El aeródromo Capítulo 17 Entrega De Premios
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Capítulo 17 Entrega De Premios

09 de octubre de 2026

19:30 horas

Salón de Actos del Círculo Logroñés

El salón principal del Círculo Logroñés desbordaba elegancia.

Antes de pasar a las mesas, el cóctel previo reunía a los invitados en corrillos alrededor de las columnas.

Las estirpes más rancias de la región departían con copas de vino en la mano, bajo el parpadeo de las cámaras de las televisiones y radios regionales.

Junto a una bandeja de canapés, un grupo de bodegueros y notables locales calibraba el devenir de la comarca entre murmullos educados.

—Pues yo sigo diciendo que esta añada no va a superar a la del veintidós, por mucha etiqueta de gran reserva que le pongan— comentaba don Gonzalo, ajustándose los gemelos de oro con suficiencia—.

Las lluvias de septiembre agaron demasiado el tempranillo en la margen izquierda de Haro.

Hará falta más barrica para salvar los muebles.

—Hombre, Gonzalo, no me digas eso— le replicó doña Blanca con una sonrisa de cortesía helada, sosteniendo su copa a la altura del pecho—.

En mi bodega de San Vicente estamos entusiasmados con el resultado.

Cuestión de mimo y de saber recortar producción a tiempo, claro...

no todos tienen el margen de maniobra necesario para arriesgar.

La indirecta voló baja, buscando el eco de los oyentes, pero el corrillo mudó de tercio de inmediato en cuanto un camarero cruzó junto a ellos con una bandeja de cava.

—Por cierto, hablando de riesgos y de caídas en desgracia... —murmuró otro de los comensales, inclinándose ligeramente hacia el centro del grupo con una sonrisa torcida—. ¿Habéis visto quién acaba de entrar en el salón?

Las miradas de reojo cruzaron el vestíbulo hacia la mesa de los De la Torre, donde Julián y su hermano Alfonso presidían junto a Victoria, Val, Gabriel y la recién llegada Lucía.

Mientras tanto, presidiendo la sala y acaparando todas las miradas, Luis de la Fuente recibía el calor de los asistentes.

El seleccionador nacional acudía como gran figura del año tras proclamar a España campeona en el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá, sumando una nueva estrella a la camiseta.

Pero su presencia también respondía al orgullo de tierra: era oriundo de Haro, un riojano de cuna que llevaba la pasión del vino por bandera.

Aquel orgullo colectivo, sin embargo, duró lo que tardaron los corrillos en volver a centrarse en el flanco más débil de los De la Torre, cuchicheando sobre la misteriosa condición de la joven Lucía y la inminente tormenta que se cocinaba en la alta sociedad riojana.

◆◆◆

21:30 de la noche

Justo cuando los camareros comenzaron a servir el postre y las bandejas con los dulces típicos de la tierra empezaron a circular por las mesas, Julián de la Torre soltó un suspiro ahogado y se palmeó levemente la solapa de la chaqueta.

—Perdonadme un momento, familia —murmuró con una de esas excusas tan suyas, vagas y rápidas, inventando una llamada urgente de la bodega o un compromiso inexcusable con los proveedores—. Me reclama un asunto rápido en la entrada. No tardo.

Sin esperar respuesta, se levantó de la mesa con demasiada prisa, esquivando con paso firme los corrillos de invitados y cruzando las puertas del salón principal antes de que nadie pudiera detenerlo o pedirle explicaciones.

En la mesa, el silencio duró apenas unos segundos.

Lucía bajó la mirada hacia su copa de cava, sintiendo cómo el nudo en el estómago se le estrechaba hasta doler.

Se encogió ligeramente sobre sí misma, entristecida por la huida, aunque sabía de sobra que poco podía hacer ya.

Bastante tenía con aguantar en pie y acudir a aquella gala en su delicado estado, soportando el peso asfixiante de las miradas de reojo, los cuchicheos de las mesas vecinas y la hipocresía de una alta sociedad que medía cada uno de sus movimientos con lupa.

No se merecía aquello, ni la humillación sorda ni el desprecio elegante que flotaba en el ambiente.

A su lado, Gabriel intentó restarle importancia con una sonrisa forzada, apretándole la mano por debajo del mantel, pero el daño ya estaba hecho.

La tormenta que se había gestado en las sombras de la ciudad acababa de estallar bajo las luces de la gala, y ya no había vuelta atrás.