29 «Haciendo ejercicio»
Foxx se puso de pie desde su sofá. Haciendo una leve mueca de dolor, avanzó arrastrando los pies por el comedor hasta la cocina, donde Harlow se preparaba para hacer el almuerzo. Foxx torció el gesto al sentarse en una de las sillas acolchadas de color azul celeste de la isla.
Era el quinto día después de su cirugía, y el primero sin los analgésicos.
A Foxx le dolía todo. No un dolor horrible o incapacitante, pero sí lo suficiente como para maldecir a los doctores por no haberle dado más que unos pocos días de pastillas.
Había escuchado que esto era un problema: que sobreestimaban el tiempo de curación de un vampiro.
O más bien, los médicos humanos no comprendían del todo que, aunque el estado actual de su recuperación fuera visiblemente comparable al de un humano con la misma lesión en cierta etapa, eso no significaba necesariamente que el nivel de dolor fuera el mismo.
Los vampiros sanaban aumentando el flujo sanguíneo hacia la zona lesionada.
Lo cual, sí, les ayudaba a curarse más rápido, pero también llevaba sus terminaciones nerviosas al límite, haciendo que todo fuera mucho más sensible.
Harlow alzó la vista hacia él, con una lechuga en la mano.
—Veo que aún te duele.
—Más que eso —bufó Foxx.
Harlow hizo una mueca.
—Te diría que… al menos intentes pedir analgésicos mañana, pero no estoy seguro de que ese tipo te los dé sin amenazarlo. A menos que nos toque alguien distinto al imbécil con el que hablé por teléfono ayer.
—El idiota ni siquiera quiso hablar conmigo, así que no tengo mucha confianza en que vaya a escuchar algo de lo que diga.
—Ya, ese bastardo es arrogante… Al parecer, cree que lo sabe todo.
Me dieron ganas de dispararle, y eso que solo estaba escuchando por teléfono sus instrucciones sobre cómo quitarte las malditas vendas de compresión.
Y, siendo honesto, ni siquiera estoy seguro de que haya sido buena idea quitarlas ayer.
Por cierto… el mismo tipo me envió un correo diciendo que también debes empezar con ejercicios ligeros hoy.
Pero bueno, al menos ya tenemos nombre para el imbécil: el doctor Keeply Martin, según la firma de su correo… un especialista mundial en vampiros.
Foxx lo miró con desagrado.
—Suena exactamente como esperaba. Solo un humano que se hace llamar especialista mundial en vampiros tendría el descaro de decidir qué es lo mejor para un paciente que ni siquiera ha conocido en persona.
Y ni hablar de no molestarse en informarle al paciente lo que quiere que haga.
Para que lo sepas, le haré saber exactamente lo que pienso sobre su negativa a hablar conmigo por teléfono y sobre enviarte a TI la información acerca de MI recuperación.
Harlow esbozó una sonrisa de lado.
—No esperaría menos.
—Los vampiros tenemos nuestros propios médicos, ¿sabías?
Igual que otros paranormales. Pero, a diferencia de la mayoría, ir al hospital nunca ha sido realmente la mejor opción para nosotros.
No es que el gobierno haya facilitado que los médicos paranormales sigan ejerciendo.
Dado que sus juntas médicas humanas han hecho todo lo posible por rechazar cualquier solicitud enviada por alguien que no sea humano.
Muy amable de su parte limitar a dónde podemos acudir para recibir ayuda y luego intentar cortar nuestras otras vías de atención médica.
—Sí, al gobierno le encanta regular la práctica médica. ¿Las cuestiones legales siquiera los detienen? —preguntó Harlow mientras comenzaba a arrancar hojas de la lechuga.
—No lo han hecho. Aunque algunos todavía intentan ponerse del lado legal de las cosas.
Pero seamos claros: han estado ejerciendo más tiempo del que la mayoría de esos médicos humanos han estado vivos.
Es ridículo que los de tu especie crean que necesitan su permiso para seguir trabajando.
Honestamente, seguro hay algún médico paranormal en esta zona, solo que no me he tomado el tiempo de buscar.
Y gracias a la interferencia humana, el proceso de encontrarlos y ser aceptado como paciente ahora lleva muchísimo más tiempo.
—Entonces deberías buscar. No servirá para la mayoría de nuestros casos, considerando que viajamos, pero sí para el cuidado posterior cuando estemos en casa.
Foxx asintió, pero su mirada se fijó en la lechuga.
—No quiero ensalada.
Harlow suspiró.
—¿Te mataría comer saludable por un día?
—Sí. Hazme un sándwich de queso a la parrilla.
—No voy a hacerte un sándwich de queso.
Foxx soltó un quejido.
—Estoy adolorido y sufriendo. Hazme un sándwich de queso.
—Ensalada —gruñó Harlow.
Entrecerró los ojos.
—Sándwich de queso a la parrilla y patatas fritas.
—Ensalada… ¿Patatas fritas?
—Cierto, ustedes les dicen papas. —Foxx resopló, antes de redoblar su apuesta y añadir a su lista de exigencias—: Sándwich de queso a la parrilla, papas fritas y un vaso de leche.
Harlow lo fulminó con la mirada.
Foxx le sostuvo la mirada y, con terquedad, añadió:
—Sándwich de queso, papas fritas, una galleta y un vaso de leche.
El humano puso los ojos en blanco.
—Te haré tu maldito sándwich de queso a la parrilla, pero nada de papas ni galletas.
—¿Y la leche? —preguntó Foxx, batiendo las pestañas.
Harlow resopló.
—Sí, puedes tomar leche.
—¡Bien! —vitoreó Foxx, alzando los brazos con entusiasmo, solo para soltar un grito cuando un dolor agudo le atravesó el pecho por el movimiento. Encogiéndose sobre sí mismo, gimoteó—. Ay…
—Idiota —suspiró Harlow.
—Solo hazme la comida —gruñó.
Harlow se sentó en el banco de pesas de pecho.
El gimnasio ubicado en el primer piso de The Silver Hollow era usado principalmente por paranormales.
Lo que significaba que en cada máquina debía revisarla con cuidado y ajustar el peso y la tensión.
Tras adaptar la máquina a algo humanamente posible, tomó las manijas y comenzó sus repeticiones.
Harlow iba a la mitad cuando cruzó la mirada con Foxx.
El vampiro, la última vez que lo había visto, estaba sobre una caminadora.
Ahora estaba sentado en una máquina de extensión de tríceps, unas cuantas filas más allá, simplemente mirando, con la cabeza apoyada en su yeso.
Una máquina que Foxx ni siquiera podía usar en su estado actual.
—¿Qué estás haciendo? —articuló en silencio hacia el mocoso.
—Sudando un poco —respondió Foxx con la misma mímica, con una sonrisa ladeada, guiñándole un ojo de forma coqueta.
Harlow negó con la cabeza y continuó con sus repeticiones. Hizo lo posible por ignorar al vampiro, que claramente intentaba provocar algo que no podría seguir. Por mucho que le gustaría girar a Foxx y ocuparse de su culo, el vampiro no estaba en condiciones para eso.
En unas semanas, tal vez… Aunque probablemente primero le daría unas buenas nalgadas. Aj… su laptop…
La nueva… era buena. Lo era. Pero era cuestión de principios. No había nada malo con la anterior, hasta que su jodido «gato» la mordió.
Harlow fulminó con la mirada al susodicho gato. Foxx parpadeó, arqueando una ceja con curiosidad, antes de empezar a devolverle la mirada desafiante. Harlow soltó una risa baja. Nadie podría acusar al vampiro de rehuir un reto.
Se levantó un poco la parte baja de la camiseta sin mangas y se secó el rostro. Harlow puso los ojos en blanco ante el silbido que soltó Foxx. El mocoso estaba tentando a la suerte.
Foxx apenas logró evitar babear mientras observaba a Harlow ejercitarse. Por lo general, no le gustaba hacer ejercicio, pero sin duda volvería ahí en el futuro solo para ver cómo se movían los músculos del hombre.
Y, además, el humano llevaba shorts y una camiseta sin mangas… ¡Cosas que jamás había visto usar a Harlow! Había tantísima piel a la vista. Sus cicatrices estaban completamente expuestas… Foxx se estremeció. Todas contaban una historia de violencia brutal. Era… emocionante… ¡digno de babear!
Bueno, las cicatrizadas. Foxx tenía que admitir que no le gustaba ver el vendaje blanco sobre la pierna derecha de Harlow. Al humano le habían retirado los puntos esa misma mañana, pero al parecer debía mantenerla cubierta un poco más.
Foxx se relamió los labios, con la mirada fija en el culo de Harlow cuando se agachó para recoger algo… y entonces su vista quedó bloqueada. Frunciendo el ceño, alzó la mirada hacia la persona que se había interpuesto.
—Hola —dijo el tipo con una sonrisa blanca y brillante.
Foxx arqueó una ceja ante el tono coqueto y lo recorrió con la mirada.
Cabello rubio, ojos azules, en buena forma, mandíbula cuadrada sin rastro de vello y unos pómulos por los que muchos pagarían.
Con un leve olfateo, el aroma del hombre llenó su nariz.
¿Un tritón? Era extraño ver uno en un lugar sin acceso al océano…
—¿Puedo ayudarte? —preguntó, cuando lo que realmente quería decir era «quítate de en medio».
Foxx lo observó con mayor detenimiento. Suponía que el tipo era atractivo… en un estilo de Príncipe Encantador, pero definitivamente no era su tipo.
—Me llamo Vail. ¿Eres nuevo aquí?
Nop… nop, no iba a hacer esto ahora. Estaba cansado, adolorido, y solo quería sentarse ahí a observar a Harlow en paz. Porque, en ese momento, hacer eso era toda la satisfacción que iba a obtener. Era triste, en realidad. El humano estaba ahí, al alcance… pero Foxx no podía hacer ni una mierda.
—Adelantémonos al final de esta conversación. No eres mi tipo. Por favor, muévete.
Los ojos del hombre se abrieron de par en par.
—¿Qué…?
—No voy a explicarlo más. Muévete, estás bloqueando mi vista. —Lo empujó ligeramente hacia un lado con su brazo sano.
Foxx se relamió los labios. Harlow ahora levantaba pesas libres, haciendo curls de bíceps. El humano alzó la mirada y encontró la suya. Foxx le lanzó un beso. Harlow puso los ojos en blanco, pero Foxx no tuvo oportunidad de reaccionar porque el maldito Príncipe Encantador volvió a interponerse.
—¿Hablas en serio? —siseó Vail—. ¿De verdad prefieres ver a ese humano lleno de cicatrices en lugar de hablar conmigo?