51 ARYA
Despierto, envuelta en los brazos que son mi único refugio seguro en este mundo. El frío del piso de la cocina ha sido reemplazado por un calor intenso, casi febril.
Tardo un segundo en enfocar la mirada a través de la bruma del desmayo; Liam está ahí, de rodillas en el suelo, sosteniéndome como si fuera un tesoro, su tesoro. Sus dedos recorren mi rostro con una devoción tan pura que me corta el aliento.
—¿Volviste? —susurro, y mi propia voz me suena ajena, quebrada por un nudo de angustia que empieza a disolverse.
—Siempre volveré a ti, dulzura. Siempre. —Es una promesa sellada en su mirada azul, ahora inyectada en sangre por el cansancio y la furia contenida. Veo el rastro brillante de las lágrimas en sus mejillas, algo que nunca pensé presenciar en un hombre como él.
—¿Qué pasa, Liam? ¿Por qué lloras? —Le seco la humedad con la yema de los dedos. Él no se aparta; al contrario, presiona su rostro contra mi mano, cerrando los ojos como si mi tacto fuera su única medicina.
—Es de felicidad, bebé. —Su sonrisa, aunque cansada, me devuelve la vida—. Te amo tanto.
Es ahora o nunca. El miedo a perderlo me da el valor que me faltaba para luchar por lo que hemos construido entre cenizas.
—Liam, yo... —Lo miro directo al alma, sin secretos—. Yo te amo. Mucho. Lo que pasó ese día con mi padre...
—Shhht, no digas nada. Ahora lo sé todo.
—Me calla con un beso suave, lento, que sabe a perdón—.
Fui un idiota. El mayor de todos. Solo puedo rogarte que me perdones por haber dudado de ti.
No te merezco, ni a ti ni a nuestra hija, pero te juro que haré que cada segundo de mi existencia valga la pena.
Déjame cuidarte. Déjame vivir para cumplir tus antojos y los de ella.
Asiento, sintiendo una bandada de mariposas revolotear en mi vientre, como si nuestra hija también celebrara su regreso. No es un sueño; el peso de su cuerpo y la firmeza de su voz me confirman que el infierno ha terminado.
***
Esa noche duermo profundamente, pero una sombra persistente me persigue en sueños.
A la mañana siguiente, la luz del sol entra con demasiada fuerza por el ventanal del departamento.
Una llamada de Aron rompe la calma del desayuno.
Veo a Liam acercarse después de colgar y su expresión, tensa y sombría, me pone en guardia de inmediato.
—Bebé, necesito que te sientes —dice, extendiendo sus manos hacia mí.
—¿Qué está pasando, Liam? No me pidas que me calme, porque con esa cara no lo vas a lograr. Habla ya. —Él me rodea con fuerza, suspirando contra mi pelo, aspirando mi aroma como si buscara fuerzas para lo que tiene que decir.
—No sé por qué intento pedirle calma a una fuerza de la naturaleza como tú. Pero supongo que por eso me enamoré perdidamente de ti.
Me carga al estilo nupcial, una costumbre que se ha vuelto su forma favorita de moverme por la casa, y me acomoda en su regazo en el sofá. Pongo una mano en su pecho, sintiendo su corazón golpear contra mi palma .
—Anoche, Aron me llamó porque un hombre entró a BLAKE sin permiso. Cuando llegué... —Hace una pausa, buscando aire, como si el recuerdo todavía lo asfixiara—, no solo estaba tu padre en mi oficina. Bonnie estaba con él. Ella le dio los códigos, ella lo ayudó a entrar.
—¿Qué? ¿Mi padre? ¿Por qué haría algo así?
—Estaba borracho, Arya. Quería que yo perdiera el control. Quería que lo matara ahí mismo, frente a ti, para demostrarte que soy el mismo monstruo que él. Quería que dejaras de amarme al ver mis manos manchadas con su sangre.
—Liam, por Dios... —Entierro la cara en su cuello, temblando al imaginar lo cerca que estuvimos del desastre—. Yo solo quería justicia para ti, no esto.
—Lo sé. Me dijo cosas que me hicieron explotar, pero entonces... me llamaste. Tu voz me salvó. Tú y nuestra hija me trajeron de vuelta del abismo justo a tiempo.
Lo abrazo con todas mis fuerzas, aferrándome a su cuerpo sólido. Me explica que Aron llamó a la policía; ahora ambos están detenidos por allanamiento y robo de propiedad intelectual.
—¿Qué va a pasar con él? —le pregunto, temiendo la respuesta.
—Lo que tú quieras, bebé. La decisión es tuya.
—Mi padre no está bien, Liam. Quizás la cárcel sea el único lugar donde se vea obligado a rehabilitarse. Necesita pagar por lo que hizo hace diez años. No puedo seguir protegiéndolo de las consecuencias.
—Voy a declarar —Asiente él con firmeza—. Presentaré su confesión y las pruebas que he recolectado desde el accidente. A pesar de mi perdón personal, él necesita enfrentar la ley de los hombres. —Asiento con un dolor en el pecho. Es lo correcto.
—¿Me perdonas por intentar ayudarlo a escondidas ?
Liam se ríe con esa suavidad que solo reserva para mí, besando mi frente.
—No tengo nada que perdonarte, Arya. Al contrario, te agradezco por perdonar la forma tan oscura en la que empezamos y por darme una vida real a tu lado.
***
Dos meses después
La audiencia final ha terminado. El ambiente en el juzgado es pesado, cargado de un olor a papel viejo y solemnidad.
Mi padre, visiblemente más delgado y sobrio por primera vez en meses, se declaró culpable de todos los cargos.
Recibió una condena de 25 años. Eso significa que, a su edad y con su salud, tal vez nunca vuelva a cruzar esa puerta como un hombre libre.
Me duele el pecho, una punzada de nostalgia por el hombre que solía ser, pero todo en mi interior me dice que esto es lo correcto. Sé que su encierro no devuelve las vidas que quitó aquel día, pero es justicia.
—Papá —susurro frente a él antes de que los oficiales se lo lleven. Él baja la mirada hacia mi vientre de cinco meses, que ya es una curva prominente bajo mi abrigo.
—Lo siento, Ary. Por todo.
—Yo también, papá. —Lo abrazo por última vez, sintiendo el metal de las esposas entre nosotros—. Recupérate ahí dentro. Hazlo por ti. Tu nieta necesitará conocer a su abuelo algún día, y quiero que conozca al hombre bueno que alguna vez fuiste.
—Sé que estás en buenas manos —me dice con una sonrisa triste—. Ese día en su oficina, a pesar de mi borrachera, vi cómo le brillaban los ojos al hablar de ti. Me perdonó no por debilidad, sino porque lo que tiene contigo es mucho más grande que su odio.
Esa es toda la verdad .
Liam me espera afuera, apoyado contra su auto; sé lo difícil que ha sido para él remover estas cenizas, pero al verlo, no puedo evitar darle gracias a la vida por ponerlo en mi camino.
Venganza o no, ahora lo tengo todo.
***
Tres meses más tarde
—¿Qué quiere comer la pequeña princesa hoy? —pregunta Liam, rodeando mi cintura desde atrás. O lo que queda de ella.
Estamos en una de nuestras noches de cita. El tiempo ha volado y faltan solo cuatro semanas para que Emma llegue al mundo. A veces siento que mi cuerpo ya no me pertenece; camino con dificultad y me canso por el simple hecho de existir.
—No me lo vas a creer. —Tomo su mano y la guío hacia el lugar donde Emma acaba de dar una patada—, pero tiene un antojo criminal de pizza con piña.
Pongo ojos tiernos y noto cómo su mirada baja a mi escote, a mis pechos hinchados y sensibles bajo el vestido de seda.
—Es la cuarta vez este mes, bebé. Me vas a convertir en un hawaiano. —Bromea, aunque ya está tomando las llaves del auto.
—La bebé quiere, Liam.
—Y lo que la bebé quiere... la bebé lo consigue. Siempre.
Llegamos a nuestro lugar favorito, ese al que Liam me trajo en lo que creo fue nuestra primera cita oficial.
Pedimos la pizza con piña, jalapeños y tocino.
Liam no deja de observarme durante toda la cena, con esa mezcla de protección y posesividad que ahora me hace sentir amada en lugar de asfixiada.
—¿Cuándo dejarás de ir a la oficina, Arya? Me preocupa que te muevas tanto en este estado .
Pongo los ojos en blanco, divertida.
—Liam, amor, eres un hipócrita de primera clase. Si tanto te preocupa mi esfuerzo físico, ¿por qué todas las noches me haces el amor como si el mundo se fuera a acabar mañana?
Liam se pone de un rojo intenso, una mezcla de sorpresa por mi franqueza y deseo puro que enciende sus ojos.
—Te has ganado unos azotes por hablarme así en público, dulzura. Y por hacer esos ruidos al comer... parece que me estuvieras devorando a mí en lugar de a la comida.
—Promesas, promesas... —Lo provoco, lamiendo un poco de salsa de mi labio inferior.
Él suelta un jadeo corto, saca un puño de billetes y los arroja sobre la mesa sin siquiera contar el cambio.
Me carga de nuevo, ignorando las miradas de los otros comensales, y me lleva al auto.
Pero esta vez no me deja en el asiento del copiloto.
Abre la puerta trasera y se mete conmigo, dejando el mundo afuera.
—¿Liam? ¿Qué haces? El restaurante está ahí mismo...
—No voy a aguantar el trayecto a casa. Necesito que te vengas sobre mi pene ahora mismo, Arya.
Sin esperar respuesta, me levanta el vestido, rompe mi ropa interior con una urgencia que me humedece al instante y libera su hombría palpitante.
Me posiciona a horcajadas sobre él, cuidando mi vientre.
Tomo el control, marcando el ritmo, rebotando sobre él mientras sus manos grandes aprietan mis caderas con fuerza.
Me vuelvo loca bajo su mirada oscura, devoradora. Me vengo con un grito sofocado contra su cuello y él me sigue segundos después, llenándome de su calor y cada gota de su esencia.
Esto es solo el principio. Aún nos queda el resto de la noche, la llegada inminente de nuestra pequeña y el resto de nuestras vidas.
Pero por ahora, en este asiento trasero, el mundo es, por fin, perfecto.