El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) CAPÍTULO 9 El archivo que conservaba dos versiones
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CAPÍTULO 9 El archivo que conservaba dos versiones

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La primera versión decía que el libro había sido entregado.

La segunda decía a quién.

Sebastián tardó varios minutos en aceptar que ambas escrituras documentaban el mismo acto.

No porque se contradijeran.

Precisamente porque habían sido creadas para responder necesidades diferentes.

La copia conservada entre la documentación relacionada con García de Azofra tenía una finalidad administrativa.

Registraba que el volumen había dejado de permanecer bajo su responsabilidad, que la entrega se había producido conforme a la obligación anterior y que el libro había salido acompañado por testimonio suficiente de su procedencia.

Nada más.

El receptor no aparecía con su nombre completo.

Solo figuraba:

Entregado conforme a relación separada.

La segunda versión, localizada entre los papeles que posteriormente terminaron incorporados al fondo Mendoza de Briones, conservaba precisamente esa relación.

Inés Montalbán dejó ambas reproducciones sobre la mesa.

—No son duplicados.

Sebastián asintió.

—No.

Irene comparó los encabezamientos.

—Ni siquiera pertenecen a la misma mano.

—No tenían por qué —respondió Inés.

Mauro observó las hojas.

—Entonces una demuestra que García entregó el libro y la otra dice quién lo recibió.

—Exactamente.

Sebastián volvió a la primera.

Era un descargo.

Permitía demostrar que García había cumplido con la obligación y que, desde cierto momento, ya no respondía por el volumen.

La segunda servía al nuevo responsable.

Dos necesidades.

Dos textos.

Una sola transferencia.

Irene dijo:

—Si una desaparece, la otra queda incompleta.

—Sí.

—Pero lo que conserva sigue siendo verdadero.

—Exactamente.

Ese matiz era fundamental.

Dos investigadores podían encontrar documentos distintos y reconstruir aspectos diferentes del mismo hecho sin que uno de ellos estuviera necesariamente equivocado.

Quien consultara únicamente la primera escritura sabría que García había entregado el manuscrito.

No sabría a quién.

Quien encontrara solo la segunda conocería al nuevo responsable, pero podría no ser capaz de remontar la procedencia hasta San Millán si las remisiones anteriores hubieran desaparecido.

La historia del códice no estaba contenida en un único documento.

Estaba distribuida.

Sebastián tomó la segunda relación.

El nombre aparecía completo:

Juan Alonso de Briones.

Mauro lo anotó.

—¿De los Mendoza de Briones?

Inés negó.

—No demos por supuesto que el nombre actual de un fondo explica el origen de cada documento que contiene.

Mauro levantó la mano.

—Solo preguntaba.

—Y hacés bien. Pero el fondo absorbió documentación anterior durante generaciones. Eso no convierte a Juan Alonso en miembro de la familia que terminó conservando sus papeles.

Sebastián agradeció la precisión.

Lo habían visto demasiadas veces.

Un archivo familiar podía formarse por matrimonios, herencias, compras, encargos, administraciones y papeles procedentes de personas que nunca habían pertenecido al linaje cuyo nombre acababa identificando el conjunto.

Irene leyó la descripción:

libro grande en pergamino, incompleto por el comienzo, tenido hasta aquí en guarda por García de Azofra

No hacía falta más.

Era el volumen.

Mauro dijo:

—Entonces Juan Alonso es el siguiente responsable.

Sebastián siguió leyendo antes de responder.

La cláusula indicaba:

lo recibe para conservarlo y responder de él mientras dure la necesidad expresada en los papeles anteriores

Sebastián asintió.

—Sí.

Mauro dejó escapar el aire.

—Qué alivio.

Pero el documento contenía algo distinto de los relevos anteriores.

La nueva responsabilidad estaba acompañada por una restricción:

No lo entregará sin nueva escritura y sin dar aviso a quienes conservan memoria de su procedencia.

Irene levantó la vista.

—“Quienes conservan memoria de su procedencia.”

Sebastián volvió sobre las palabras.

No hablaban de propietarios.

Tampoco de una autoridad central.

Se referían a quienes conservaban constancias del recorrido.

San Millán podía ser uno.

Santa María, otro.

Valdeterra había mantenido registros.

La rama documental procedente de Sancho conservaba otra línea.

Quizá existieran más.

Irene dijo:

—Cada uno conoce una parte, pero hay varios lugares donde permanecen pruebas.

—Sí.

—Y antes de otro relevo hay que comunicarlo.

—Eso dice la cláusula.

Mauro preguntó:

—¿A cuántos?

—No lo sabemos.

—¿A quiénes exactamente?

—Tampoco.

Sebastián no necesitaba esos nombres todavía.

La función era suficiente.

La continuidad no había sobrevivido porque una sola persona controlara todo.

Había sobrevivido porque distintas copias conservaban partes de la memoria.

Redundancia documental.

Nada más extraordinario.

Pero extraordinariamente eficaz mientras las copias continuaran relacionadas.

Inés señaló el dorso:

se remitieron dos traslados

Dos nuevas copias.

No decía a quién.

Irene contó.

—Entonces esta entrega produjo al menos tres rastros.

—El documento principal y dos traslados —respondió Sebastián.

Mauro miró las reproducciones.

—Y nosotros tenemos dos.

La tercera podía haberse perdido.

Podía seguir en otro archivo.

O haber terminado entre papeles privados que nadie había relacionado todavía con el volumen.

Ya no resultaba extraño.

Un mismo acto podía sobrevivir dividido entre varios lugares.

Inés abrió un inventario posterior.

Juan Alonso aparecía relacionado con diversos bienes ajenos.

Entre ellos figuraba el manuscrito.

Pero la descripción se había reducido:

libro viejo de pergamino recibido en guarda

Irene negó lentamente.

—Otra vez pierde información.

—Sí.

Sebastián comparó las fechas.

No habían pasado siglos.

Solo algunos años.

Y la procedencia ya podía comenzar a desaparecer de una versión.

Irene preguntó:

—¿Hay otra copia del mismo período?

Inés buscó.

Sí.

En ella aparecía:

libro procedente de San Millán conforme a escritura antigua

Sebastián colocó las dos una al lado de la otra.

Mismo período.

Mismo libro.

Mismo responsable.

Una conservaba el origen.

La otra no.

Si únicamente hubiera sobrevivido la versión doméstica, varios siglos de identidad habrían quedado desconectados sin que nadie hubiese falsificado una sola palabra.