Efímero (Efímero 1) IV
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IV

LLAMADA PERDIDA

Jueves,2 de Septiembre 2021

¿Sabes esa sensación de cuando lloras demasiado y tus ojos pierden visibilidad hasta el punto de ver borroso, como si condujeras en medio de una lluvia intensa y no accionaras el parabrisas para poder ver?

Es lo que pasa cuando lloras demasiado. Los objetos se desdibujan y te sumerges en otra fantasía. El dolor sigue ahí. Es una constante que no te deja avanzar y te recuerda, una y otra vez, lo que ha pasado solo para que creas que te ha vencido.

Pero sé que debo hacerlo. Lo que voy a hacer ahora es quizá algo que debería haber hecho hace tiempo: bloquearte como contacto y borrarte como persona.

¡Sorpresa, Victoria! ¡Al final todo resultó ser mentira! ¡Te equivocaste de persona!

Y aún te preguntarás: ¿por qué? Aún querrás negar lo que mis ojos han visto hoy.

Aún querrás decir que ese no eras tú, sino otro que se te parecía.

Pero no. No voy a creer ninguna de las excusas que quieras que crea.

No voy a ser tan estúpida de ir detrás de ti y hacer como que todo está bien, como si no hubiera visto nada, porque estaría engañándome.

La estabas besando. Eso es lo que vi. La besabas como si nada.

Como si hace unas horas no hubieras hablado conmigo y me hubieras dicho "te quiero".

Como si ella fuera lo más importante para ti y yo no existiera.

Ni siquiera te ha importado la presencia de tus amigos para comerle la boca de esa manera.

Y no era un beso cualquiera, no. Era un beso de esos en los que se nota que has practicado lo suficiente como para saber que no era el primero.

¿Esa es tu forma de besar? Porque, si es así, es muy distinta a la forma en que pensé que me besarías a mí.

Aunque quizá estaba equivocada con tu forma de ver el amor.

No sé hasta dónde habrás llegado con ella, ni quiero saberlo.

Aunque, por cómo vi que te besaba y demás, yo diría que a bastante.

Cosa que me sorprende, viniendo de ti. Creía que eras diferente al resto de chicos, pero ya me has demostrado que no.

Sea lo que sea que tengáis, espero que os dure para siempre, porque yo no estoy dispuesta a quedarme para averiguarlo.

¡¡Qué detallazo, Andrew!! La estancia aquí ha sabido a poco y a nada a la vez.

Podría haberme ahorrado el trayecto hasta Glasgow y haber elegido otro destino de Escocia.

Pero, como creía que aquí iba a tener todo cuanto había soñado, de repente me he encontrado con que, más que una novia, lo que necesitabas era una sujetavelas que te adornara las citas con esa. Sí, esa iba a ser yo para ti.

Ah, casi se me olvidaba lo más importante: gracias, en parte, por no haberte dado cuenta de que estaba ahí. De lo contrario, no sé cómo hubiese reaccionado delante de tu novia y tus amigos. Claro que tú lo hubieras disimulado muy bien y la que habría quedado en evidencia habría sido yo.

Así que paso. Paso por completo de ti. Ya no podrás llamarme, y eso será lo mejor.

***

Estoy caminando por el pasillo de los apartamentos.

Me interesa saber mucho acerca de los nuevos, y ver qué tipo de personas son; saber si son de mi edad, si van a ir a mi instituto, qué hacen habitualmente cuando nadie los mira en la intimidad, y tener controlados a los que son más veteranos, ya que, por mucho que los conozcas,

siempre te sorprenden con algo que desconocías.

Hace un momento estaba en el piso de Chandler.

Quería saber si estaba interesado en quedar este fin de semana para ir a los recreativos.

He aceptado, pero, como siempre digo, la vida son imprevistos y, por ello, si surge un plan mejor, he de anular el anterior o posponerlo.

Aunque esta vez intentaré no fallarle, como el otro día que me quedé absorto mirando la vida de una chica que me mandó una solicitud por Snapchat y, en consecuencia, di con su cuenta de Instagram.

¿Es esa la chica de la otra vez? Juraría que sí. ¿A dónde va? ¿Se dirigirá a su apartamento o saldrá por la próxima puerta? No pienso quedarme aquí de pie de brazos cruzados. ¿Cuál es tu nombre? ¿Qué has venido a hacer aquí?

La sigo, y va muy apresurada. Por la expresión de su cara, me parece desanimada. ¿Qué le habrá pasado? ¿Quizá este lugar no era lo que ella esperaba? ¿Le habrá acompañado alguien o está sola?

Yo no recuerdo haber visto a nadie cuando posé mi mirada sobre su ventana. Ayer por la noche la vi cenando en el salón un plato de comida rápida que no parecía que fuese a compartir con alguien.

Tengo que saber qué le pasa. Iniciar conversaciones se me da bien, así que puedo inventarme cualquier excusa y, ya de paso, me presento.

Con suerte, indago más sobre su vida y me cercioro de que vive sola. He de elegir el atuendo adecuado. No quiero parecer un sofisticado de la moda ni tampoco un friki de biblioteca. Con algo corriente me bastará para parecer de lo más normal y darle la suficiente confianza.

Al fin y al cabo, somos jóvenes. ¿De qué, si no, podríamos hablar?

Sé que mamá ya me advirtió que no lo volviera a hacer.

Que no volviera a espiar ni a entrometerme en la vida de las personas, especialmente en la de las chicas que me gustan.

El incidente que pasó en Londres, con Michelle McGuire, fue un antes y un después.

Por lo menos, me dio tiempo de huir mucho antes de que ella me denunciase a la policía.

Fue un error, uno bastante grave que casi marca mi vida.

Esta vez he de actuar en la sombra. Nadie ha de intuir lo que estoy haciendo, ni siquiera ella.

Bajo ningún concepto he de dejar rastro.

Así que, primero que nada, debo hacerme su mejor amigo.

Solo estoy a tres puertas de ella, puesto que la suya es la número veinticuatro de la tercera planta en la que ambos nos alojamos.

Mierda. Justo ahora me tiene que llamar mi madre, cuando por fin decido ir a presentarme. Bueno, ya volveré en otro momento.

Hazme un favor: no te vayas de la residencia.

***

Han pasado ya unas horas desde el encuentro de esta mañana, y solo puedo decir que no he deseado más largarme a mi casa en toda mi vida.

¿Debería hacerlo? Apenas acabo de llegar, y tirar todo por la borda precipitadamente sería un suicidio.

Está decidido: tengo que quedarme, aunque eso suponga encontrarme con él.

De todos modos, siempre he querido venir aquí.

Y luego están mis padres… ¿Qué pensarían de mí? Pensarían que su hija se ha vuelto loca de remate, que ha perdido el norte… y todo por un chico. ¡Y qué chico! Ay, si vosotros supierais… Tal vez no me hubieseis dejado venir.

Tendré que fingir con vosotros como sea. Esquivar cualquier pregunta referida a Andrew y… seguir con mi vida, que por ahora no está siendo demasiado fácil.

Boba. Eres una boba, Victoria Martin. ¿Cuántas veces dudaste y tú misma te negaste a ver esa realidad?

¿Cuántas veces te mantuviste despierta por ese chico que ahora sueña con otra que no eres tú?

¿Cuántas veces te cuestionaste si no serías una estúpida y decidiste que te querrías más a ti?

¿Cuántas veces te prometiste que no dejarías que nadie te hiciera daño?

Fueron muchas, sin duda, pero es que él no me daba las vibras de ser lo que ha resultado ser. Él era perfecto como él solo sabía serlo.

¿Qué has hecho con todo lo que yo sentía? ¿Quién te ha dado permiso para olvidarte de mí tan pronto y refugiarte en los brazos de otra?

Y no, no son celos. Es rabia. Es humillación. Es Andrew. Solo es él.

¿Por qué dueles tanto, Andrew, ahora que te tengo tan cerca? ¿Por qué has dejado que me enamorara de ti? ¿Por qué yo te he creído desde el principio?

Y lo más difícil: ¿por qué sigues confundiéndome?

¿Tanto poder tienes sobre mí que te gusta verme así?

Anoche me decías que me querías, que solo éramos nosotros y el resto no importaba.

Ahora resulta que yo soy el resto, Andrew. Lo que te sobra y no quieres tener cerca de ti. Lo que te impide ser como eres: falso y jodidamente atractivo. Esa es la verdad que sé de ti.

Tus otros adjetivos positivos, que yo tanto apreciaba, se han ido borrando de mi mente por segundos. Ya no te veo como ayer. Y ya no sé si te siento. Todavía sigo en shock.

Estoy en el pequeño apartamento que adquirí por 500 libras al mes. Se trata de un acogedor inmueble de apenas cuarenta metros cuadrados. Suficientes para mí.

Yo misma lo elegí meses atrás, cuando todo parecía que jugaba a mi favor. Incluso me había imaginado a mí misma contigo, pasando el tiempo en él en algunas de nuestras citas.

Tardes de cine, horas de estudio y cenas interesantes sin apenas talento culinario. Pero eso hubiera dado igual. Todo lo que yo deseaba era estar con el chico de mis mensajes: mi Andrew Lowell.

Ya todo eso se ha esfumado de la lista “Cosas que haremos juntos” y se ha añadido a la lista “Cosas que no haremos jamás”.

Así de drástica me siento, en medio de esta pequeña estancia donde solo pueden arroparme unas largas y gruesas cortinas que cubren las ventanas y apenas dejan ver el cielo gris de Glasgow.

Viernes, 3 de Septiembre 2021

Intento distraerme con la página web del instituto. Concretamente, con las inscripciones a talleres o clubes que el centro proporciona para los estudiantes.

¿Por qué solo se pueden elegir tres? Me parece injusto. Aunque la variedad de asignaturas es mejor que en España. No me puedo quejar.

La fotografía será mi primera opción. Siempre me ha gustado sacar fotos a papá y a mamá cuando están desprevenidos. Al igual que los vídeos caseros, son todo un clásico que todavía sigo haciendo.

Recuerdo que, cuando cumplí diez años, me regalaron mi primera cámara. Una Polaroid. Ese mismo día no dejé de hacer fotos hasta vaciarla. Fotografié casi todo, como si fuera una recopilación de cada objeto de mi casa. No estuvo mal. Aún conservo las fotos de ese día.

Ahora que lo pienso, todavía no he hecho ninguna desde que aterricé del avión.

Solo tengo dos. Una es de la ventanilla justo cuando sobrevolábamos Inglaterra (que, por cierto, se veía enana), y otra después de que acabase de ver la película Amanece en Edimburgo.

Otro dato curioso: no íbamos allí, sino a Glasgow.

En la segunda foto quería captar las nubes pomposas que se aproximaban a las alas y se dispersaban por el viento.

Parecía como si estuviésemos sumergidos en un batido de nata.