El Apagón de la Fama Capítulo Catorce
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Capítulo Catorce

DETECTIVE THEO FARIS

EL ESCRITORIO ERA UN DESASTRE. Theo tenía archivos del caso, impresiones, una botella de agua a la mitad, tres bolígrafos que no servían y una que sí. Tenía tinta en los dedos por esa impresora de mierda en la estación. Reynolds entró con una tablet y unas hojas impresas.

—Hice que los productores entregaran un inventario completo de todo lo que había dentro de la mansión al momento del asesinato —dijo Reynolds, dejando caer los papeles en su escritorio.

—¿Y? —preguntó Theo.

Reynolds señaló una línea resaltada.

—Faltan dos cuchillos de cocina.

—¿Dos?

—Sí. Estamos hablando de múltiples puñaladas, así que tiene sentido. Pero ¿por qué dos cuchillos separados? Podrían ser dos personas, o el asesino entró en pánico y agarró uno, luego regresó por otro.

Theo miró la lista del inventario. Dos cuchillos. Eso le molestaba. Un cuchillo podía significar furia, ¿pero dos? No tenía sentido.

—Su diario sigue perdido también —dijo Reynolds—. Yo creo que quien la mató se llevó ambos. Los cuchillos y el diario. Saben que si encontramos cualquiera de esas cosas, se acabó para ellos.

Theo se frotó la barbilla y se acomodó la corbata.

Hace diez años resolvió el asesinato de una mujer de cincuenta años, asesinada por su propio hermano.

Fue difícil resolver el caso, pero cuando lo hizo, los dos hijos de la mujer estaban tan agradecidos que le regalaron una corbata negra muy cara.

Le gustó tanto la corbata negra que se volvió su marca.

Un recuerdo de un caso de asesinato resuelto.

Theo pensó en el diario. Lo que sea que Cassandra haya escrito ahí fue lo que la mató y Theo necesitaba leerlo.

—Hay algo más —dijo Theo. Agarró los archivos que tenía en su escritorio—. Saqué los registros telefónicos de Cassandra. Mensajes y llamadas desde tres meses antes de que entrara al programa, hasta la noche que murió.

—¿Encontraste algo? —Reynolds estaba intrigado.

—Sí. Una cosa —Theo volteó los archivos para mostrar una página con un mensaje de texto. Número desconocido. Enviado tres días antes de que Cassandra entrara a Fame Mansion.

Buena suerte en el programa. Intenta no morirte.

Reynolds murmuró las palabras “Oh, mierda” casi para sí mismo.

—Bloqueó el número inmediatamente después de recibirlo —dijo Theo—. No lo reportó. Probablemente pensó que no era nada.

—¿Lo rastreamos?

—Llevó a un teléfono desechable. Pero obtuvimos una señal de torre celular —Theo agarró la tablet. Tocó la pantalla—. La señal rebotó en una torre en Cody, Wyoming.

Wyoming. Theo había estudiado a los quince concursantes. Ciudades de origen, antecedentes, conexiones. Sabía quién vivía cerca de Cody.

—Jaxon Storm —le dijo a Reynolds—. Nacido y criado en Sheridan. El rancho de su familia está a cuarenta minutos de Cody. Todavía estaba en Wyoming tres días antes de que empezara el programa. No había volado a Miami todavía.

Theo miró el mensaje otra vez. Intenta no morirte . Podía ser intimidación o algo peor. Jaxon Storm apenas podía controlar su temperamento en un día normal. Todo el mundo lo sabía. ¿Pero un asesino?

—También saqué las grabaciones de seguridad de la tienda de Kalisto Rossi —Theo añadió—.

El asalto en Wynwood. Dos hombres con sudaderas y las caras tapadas.

Fue un trabajo profesional. Entraron y salieron en menos de diez minutos.

Destruyeron la mercancía, destrozaron las vitrinas y dejaron la nota.

—“ Te lo mereces ” —Reynolds recordó.

—Esa. Pasamos el video por reconocimiento facial pero no nos llevó a nada. Pero rastreé el auto rentado que usaron y fue pagado con una Visa prepagada comprada en una gasolinera en Sheridan, Wyoming.

Reynolds asintió, sin sorprenderse.

—Jaxon Storm viene en camino —dijo Reynolds mirando su teléfono—. Debería estar aquí en veinte minutos.

—Bien. Tiene muchas preguntas que contestar.

Jaxon Storm entró al cuarto de interrogatorio.

Arrogante y altanero. Hombros atrás, sonrisa egocéntrica, pero Theo podía ver más allá.

Jaxon se veía agotado. La actitud era puro teatro ahora.

Jaxon había sido un peligro en el programa, demasiado impredecible, descalificado por darle un cabezazo a otro concursante en cámara.

Si no hubiera hecho eso, los productores lo habrían mantenido en el programa por el rating.

Favoritismo. Probablemente hubiera ganado.

Jaxon era el tipo de hombre que llegó a su mejor momento a los veinte, usó su apariencia física y entretuvo a todos con ese comportamiento corriente.

Su programa The Storm of Love era prueba de que a la gente le gustaba burlarse de él, crear memes, pero al final lo miraban.

Su cara era como ver a un dios griego. Casi demasiado perfecto. Si tan solo tuviera cerebro.

Theo no se paró a saludarlo. Solo lo vio sentarse.

—Acabemos con esto, Detective. No tengo nada que esconder.

—Bien. Entonces debería ser rápido —no lo sería.

Jaxon se movió, brazos cruzados. La sonrisa se desvaneció.

—No debí haber hecho ese programa —dijo. Su voz más baja ahora—. Arruinó todo. Tenía contratos en fila. Una segunda temporada de The Storm of Love , otros reality shows . Todo se fue después del cabezazo.

—¿Te arrepientes?

—¿Del cabezazo? No. ¿Del programa? Absolutamente.

Ese lugar saca lo peor de la gente —suspiró—.

Y Cassandra… —su cara se tensó—. Cassandra era puro veneno.

Provocaba las peleas. Era calculadora. Te sonreía en la cara y luego usaba lo que encontrara en tu contra.

¿Sabías que ella fue la que le dijo a Davi que yo lo llamaba gay?

Por eso Davi me atacó. Yo lo golpeé, sí, pero Cassandra armó todo. Me usó, hizo que me descalificaran.

Theo lo miró fijamente, sabiendo bien que la descalificación fue toda culpa de Jaxon.

—Ella llegó lista para jugar el juego —Jaxon continuó—. Tenía información de todos. Y todos lo sabían. Yo no era el único que la odiaba, ¿sabe? Los otros concursantes… cada uno de ellos tenía una razón para quererla fuera.

Theo agarró su pluma.

—¿Qué tipo de razones?

Jaxon descruzó los brazos y se acercó a Theo. Quería hablar. Theo había aprendido hace décadas que la gente que dice que no tiene nada que esconder es la que no puede dejar de hablar… y de mentir.

—Cuando me llamaron para estar en el programa —dijo Jaxon—, hice mi investigación. Investigué a cada concursante. Le sorprendería lo que se encuentra si uno escarba.

—¿Qué encontraste?

Jaxon levantó una ceja. La sonrisa regresó pero diferente. No arrogancia. Algo más parecido a un hombre revelando chismes. Podía ser útil.

—Skye Morgan. Tenía una cuenta vieja de Twitter…

X o como se llame ahora. Usaba su nombre real, antes de que se lo cambiara.

Estaba llena de basura racista. Cosas de odio.

Contra personas negras, latinos, gays. La gente la desenterró después de que salió el programa, pero yo la encontré primero.

Todo su show de “amor y luz” es puro teatro.

Skye odió a Sierra desde el primer día, y le voy a decir por qué. Es racista.

No le gustan las personas negras. Esa es toda la razón. Probablemente también odiaba a Bella por ser latina o a Elliot por ser gay.

Theo lo anotó.

—Olympia Bennett —Jaxon siguió—. Su esposo se metió en un fraude de malversación de fondos.

Dicen que se suicidó por eso. Ella anda por ahí actuando como santa, toda religiosa, rezando, pero carga con eso.

Cassandra probablemente se enteró. Cassandra se enteraba de todo y Olympia era su amiga.

Digo… la gente religiosa también mata, ¿no?

Theo mantuvo la cara neutral pero por dentro estaba procesando.

—Sierra Blaze —Jaxon bajó la voz—. Es un desastre y está totalmente traumatizada. Se dice que la manipularon cuando era niña haciendo esos programas de televisión para niños. No sé los detalles, pero está dañada, seguro. Eran amigas pero, Cassandra siempre estaba lista para usar a la gente.

Theo quiso hablar pero no pudo.

—Davi João —Jaxon se tronó los nudillos.

El hombre estaba sacando todo—. Había rumores sobre su sexualidad cuando jugaba fútbol en Brasil.

Algo con un compañero de equipo. Tal vez cierto, tal vez no y no me importa.

Cuando entramos a la mansión, Davi trató de acercarse a mí.

Amigable al principio, pero se sentía como algo más y lo rechacé.

Le dije que no me interesaba eso pero no se lo tomó bien.

Ahí empezó la rivalidad. Estoy seguro de que yo le gustaba y cuando se lo dije, las cosas cambiaron.

A Theo se le abrieron los ojos, no pudo evitarlo. Así que esa era la versión de Jaxon de cómo empezó. El rechazo convertido en resentimiento.

—Bella Martínez actuaba como una mujer amable. Pero Cassandra tenía algo contra ella. Eran cercanas, no porque a Bella le cayera bien, sino porque Bella le tenía miedo. No sé qué sabía Cassandra, pero Bella andaba con mucho cuidado todo el tiempo.

—Y Maxwell. Ese es al que tiene que vigilar. Historial de problemas de ira. El tipo tiene un carácter fuerte y si alguien le hizo algo a Cassandra, fue él.

Theo notó la ironía de que Jaxon hablara de problemas de ira. Aun así, el hombre había proporcionado información útil.

Jaxon se acomodó en la silla, se arregló la chamarra revelando su tatuaje. Un tornado, probablemente en referencia a su apellido.

—Sr. Storm —Theo sacó algo de la carpeta en el escritorio. Un impreso del mensaje de texto y lo deslizó por la mesa—. ¿Reconoce esto?

Jaxon lo miró. Suspiró y cerró los ojos.

Buena suerte en el programa. Intenta no morirte.

—Rastreamos la torre celular —dijo Theo mientras seguía apuntando con el dedo—. Cody, Wyoming. A cuarenta minutos del rancho de su familia en Sheridan. Enviado tres días antes de que empezara el programa. Al teléfono de Cassandra Drake.

Jaxon abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir.

—Eso no fue… —se detuvo. Se frotó la nuca—. Bueno. Sí. Yo lo mandé.

—Mandó un mensaje diciéndole a una mujer que intentara no morirse. Una mujer que ahora está muerta. ¿Se da cuenta de cómo se ve eso?