El acuerdo matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 13
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Capítulo 13

Ivy

Me despierto con el brazo alrededor de su cintura y la pierna sobre él. Anoche habíamos acordado dormir en la misma habitación. En algún momento, la misma habitación se convirtió en la misma cama. ¿Qué podía salir mal?, me dije.

La cama era lo bastante grande para los dos, y para otras dos personas más en medio. Me prometí que me quedaría en mi lado. Pero en algún momento de la noche, dormí tan profundamente que rodé no solo hasta el centro, sino hasta su lado.

Y ahora mi pierna presiona contra su erección creciente. Dios mío. Lo miro de reojo. Por suerte, sigue profundamente dormido y, con un poco de suerte, podré desenredarme sin despertarlo.

La mano es lo más fácil. Lentamente, levanto la mano de su pecho desnudo. Maldita sea, ¿por qué tiene que dormir solo con pantalones cortos? Su pecho bien esculpido pide a gritos que una amante lo acaricie y, por desgracia, esa no soy yo. ¿Por desgracia? Sé realista, Ivy, ese hombre te odia.

Retiro el brazo lentamente sin despertarlo. Ahora, la pierna. Por desgracia, cualquier movimiento, por leve que sea, lo pone aún más duro. ¿Esto es lo que llaman erección matutina?

Intento apartar la pierna de la suya, pero justo cuando estoy a punto de desenredarme por completo, Damien desliza la mano hasta mi cadera y me inmoviliza. Me quedo paralizada. Sigue dormido. Intento zafarme de su agarre, pero me sujeta aún más fuerte.

—Un movimiento más y no respondo de lo que haga —dice con los ojos todavía cerrados. Está despierto. ¿Me ha estado observando todo este tiempo?

—Necesito levantarme —protesto, pero es como si hablara a la pared.

—Un minuto más —murmura.

¿Lo sabe? Debe de pensar que soy otra. Si no, no sería tan juguetón conmigo. El pensamiento me deja un sabor amargo en la boca.

De repente, estar tan cerca de él ya no resulta tan tentador como antes.

Forcejeo de nuevo para salir de su abrazo, mucho más enérgicamente esta vez, pero en lugar de liberarme, Damien se mueve, me empuja hacia abajo y se coloca encima de mí.

Me aprisiona las manos entre las suyas y las clava en la almohada, por encima de mi cabeza.

Su erección presiona ahora contra mi pantalón de pijama.

No sé si dar las gracias o echarle la bronca a mi yo de ayer, que pensó que el pijama era una gran idea.

—He dicho un minuto más —gruñe.

Me pierdo en el profundo pozo de sus ojos grises. A nadie debería permitírsele ser tan guapo. Nadie debería tener unos ojos tan perfectos, una nariz tan perfecta y una boca tan perfecta como las suyas.

Concéntrate.

—Ya es de día. —Las palabras me salen como un susurro entrecortado, sin pretenderlo. Él sonríe. ¿O es una sonrisa burlona? No sabría decirlo. Estoy demasiado aturdida por su polla contra mi coño como para pensar con claridad.

—Pareces un poco alterada. ¿Soy yo?

¡Sí! —No. Es solo que… —exhalo y aparto la mirada—. Es solo que…

—¿Tarde? ¿Para el trabajo? No tienes nada que hacer.

Trago saliva. —Sí que tengo. Hay una llamada que tengo que hacer.

—Mentirosa. —Baja la cabeza un poco. Tiene los ojos clavados en mis labios—. ¿Por qué mientes siempre? —Su voz es más baja que un susurro y su aliento me acaricia los labios. El estómago me da un vuelco. Se inclina, y estoy segura de que va a besarme cuando oigo la puerta abrirse de golpe.

—¡Estoy listo! ¡Estoy listo! —Los pasos de Lake se acercan a la cama mientras entra corriendo. Me quedo paralizada, preguntándome qué diría si me viera en la misma cama que Damien.

Intento zafarme del agarre de Damien, pero me aprisiona en su abrazo y se niega a soltarme.

El edredón nos cubre, pero preferiría enfrentarme a Lake estando al lado de Damien que debajo de él.

En el último segundo, Damien me suelta y me deslizo junto a él justo cuando Lake se planta al lado de Damien.

—Buenos días, campeón. —La voz de Damien suena serena e imperturbable, como si esta escena fuera lo más normal del mundo.

Lake endereza el cuello de golpe, como hace siempre que mete la pata o se olvida de alguna norma social. —Buenos días, tío, ¡quiero decir, papá! Estoy listo para ir a Disneyland. —Frunce el ceño cuando me ve por primera vez—. ¿Qué haces en la cama de papá?

Damien se desliza detrás de mí y me atrae hacia su pecho. —Mamá y yo dormimos ahora en la misma cama. Como todos los padres.

Lake frunce el ceño, se encoge de hombros y asiente. —Entonces, ¿cuándo nos vamos?

—¿Te has bañado siquiera? —Le examino la ropa. Lleva su camiseta favorita de Spiderman y los pantalones azules que le gusta ponerse con ella, pero todo está torcido.

Se pone rojo como un tomate. —Eh… ¿me lavé la cara?

—Eso no basta. Tienes que darte un baño completo. Y además, hoy no vamos a ir a Disneyland. Tu padre tiene trabajo.

A Lake se le cae la cara al suelo, y se me encoge el corazón.

—Podemos ir mañana. —Damien se inclina, coge a Lake y lo sienta sobre las sábanas, entre nosotros—. Tendremos todo el día para nosotros solos.

—No hace falta que te molestes. Puedo llevarlo yo. —Por mucho que Lake quiera estar con Damien, preferiría ir sola con Lake y no tener que lidiar con la presencia de Damien.

Me fulmina con la mirada. —Lo he traído para pasar tiempo con él, y eso es lo que voy a hacer.

◆◆◆

Disneyland es el paraíso para Lake. Damien se vuelca y reserva un tour VIP para nosotros, lo que significa que podemos saltarnos las colas de la mayoría de las atracciones y disfrutar del mejor trato de primera clase que el Ratón tiene que ofrecer.

Lake no para de sonreír ni de hacer ruiditos de asombro ante casi todo.

Incluso yo tengo que admitir que se lo está pasando en grande.

Damien también se ha portado bien y ha cumplido su palabra.

No se muestra tan altivo y condescendiente como esperaba, sino que disfruta de la alegría de Lake tanto como lo haría cualquier padre.

La única que no está disfrutando de este viaje soy yo, y la culpa es de Damien.

Me ha resultado difícil ignorar su presencia ahora que no solo hemos pasado la noche juntos, sino que además tenemos que pasar todo el día a su lado.

Esta mañana, igual que el día anterior, volví a despertarme en sus brazos.

Y esta vez, los tenía envueltos alrededor de mí.

Era demasiado acogedor para mi gusto. Demasiado acogedor y demasiado sensual.

Demasiado íntimo, como si fuéramos pareja.

Aunque no pasó nada entre nosotros durante la noche, mi cuerpo anhelaba que me hiciera suya.

Me sentí como si volviera a tener diecinueve años, suspirando por un hombre al que le importaba poco.

Un hombre con el que fingía ser una familia.

Si las noches son difíciles, los días lo son aún más. Al menos por la noche no tengo que pensar en lo guapo que es. En lo bien que se porta con Lake. Todo se complica mucho más cuando me sonríe cada vez que Lake hace alguna de sus gracias.

Disneyland ha sido una tortura. Damien camina a mi lado todo el rato, y a veces me sorprende cogiéndome de la mano. Cada vez que lo hace, siento un hormigueo en la palma y necesito toda mi fuerza de voluntad para no dar un respingo. Tengo que recordarme que lo hace por Lake. Todo es mentira.

Cuando entramos en una atracción a oscuras, la última del día antes del espectáculo de fuegos artificiales, me alivia un poco que esto esté a punto de acabar.

Como en la mayoría de las atracciones anteriores, conseguimos los asientos delanteros, y mientras nos dirigimos hacia ellos, un grupo de niños me empuja al pasar.

Pierdo el equilibrio, tropiezo, y estoy a punto de estamparme contra el suelo cuando siento un brazo rodeándome la espalda que me levanta y me atrae hacia un abrazo.

Mi cabeza choca contra el pecho de Damien. Su colonia a madera de pino me embriaga los sentidos y me envuelve por completo.

—Lo siento —murmuro mientras se me encienden las mejillas de vergüenza.

Me suelta y deja que me incorpore sola.

—Mira por dónde pisas.

Es un momento breve, pero mi cuerpo no se recupera en todo el recorrido.

Si acaso, soy aún más consciente de su presencia.

Mientras navegamos por un río viendo a los animatrónicos cantar y bailar, la pierna de Damien roza la mía.

No sé por qué pensé que ponerme vestido sería buena idea, porque noto sus piernas enfundadas en vaqueros con mucha más intensidad de la que sentiría si yo también llevara unos.

En un momento dado, la atracción gira bruscamente y acabo en sus brazos de nuevo. Sin darme cuenta, le agarro la camisa y me aprieto contra su pecho firme.

—Cuidado —dice con voz más ronca de lo habitual.

—Lo siento.

Le suelto la camisa, me enderezo en el asiento y me aparto de él todo lo que puedo. Deberíamos haberle dado a Lake el asiento del medio. Pero él quería verlo todo y en cuanto subimos a la atracción, corrió hacia el extremo derecho.

Me concentro en Lake e intento ignorar a Damien todo lo que puedo durante el resto del recorrido. Cuando nos detenemos, salgo del asiento lo más rápido posible, necesito alejarme para calmarme.

—¡Ahora toca el espectáculo de fuegos artificiales!

Lake prácticamente salta del asiento y sale disparado del vagón.

Damien le coge la mano a Lake y luego la mía. Una vez más, siento un hormigueo en la palma. No soy una colegiala, por el amor de Dios. Soy una mujer hecha y derecha.

¿Pero mi cuerpo lo sabe? No. Sigo reaccionando ante él como si fuera una adolescente con las hormonas revolucionadas.

Seguimos al guía hasta donde mejor se verá el espectáculo, todavía de la mano.

Queda poca luz del sol y la mayor parte de la gente se dirige hacia las salidas o hacia los fuegos artificiales.

Lake va dando saltitos delante de nosotros mientras paseamos por el camino iluminado con farolas de estilo parisino.

El ambiente es romántico si ignoras a los niños con diademas de Mickey Mouse, disfraces de princesas y trajes de superhéroes. Intento soltar la mano de Damien, pero él me la sujeta con firmeza.

—No creo que Lake tenga ojos en la nuca —susurro.

Damien se ríe entre dientes.