Capítulo Veintitrés
DETECTIVE THEO FARIS
BENJI ORTEGA LLEGÓ A LA ESTACIÓN MUY TEMPRANO, quince minutos antes de que Theo siquiera tuviera su café.
Fue una noche difícil para Theo. Por más que intentó hacer plática con su esposa Alma y su hija Regina, no podía concentrarse.
Samantha le dijo que jugara videojuegos con ella.
Un juego de disparar zombis que Theo no entendía, pero aun así, quería pasar tiempo con su nieta.
Falló. Su mente estaba en el trabajo y la culpa lo consumía.
Lo único que podía pensar era en resolver el asesinato de Cassandra y la jubilación. Por fin soltar todo.
Reynolds llevó a Benji con Theo. El publicista de Cassandra, el del pelo castaño teñido que le pasaba de los hombros y que parecía más un músico hipster que alguien que organizaba las apariciones de Cassandra. Traía una laptop bajo el brazo. Había huellas de manos sudadas en ella.
—Detective Faris. Hola —tragó saliva y le dio la mano a Theo.
Efectivamente estaba sudada—. Tengo algo —Benji se sentó sin que le pidieran.
Puso la laptop en el escritorio de Theo y la empujó hacia él—.
Esto era de Cassandra. Su computadora personal.
He estado revisando sus cosas. Nancy y yo nos repartimos todo después de que murió.
Nancy se quedó con cosas personales y yo con los archivos de trabajo.
Al final sigue siendo mi trabajo limpiar cualquier desastre que pudiera haber dejado.
Esto estaba en su oficina en casa y su familia me dejó quedarme con ella.
—¿Por qué la trae ahora? —preguntó Theo.
Benji se frotó las manos contra los pantalones.
—Porque la abrí. Probablemente no debí, pero lo hice. Y lo que hay ahí… —pausó y suspiró—. Tenía archivos de todos allí. Historial de navegación y capturas de pantalla. Esto es obsesión, incluso para ella. Dijo que iba a investigar, pero esto es… —Benji tragó—. Algo más. Cosas fuertes.
Theo abrió la laptop. El escritorio estaba vacío, sin iconos. Solo mostraba carpetas con nombres. Notas sobre entrevistas y apariciones pasadas. Fotos de ellos en alfombras rojas o eventos de famosos. Ni siquiera fans obsesionados sabían tanto.
—Siempre fue así —dijo Benji—. Incluso cuando tenía su programa, se pasaba semanas escarbando sobre sus invitados, averiguando tanto de ellos, y luego se sentaba frente a ellos y hacía la pregunta que los ponía incómodos.
La gente odiaba hacer entrevistas. Sabía demasiado.
Otros talk show hosts no hacían eso. —miró la laptop como si fuera veneno.
Theo abrió la carpeta etiquetada Dr. Logan Reed.
Había capturas de pantalla de publicaciones de Reddit .
Gente quejándose de cirugías que salieron mal, foros donde pacientes hablaban de que les pagaron para callarse y el nombre de Reed estaba por todos lados.
Cassandra había resaltado las peores partes y escrito sus propias notas.
Se frotó la barbilla. Cassandra podría haber sido detective si no fuera por su carrera en la televisión.
—Y esta —dijo Benji, señalando la carpeta de Davi João. —Esta sí me sorprendió. O sea, nunca me habría imaginado que los rumores sobre él fueran ciertos.
Theo le dio clic y vio artículos viejos traducidos del portugués sobre el tiempo de Davi en la selección brasileña de fútbol. Foros y publicaciones antiguas de Facebook con la interfaz obsoleta. El mismo nombre aparecía en cada página: Bruno Riveiro.
—¿Quién es Bruno Riveiro? —preguntó Theo.
—Era un jugador de fútbol de Brasil también. Jugó en el mismo equipo que Davi por un par de años. Las publicaciones sugieren que eran cercanos. Muy cercanos. Más que compañeros de equipo… si me entiende. —Benji guiñó el ojo.
Theo siguió bajando. Cassandra había armado una línea de tiempo completa de estos dos. Bruno y Davi coincidieron dos temporadas en la selección. Cada artículo sobre Bruno usaba palabras como “prometedor” y “talentoso.”
Luego, hace seis años, Bruno Riveiro se quitó la vida.
Los artículos no decían mucho sobre el por qué.
Carrera fallida y problemas familiares, las explicaciones vagas de siempre.
Todo el país quedó en shock porque Brasil no pierde jugadores de fútbol de esa forma.
Las notas de Cassandra contaban otra historia.
Había desenterrado publicaciones anónimas de gente que decía conocer a los dos, diciendo que la relación iba más allá de compañeros de equipo.
Que era romántica. Davi lo terminó y Bruno se desmoronó después de eso.
—Es la primera vez que escucho sobre Bruno —dijo Theo.
—Sí. Cassandra encontró todo en internet. Vi cómo se fue contra todos en ese programa. Se obsesionó con ganar, como si nada más le importara —dijo Benji—. Creo que lo usó contra Davi en la mansión. Y creo que por eso Davi la odiaba demasiado. Me acuerdo… —Benji se paró.
—¿Qué?
—Me acuerdo de cómo Davi veía a Jaxon. Escuche, soy gay.
Reconozco cuando otro hombre le gusta otro hombre.
Davi probablemente le gustaba Jaxon, tal vez demasiado, y Jaxon no es gay —Benji hablaba rápido.
Como si fuera una teoría de conspiración—.
Jaxon probablemente lo rechazó y eso encabronó a Davi y ahí empezó su rivalidad. Esto no fue Heated Rivalry .
—¿ Heated Rivalry ? —preguntó Theo.
—Olvídelo.
Theo cerró la laptop. Se quedó sentado con ella un momento.
El diario era una cosa. Observaciones personales, sesgos, la perspectiva de una víctima.
Esto era investigación. Evidencia de que Cassandra se había estado armando metódicamente contra cada persona en esa mansión.
Los estudió sabiendo que le podía dar ventaja.
—Hiciste lo correcto trayendo esto, Benji. De verdad lo aprecio —dijo Theo.
—Supongo. Solo desearía haberlo hecho antes —Benji se paró—.
Fue mi clienta por doce años. La peor clienta que tuve y la mejor. Podía ser cruel e imposible a veces, pero también era la persona más inteligente que he conocido. No merecía lo que le pasó. La quería mucho, Detective.
—Lo sé.
Theo notó que Benji sonaba casi exactamente como Olympia. Todos coincidían en dos cosas sobre Cassandra: era terrible, y no merecía morir.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Benji.
—Reed y Davi vienen hoy. Esto me da lo que necesito.
Benji asintió y se fue. Su pelo se balanceó detrás de él cuando salió.
El Dr. Logan Reed llegó a las 10 AM con su propio abogado.
No era de Whitfield & Burke. Reed había contratado a Rick McAlister, a quien Theo conocía por reputación antes de que cruzara la puerta.
McAlister había representado a Reed durante la demanda por negligencia médica años atrás y ganó el caso.
En círculos legales le decían “Tiburón” McAlister, y Theo entendió por qué en cuanto se sentó.
Sesenta y tantos. Pelo plateado corto. Traje que parecía de diseñador.
Perfume árabe y un Rolex en la muñeca. No miró a Theo. Miró a través de él.
El hecho de que Reed tuviera su propio abogado separado de Whitfield & Burke le dijo algo a Theo. Reed no confiaba en los otros concursantes ni en otros abogados. Se estaba protegiendo a sí mismo, no jugaba en equipo, y quería sacar algo de esto.
Reed se veía calmado y controlado, probablemente ensayado.
Traje a la medida y postura recta, las manos dobladas sobre la mesa.
Pero Theo notó su apariencia. El trabajo que se había hecho en la cara era disparejo.
Un cirujano plástico famoso con la cara arruinada.
Theo nunca confiaría en un doctor así. La piel demasiado estirada alrededor de los cachetes, la frente demasiado lisa para un hombre de su edad.
Un cirujano plástico que era su propio peor cliente.
—Dr. Reed. ¿Dónde estaba cuando pasó el apagón? —Theo ni lo saludó.
McAlister asintió hacia Reed. Permiso para hablar.
—Estaba en el baño —dijo Reed como si no le importara—. Lavándome las manos. Escuché a Bella gritar. Para cuando llegué a la cocina, Cassandra estaba en el piso.
—Estaba en el baño —repitió Theo—. Durante una fiesta.
—Necesitaba usar el baño, Detective. Para eso son los baños —se rió, burlándose de Theo.
—Cassandra sabía lo de su negligencia médica. Escribió al respecto en su diario. Tenía archivos en su computadora. Desde publicaciones de Reddit , quejas de pacientes hasta acuerdos que fueron sellados. Estaba armando un caso contra usted que iba mucho más allá de lo que pasó en esa mansión.
Reed empezó a respirar más rápido. Sus manos se desdoblaron y volvieron a doblar. McAlister no se movió.
—A Cassandra le gustaba jugar a la fiscal —dijo Reed.
Su voz era controlada pero Theo podía escuchar el filo debajo—.
No tenía entrenamiento médico, ni posición legal, ni derecho de meterse en mi vida profesional.
Qué mujer tan entrometida es… era. Lo que escribió en ese diario era difamación.
Le encantaba inventar mentiras sobre todos nosotros.
—Amenazó con hacerlo público.
—Amenazaba a todos. Esa era toda su personalidad. ¿Qué tan vacía tienes que estar por dentro para hacer de eso toda tu personalidad? Amenazar, luego manipular, luego controlar. Nos trataba a todos como enemigos cuando todo era solo un juego, por favor.
—¿Le molestaba?
La mano de McAlister se levantó ligeramente. Una advertencia. Reed la vio.
—Me molestaba que una mujer sin experiencia médica pretendiera entender resultados quirúrgicos complejos basándose en publicaciones anónimas de internet.
La gente piensa que Cassandra era inteligente pero yo no creo que lo fuera —la voz de Reed se mantuvo clínica pero sus ojos se endurecieron—.
Cassandra no entendía los matices. Veía lo que quería ver y lo usaba como arma.
Una mujer que se cree inteligente cuando en realidad es tonta, eso es peligroso —sonrió con sus dientes excesivamente blancos—. La terminó matando, al final.
—Una mujer está muerta, Dr. Reed. Apuñalada cinco veces con cuchillos de cocina. Y me está diciendo que estuvo en el baño todo el tiempo.
—Eso es lo que le estoy diciendo.