El abismo Turquesa
© inepub.com
Prólogo Sobreviviendo a la altura y sobretodo al abismo
E l fin del mundo no llegó con el estruendo de una guerra ni con el fuego caído del cielo. Llegó con el agua, avanzando en un proceso lento, pausado e implacable. Un gigante antiguo que despertaba de un sueño de siglos para reclamar lo que siempre fue suyo.
A más de cuatro dos mil metros de altitud, donde el aire es escaso y el frío cala hasta los huesos, Esteban y Camila observan cómo el horizonte pierde sus límites.
Abajo, el mundo que conocieron —las ciudades costeras, los valles, los caminos trazados por la humanidad— yace bajo un manto de silencio espeso y una neblina de tonos púrpuras.
La naturaleza ya no es un refugio; es una sentencia.
En manos de Camila, apretada contra el pecho como el único vestigio de cordura en medio del caos, descansa una libreta turquesa de pasta desgastada.
Un cuaderno que durante más de sesenta años fue considerado el desvarío infantil de dos niñas del sur de Chile: María, una joven apasionada por las letras, y Elena, una niña visitada por visiones que desafiaban toda lógica física y temporal.
Pero el tiempo se ha agotado. Las tres llamadas del abismo ya han resonado en las entrañas de la Tierra, el mar ha dejado de ser un espejo para convertirse en juez, y el último párrafo de la profecía —aquella que habla de un cielo color naranja — ya ha comenzado a desplegarse.
Esta no es solo la historia de cómo la Tierra se sacudió a la humanidad como si fuera una plaga.
Es la memoria de un pacto silencioso entre dos amigas, la travesía de quienes buscaron refugio en las cumbres del Valle del Elqui y el registro del día en que el destino dejó de ser un misterio... para convertirse en una trampa.