Epílogo #2
El hombre de cincuenta años me mira, para tener esa edad, se cuida mucho y se ve más joven. Es increíble como pude crear una amistad con él, la cual extraño cada día, pero aún sigue presente la espina de su engaño.
—Veo que aún no me perdonas —se lamenta Conrad, dando un sorbo de su trago. Se queja por el escozor y traga.
Niego con mi cabeza.
—Sabes, Akın, al año de haberte conocido ya no quería seguir con el caso, no parecías un hombre que iba estafando a la gente. No te veía en eso, creo que solo dos veces enviaste hombres a golpear, una de esas fue al ex de Melissa. —Él se ríe—. Para ser sincero, se lo merecía.
—Aquí están sus tragos, señor —dice el bartender, entregándome el trago de Hakan y el mío.
—¿Puede llevarlos a aquella mesa, por favor? —le pido, por alguna razón quiero seguir hablando con Conrad.
—Sí, señor.
Miro de nuevo a mi examigo.
—Ya no pensaba en tu caso, sino en los hermanos Erdem, eso era más importante, cuando empezaron a meterse contigo, todo cambió de dirección. Iba tras ellos, por eso seguí trabajando para ti.
Recuerdo una vez que él dijo que renunciaría, pero al día siguiente, cuando tuve la reunión con Yıldırım y los Erdem, él siguió trabajando como si nada. Todo tiene sentido ahora.
—Fui tu gallina de los huevos de oro.
—Fuiste la persona quien nos llevó a los mafiosos más buscados de Turquía —corrige, bebiendo más de su vaso—. No tenía malas intenciones, Akın. Mi amistad fue sincera.
—¿Sabías lo de Melek?
Él niega.
—No, solo ayudé con las cuentas de su mamá, me acordé que una vez mencionó algo sobre eso.
—Da una pausa para respirar hondo y seguir—.
Cuando Melissa habló conmigo, pidiendo que por favor te ayudara, ahí me di cuenta que ya no podía seguir faltando a mis creencias y valores, no podía dejar a un lado los años de amistad contigo. Tú me enseñaste de lealtad, y te fallé.
No digo nada, solo dejo que se exprese. Quizás, así pueda entender todo lo que no entendía hace un año.
—No podía seguir así, es por eso que busqué información y las llevé a la estación. Te pudo ayudar un poco.
Sacudo mi cabeza, asintiendo.
—Gracias… por la ayuda.
—Te brindo un trago, al menos por los años de amistad —dice con una sonrisa ladeada.
Le hago unas señas a los chicos que están en la mesa, diciéndoles que ya voy. Acepto el trago de Conrad, hablamos un poco más y todo se fue dando. Dejamos las asperezas a un lado, él me habló de que quería retirarse de la policía. Por lo que terminé diciéndole que si quería trabajar para mí.
—Sería un honor, Akın bey.
—Sin trampas ni mentiras —pido, tocando su hombro en forma amigable. Él menea su cabeza.
—Esta vez será con compromiso y lealtad. Eres el mejor amigo que he tenido en la vida, Akın. No voy a volver a fallarte.
—Eso espero, buen amigo.
A la mañana siguiente, cuando desperté, me di cuenta de lo que había hecho.
Se lo comenté a Melissa y ella me dijo que el destino nos volvió a unir, que le diera un voto de confianza y trabajara con él.
Solo lo hice por Melis, quien me lo pidió.
Sin embargo, con el tiempo, todo fue mejorando.
Volvimos a hablarnos como siempre, el asistente que tenía se convirtió en el segundo al mando, más que todo para el trabajo, en cambio, Conrad era mi asistente personal de seguridad. Y mi gran amigo.
Él contesta el teléfono, inmediatamente llega a dónde estamos, Melis toma mi brazo con fuerza, haciendo presión en él.
—¿Se encuentra bien, Melissa? —le pregunta mi asistente, ella niega.
—Vayamos al hospital, Conrad.
—Sí, señor.
Él acerca la camioneta hasta el restaurante donde íbamos a comer, subimos a Melissa en él y nos dirigimos al hospital.
Allí la atienden, la revisan y la suben en una camilla para llevarla hasta la sala de parto. Está muy dilatada, la cabeza de la bebé está a la vista y eso empieza a mover a todo el personal de salud. No nos dejan ninguna otra opción. La bebé nacerá en cualquier momento.
Miro con nerviosismo a mi asistente, me muevo de un lado a otro.
—¿Akın Bozkurt? —pregunta una enfermera cubierta con ropa de quirófano.
—¡Soy yo! —exclamo acercándome. Ella me explica que si quiero entrar junto a Melissa. A pesar de que puedo desmayarme cuando entre, acepto. Me ayudan con los insumos necesarios. Finalmente veo a Melis intentando respirar con fuerza, tratando de hacer todo lo que le pide el doctor.
—Estoy aquí, mi amor —le digo, tomando su mano y besándola—. Tú puedes, cariño. ¡Vamos! Hadi, hadi!
Melissa es toda una guerrera, es el amor de mi vida, la mujer que con tanta fiereza está dando a luz a mi primera hija.
El tiempo pasa, seguimos en trabajo de parto; Melis suda, grita, llora, pero sonríe al verme. También me dice que me odia, y un sin fin de cosas más. Pero cuando el sonido del llanto de nuestra hija se escucha por todo el lugar, me doy por hecho.
Lágrimas se desbordan por mis mejillas cuando el doctor nos la muestra, se la aproxima a Melissa y le dice que es una hermosa niña.
—Nuestra bebé, Akın —susurra en un jadeo, está muy cansada. Sus lágrimas también recorren sus mejillas.
Veo a nuestra pequeña, su piel es tan rosadita, tiene abundante cabello y unas mejillas muy regordetas.
Es preciosa.
Es perfecta.
Es mi hija.
—¿Cómo la llamarán? —nos pregunta el doctor.
Miro a Melissa, sonreímos al mismo tiempo.
—Dilek —decimos en unísono.
—Dilek Bozkurt Deniz —anuncio, lleno de felicidad y amor.
Nuestra hija lleva el nombre de «Deseo», su significado lleva a que todo anhelo que quiera cumplir en su vida, estamos seguros que el universo se lo dará y que Allah siempre la cuidará.
Ella siempre será nuestro dulce deseo, el fruto de nuestro amor.
Tatlı dileğimiz.
Nuestro dulce deseo. Para siempre.