Dosis de Miedo (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 2) 45 ¿Qué estás haciendo?
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45 ¿Qué estás haciendo?

Harlow seguía por detrás al triste oso mientras este arrastraba los pies al salir del ascensor hacia el piso donde estaba su departamento.

Foxx había estado decaído durante los cinco días que pasó en el hospital, y el hecho de estar en casa no parecía animarlo.

Aunque… era posible que su actual desánimo se debiera a que era Nochebuena, y las enfermeras habían tenido la desfachatez de desearle feliz Navidad al irse…

Nah… ya estaba así desde antes. Y Harlow no tenía idea de qué hacer. No sabía cómo arreglar al solecito que tenía como compañero. No saber qué hacer le daba ganas de apuñalar algo o a alguien. No había nada aquí que apuñalar, así que… solo le provocaba más frustración.

Harlow se adelantó y abrió la puerta.

—Tu hogar —dijo.

Foxx alzó la mirada, con un puchero en el rostro.

—¿Todos los sacerdotes… van a desaparecer?

Harlow suspiró, guiando al vampiro hacia el interior antes de responder:

—¿Tenemos que hablar de eso ahora?

—Sí.

Puso los ojos en blanco y cerró la puerta. Dejó caer las bolsas en el suelo del pasillo, lo condujo hacia el clóset y empezó a quitarle las capas de ropa.

—Primero acomodémonos, y luego hablamos.

El vampiro se veía muy abultado con todo lo que llevaba encima.

Al parecer, un efecto secundario de sus hilos dañados era que tenía aún más frío de lo normal, además de estar extremadamente débil y sin energía.

Al menos las quemaduras estaban sanando bien.

Las de la espalda, el cuello, las manos y los pies ya no le dolían, aunque su piel seguía un poco decolorada.

En cuanto a las quemaduras en forma de cruz, algunas aún estaban sensibles, pero aparte de eso sanaban correctamente.

Eso sí, eran muy visibles, y lo serían durante un tiempo, razón por la cual Foxx mantenía cubierta con gasa la de su mejilla, incluso cuando ya no era necesario.

Foxx hizo un puchero al mirarlo.

—Tengo frío.

—Podemos subir la calefacción. Apenas puedes moverte con todo lo que traes encima —dijo lentamente mientras comenzaba a quitarle la bufanda.

El vampiro lo miró con molestia un momento y, al siguiente segundo, le mordió el brazo. Sus colmillos no perforaron la piel, pero los sintió.

Harlow lo miró con la cara en blanco, sin reaccionar.

—Eres todo un gato.

—¡NO SOY UN GATO!

Una risa escapó de los labios de Harlow ante la primera señal de chispa regresando al vampiro.

—Eso es lo que estaba buscando. Nada de esta mierda melancólica —dijo mientras terminaba de quitarle la bufanda.

Foxx arrugó la nariz.

—Perdón por no estar emocionalmente atrofiado como alguien que yo sé.

—Tengo emociones. Solo las uso con moderación. —Harlow se encogió de hombros y empezó a quitarle los guantes. El vampiro llevaba más de un par.

—¡Úsalas más!

—No tengo ganas. —Arrojó el último par al clóset, bajó el cierre del traje de nieve y le ayudó a quitárselo.

—Viejo molesto.

—Mocoso irritante. Levanta los pies —ordenó mientras se agachaba.

Foxx lo miró mal, pero levantó primero un pie y luego el otro, permitiéndole quitarle las botas y terminar de retirarle el traje. Harlow se enderezó y siguió quitándole capas.

Foxx frunció el ceño cuando Harlow le quitó el último suéter, dejándolo solo con varias capas de ropa interior larga.

—¿Qué estás haciendo?

Le quitó unas cuantas capas más antes de responder:

—Consolarte. —Con una media sonrisa, le quitó la última prenda superior, dejando el pecho de Foxx al descubierto.

Su sonrisa se tensó ligeramente al intentar no fijarse en las múltiples marcas de quemaduras en forma de cruz que cubrían su cuerpo.

Se extendían por todo su pecho. No era que le parecieran repugnantes; él mismo estaba lleno de cicatrices… era solo que lo enfurecían.

Abrazándose el pecho desnudo con un escalofrío, Foxx replicó:

—¡¿Cómo se supone que quitarme la ropa y hacer que tenga frío me consuele?!

Harlow frunció el ceño al darse cuenta de que el vampiro intentaba cubrir algunas de las marcas.

—¿Qué estás haciendo?

Foxx parpadeó.

—Eso… eso es lo que acabo de preguntarte —murmuró, confundido.

—Baja los brazos.

Foxx lo miró, con los ojos un poco más abiertos.

—¿Por qué?

—Porque no tienes nada que ocultar.

—Son… feas.

—Foxx, ¿crees que soy alguien a quien le importen las cicatrices?

—Tu expresión cambió.

Harlow suspiró, pasándose la mano por la mandíbula y la barba.

—No fue porque me parecieran desagradables. Bueno, lo son… ¡ESPERA! —exclamó cuando el rostro de Foxx cayó—. Antes de que te molestes, me refiero a que es desagradable lo que representan y cómo llegaron ahí. No que las cicatrices en sí se vean desagradables.

—Ni… ni siquiera sabes qué pasó —dijo Foxx en voz baja, evitando mirarlo.

—Sé, por lo que sé de ti, que la única forma en que ese sacerdote pudo hacerte todo eso fue porque no podías defenderte.

Eso me dice lo suficiente sobre la clase de persona que era.

Y tienes razón, mi expresión cambió. Pero no porque me repugnara verlas en ti.

Es porque me enfurecen. Todo esto me tiene jodidamente furioso, Foxx.

Foxx alzó la mirada, con los ojos ligeramente vidriosos.

—¿Por qué?

Harlow ladeó la cabeza.

—Porque te secuestraron y te hicieron daño, cuando no tenían ningún derecho a hacerlo.

Se contuvo de decir «porque eres mío». No sabía por qué, pero algo le decía que no debía hacerlo. También recordaba vagamente que Tony le había dicho que no podía reclamar a la gente como si fueran cosas. Algo sobre no tratar a las personas como si fueran de su propiedad…

Frunció el ceño cuando el vampiro se mostró confundido, lo que a su vez lo desconcertó a él. No entendía por qué su respuesta causaría eso.

—¿De verdad alguien tiene derecho a hacerle daño a otro?

—Sí —respondió sin dudar—. Hay personas que se merecen un puñetazo en la cara, o peor, si me preguntas a mí. Y no me digas que no piensas lo mismo.

Foxx soltó una risa suave.

—Supongo que tienes razón…

Harlow se aclaró la garganta y, con lentitud, bajó la mano. Sujetó suavemente las manos de Foxx y le apartó los brazos del cuerpo.

—Ninguna cicatriz me va a alejar. Te deseo.

Las mejillas de Foxx se sonrojaron levemente.

—¿De verdad? ¿Aunque esté roto?

—Estar intacto está sobrevalorado.

El vampiro tomó una respiración temblorosa, y cuando habló, una chispa regresó a su voz.

—Demuéstralo, viejo.

—Con gusto, mocoso —gruñó Harlow.

Lo alzó y estampó sus labios contra los de Foxx con brusquedad, invadiendo su boca y rozando sus colmillos. Foxx gimoteó suavemente y le devolvió el beso con la misma intensidad.

Foxx gritaba, con la mente completamente en blanco mientras Harlow embestía contra él una y otra vez desde atrás, con las manos firmemente sujetas a sus caderas.

Que su mente flotara era probablemente lo único que le impedía sentirse pegajoso, a pesar del semen salpicado por todo su cuerpo y de la cantidad que se escurría de su interior.

Pero Foxx estaba cansado. Su cuerpo simplemente yacía ahí, recibiendo todo lo que Harlow le daba, sin aportar mucho esfuerzo.

Se sentía tan lleno… lleno y agotado. No sabía si era por sus hilos dañados o porque Harlow había usado su culo como si fuera suyo durante las últimas horas. De cualquier modo, Foxx se sentía vivo.

—¡Ah, joder! —gritó cuando Harlow giró las caderas; su grueso miembro frotó su ya muy castigada próstata.

Harlow soltó una risa baja.

—¿Ya te vas a venir otra vez? ¿Tan pronto? Tienes más fuerza de voluntad que eso. ¿No, mocoso?

Foxx solo gimoteó en respuesta; ningún pensamiento coherente lograba formarse, salvo el impulso de protestar cuando el humano comenzó a disminuir el ritmo.

—Los sonidos que haces… son tan exigentes.

Foxx se estremeció cuando Harlow pasó la mano por su espalda y rozó una de las cicatrices en forma de cruz que, a diferencia de las otras, jamás desaparecería. La que tenía entre los omóplatos. El humano gruñó.

—Sabes… cuando veo esto… —Harlow presionó la mano con más firmeza sobre la cicatriz—. No puedo evitar preguntarme cuánto disfrutaste prenderle fuego a ese cabrón.

Le tomó un momento procesar las palabras entre la neblina de su mente, con Harlow aún embistiéndolo, pero al final lo logró.

—Fue divertido… ah… —Sus palabras se cortaron en un grito cuando Harlow aceleró el ritmo, cambiando el ángulo hasta golpear justo el punto correcto en su interior.

—Claro que fue divertido. Fue una retribución violenta en su máxima expresión.

Algo de lo que sé que disfrutas y que te excita.

—Foxx jadeó cuando Harlow deslizó la mano por debajo de él y tomó con fuerza su dura polla—.

Esa retribución es lo que deberías pensar cuando la toque.

Ese sacerdote ardiendo hasta morir. Su carne derritiéndose.

Sus gritos de dolor. Porque, joder, es lo que yo quería hacerles a todos los imbéciles que te secuestraron.

Sus palabras cargadas de violencia enviaron escalofríos por su piel ya sensible. Harlow comenzó a estimularlo, arrancándole más gemidos.

—Quería hacerlos sufrir a todos. Y a algunos sí los hice sufrir. Lamentablemente, solo pude dispararle una vez al cabrón que tenía tu sangre en sus manos. Pero antes de eso, torturé hasta la muerte a seis sacerdotes, Foxx. Solo por ti. Corté orejas, arranqué dientes…

Foxx gimió con fuerza cuando Harlow se inclinó sobre él. Sus embestidas se ralentizaron hasta frotar firme y constante su interior con su polla.

Con el calor del pecho del hombre presionando contra su espalda, oyó a Harlow susurrar en su oído:

—Les arranqué la carne y el músculo hasta dejar los huesos al descubierto.

La combinación de aquellas palabras violentas, el ritmo corto y firme, y la mano de Harlow estimulándolo fue demasiado. Foxx gritó cuando el orgasmo lo golpeó con fuerza.

Harlow gruñó en su oído mientras sus gritos de placer se transformaban en gimoteos. Volvieron con más intensidad cuando el humano soltó su miembro y sujetó sus caderas para embestir su agujero con fuerza otra vez.

Con la respiración agitada del humano junto a su oído, Foxx permaneció inmóvil, demasiado agotado para moverse, mientras Harlow lo follaba una y otra vez. Cuando el hombre finalmente alcanzó el clímax, Foxx volvió a endurecerse y gritó al mismo tiempo que él, con un orgasmo seco.

La habitación, que momentos antes estaba llena de sonidos de placer, quedó sumida en respiraciones pesadas.

Con el cuerpo tembloroso, Foxx trató de recuperar el aliento, a pesar de no haberse movido demasiado. Hizo una mueca cuando la polla ya flácida de Harlow salió de él y el hombre se recostó a su lado, cubriéndolo parcialmente.

Foxx permaneció en silencio un rato, escuchando el latido del corazón de Harlow.

Frunció el ceño cuando la respiración del hombre volvió a la normalidad antes que la suya.

Malditos hilos dañados. Se sentía débil como un gatito…

Cachorro, débil como un cachorro, se corrigió con terquedad.

Foxx se negaba a aceptar, bajo cualquier circunstancia, que fuera un gato. ¡Porque no lo era!

Su ceño fruncido se profundizó cuando Harlow besó su hombro antes de hundir el rostro en la parte posterior de su cuello. La barba del hombre rozó su piel con suavidad. El gesto fue tan delicado, tan distinto a él.

—Foxx… —murmuró Harlow. Su voz vibró contra su cuello.

—¿Mmm?

—Conseguí las grabaciones.

Foxx frunció el ceño.

—¿De qué?

Se estremeció cuando el humano soltó una risa baja y oscura.

—De cuando torturé a esos sacerdotes.

Una risa de puro deleite escapó de sus labios.

—Tienes grabaciones —dijo casi sin aliento. Su cuerpo reaccionó al solo imaginar lo que podría haber en el video.

—Mmm, cada gota de sangre derramada quedó capturada en alta definición. Esos sacerdotes gastaron una fortuna en sus cámaras de vigilancia.

Foxx se estremeció, gimiendo suavemente cuando su polla hizo un intenso esfuerzo para volver a endurecerse.

—¡Quiero verlo! Quiero verlo —exclamó.

Harlow soltó un gruñido bajo.

—Y lo harás. Después.

—Después —se quejó.

—Después, cuando puedas moverte y disfrutar cada gota de sangre derramada. Entonces te lo mostraré. Sería un desperdicio enseñarte algo tan estimulante cuando no puedes aprovecharlo al máximo.

Foxx arrugó la nariz mientras lo pensaba.

Harlow tenía razón. Ya se sentía exhausto, y eso apenas era la mitad del tiempo que solían pasar en sus maratones de sexo… Desperdiciar algo así sin poder disfrutarlo por completo sería un crimen.

—Después —aceptó—. Enséñamelo después. Por ahora… —Arrugó la nariz con disgusto al empezar a notar lo desagradable de estar cubierto de semen—. Límpiame.

Harlow soltó un resoplido.

—Tus deseos son órdenes, mocoso.