.
Por primera vez podían situar físicamente el códice después de su salida.
Sebastián marcó Azofra.
Mauro señaló que quedaba al oeste.
Sebastián aceptó el dato geográfico, pero no dio un paso más.
Una localidad no bastaba para determinar el resto del recorrido.
Poco después apareció una segunda confirmación.
No procedía de Baltasar.
Era de un escribano:
Recibida noticia de B. de E. desde Azofra, donde continúa con el libro y otros bienes ajenos.
La referencia confirmaba que el volumen seguía bajo su responsabilidad y que se encontraba allí.
Después añadía:
si prosigue viaje, hará nuevo aviso
El aviso siguiente no estaba en ese fondo.
Fray Julián recordó una referencia conservada en Santa María.
Buscaron otra caja y encontraron una anotación breve:
B. de E. dio razón de haber pasado adelante por el camino, quedando constancia en Alesanco.
Mauro levantó la vista.
Sebastián comprobó la fecha.
Era compatible.
El responsable seguía siendo Baltasar.
El libro coincidía.
El desplazamiento tenía continuidad.
Marcó Alesanco.
Ahora podían demostrar:
Nájera → Azofra → Alesanco
Irene observó el mapa.
—Ya empieza a tener forma.
Sebastián fue exacto.
—Tenemos tres puntos físicos demostrados.
Era suficiente para reconocer una dirección general.
No para extenderla más allá de lo que decían las fuentes.
El volumen había salido de Nájera y avanzado hacia el oeste.
Aún no sabían cuánto.
Tampoco dónde se produciría el siguiente cambio de responsable.
Y nada permitía asegurar todavía que después de Alesanco continuara por exactamente el mismo corredor.
El vacío simplemente había cambiado de lugar.
Ya no comenzaba en Nájera.
Comenzaba después de Alesanco.
Mauro recibió un mensaje de Inés Arbizu.
La librería de Madrid había aceptado mantener temporalmente inmovilizadas las dos piezas nuevas mientras se aclaraba su procedencia.
Todavía estaban en consignación.
El intermediario era Rafael Roldán.
Una de las piezas parecía proceder de Valdeterra, aunque faltaba completar la demostración.
La investigación contemporánea seguía avanzando.
Sebastián, en cambio, continuaba mirando el mapa histórico.
Los documentos recuperados del mercado estaban empezando a cumplir una segunda función.
No solo servían para reconstruir ventas modernas.
También devolvían información histórica que se había fragmentado al separar las piezas.
Una hoja hablaba de movimientos hacia occidente.
Otra permitía completar una entrega.
En otros casos aparecían lugares utilizados por libros distintos.
Al reunirlos, empezaba a verse algo que ninguno revelaba por separado.
Los responsables y las circunstancias cambiaban.
Los lugares, en algunos casos, reaparecían.
No porque fueran estaciones reservadas.
Porque resultaban útiles para personas que ya circulaban por allí y necesitaban dejar constancia de aquello que llevaban.
Sebastián trazó una línea fina desde Nájera hasta Azofra y de allí a Alesanco.
No añadió destino.
Tampoco una flecha que prolongara el recorrido.
Escribió solamente:
recorrido demostrado hasta aquí
Irene lo leyó.
—Muy vos.
Sebastián dejó el lápiz.
—Si encontramos una continuación, la agregaremos.
—¿Y si no aparece?
—Entonces no la inventamos.
Esa era la única regla que necesitaban.
La historia no estaba obligada a llegar adonde ellos esperaban.
Pero algo había cambiado de manera definitiva.
El códice había dejado de ser solamente una sucesión de responsables.
Ahora ocupaba un espacio real.
Había salido de Nájera.
Había pasado por Azofra.
Después había dejado constancia en Alesanco.
Y mientras reconstruían ese movimiento, otros documentos demostraban que distintos libros podían utilizar caminos semejantes por razones completamente ordinarias.