Dosis de Miedo (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 2) 10 El jersey de la amistad
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10 El jersey de la amistad

Harlow abrió los ojos lentamente. De inmediato supo que alguien lo estaba mirando, pero no percibía peligro alguno, así que no hizo ademán de sacar el arma. Bostezó y se pasó la mano por el rostro y luego por la barba. Estaba algo áspera; ya era hora de recortarla.

Harlow bajó la mirada y se encontró con los grandes y brillantes ojos verde aguamarina que lo observaban.

—Holi —dijo Foxx con una amplia sonrisa que mostraba sus hoyuelos y uno de sus colmillos. Estaba recostado sobre el pecho de Harlow, con la barbilla apoyada en las manos. El vampiro se veía completamente distinto en ánimo comparado con la noche anterior.

—¿Te sientes menos gruñón?

—Ajá —tarareó Foxx con felicidad—. ¿Listo para levantarte?

Harlow se estiró; sus hombros crujieron.

—¿Qué hora es? —Mientras lo preguntaba, la sed le raspó la garganta.

—Mediodía.

Harlow parpadeó.

—¿Dormimos quince horas? —Fue entonces cuando sintió todos los dolores que alguien de su edad sufría al quedarse demasiado tiempo en la cama.

—¡Sip! —Foxx soltó una risita—. ¡Supongo que no era el único cansado! En fin, ¿quieres levantarte e ir a comer algo? ¡Aún queda tiempo antes de que empiece la feria artesanal de invierno!

—Cierto… la feria a la que me chantajeaste para ir. ¿A qué hora empieza?

La sonrisa de Foxx se ensanchó; ni una pizca de culpa apareció en su rostro lleno de pecas y hoyuelos.

—Es de dos a ocho.

—Bueno… tendremos que salir a comer. No suelo guardar comida aquí, a menos que planee venir. Y, aun así, normalmente solo guardo para una semana.

Foxx frunció el ceño.

—Tendrá que ser un lugar apto para vampiros… No estoy seguro de cuántos restaurantes tendrán las ventanas recubiertas aquí, siendo un pueblo pequeño. De lo contrario, me resultará un poco difícil comer.

—Solo los fanáticos religiosos rechazaron el programa de reembolso del gobierno para recubrir las ventanas. Así que la mayoría deberían tenerlas. Y si no, estará claramente indicado.

—Te sorprendería cuántos están dispuestos a arriesgarse a una multa enorme solo para vernos retorcernos.

Harlow sonrió de lado.

—Oh, lo sé. Una vez recibimos en la oficina una queja directa por algo así.

Al parecer, un idiota decidió hacer exactamente lo que dices.

Pero cuando un vampiro entró y descubrió lo que había hecho, en lugar de denunciarlo, se lo contó a todos sus amigos.

Y ellos empezaron a ir por separado durante el transcurso de una semana.

¿Sabías que, según la ley, cada infracción cuesta el doble que la anterior?

Foxx se rio.

—Oh, lo denunciaron todos el mismo día, ¿verdad?

—Así fue. Y como cada caso contaba como un incidente separado…

—silbó—. Bueno, la primera infracción ronda los mil.

Digamos que ese establecimiento ya no está abierto.

Pero en ese momento, antes de… ya sabes, la deuda y el cierre, el dueño del restaurante vino al Gremio alegando que lo estaban acosando.

—Nosotros no aceptamos quejas directas, ¿cierto?

Si no me equivoco, primero pasa por el departamento de policía y luego investigan ellos o lo hace gente del Gremio antes de enviar a los cazadores.

Ahora que lo digo, me doy cuenta de que no sé quiénes son «los nuestros».

O sea, no creo que sean los encargados quienes investigan.

No puedo imaginar a Charity, con su cabello rubio perfectamente rizado, sus trajes formales y sus tacones, merodeando por ahí mirando por las ventanas para averiguar cuántos hay y qué hacen.

Aunque supongo que no siempre se viste así.

Tony desde luego no lo hace. ¿Son otros cazadores?

Pero, ¿hay siquiera suficientes cazadores para todo eso?

Somos una especie de recurso limitado a estas alturas.

Aunque los números aumentaron cuando el Gremio abrió sus puertas a los paranormales.

Pero al mismo tiempo imagino que no, porque ahora todos deben salir con un compañero en vez de solos.

Entonces, ¿quién exactamente es ese «nosotros» que investiga? Yo⁠…

—¡Foxx! —lo interrumpió Harlow—. Estás haciendo esa cosa en la que lanzas una cantidad absurda de preguntas una tras otra, pero no das tiempo a responder porque tienes una conversación unilateral contigo mismo.

El vampiro hizo un puchero.

—Bueno, entonces, ¿cuál es la respuesta?

—Brujos. La respuesta son brujos. Cuando las fuerzas del orden no pueden investigar más, o cuando la situación es demasiado peligrosa para ellas, se lo pasan a los brujos que tenemos contratados.

Aunque algunos están contratados de forma permanente.

En serio, ¿quién más podría acercarse lo suficiente sin ser detectado?

—Claro… —murmuró Foxx con desagrado—. Los cazadores siempre han estado muy cerca de ellos.

—Veo que no eres fan de ellos —rio Harlow—.

En fin, tienes razón. Por lo general, solo tomamos los casos que nos entrega la policía.

La cadena de mando funciona así: ocurre algo, las autoridades determinan que es asunto nuestro, lo cual puede pasar con o sin una investigación profunda.

Luego el caso llega al escritorio de nuestro encargado.

Esto no es muy conocido, pero los encargados también tienen asignados algunos brujos, no solo cazadores.

Así que cuando reciben el caso, envían a los brujos a investigar más si hace falta, y luego se dedican a condensar y presentar todo el papeleo necesario para autorizar lo que sea que planeen que hagamos, antes de finalmente enviar a los cazadores.

Por lo que sé, lidian con muchos jueces, mucho papeleo y una cantidad absurda de archivos.

—Eso hace que el trabajo de Charity suene aún peor que antes —dijo Foxx con una mueca.

—Sí, no podrían pagarme lo suficiente para que siquiera lo considere.

En fin, eso no significa que no hayamos terminado con casos provenientes de otras fuentes.

Los cazadores tropiezan con situaciones que requieren investigación todo el tiempo.

Y a veces gente con preocupaciones legítimas acude a nosotros en lugar de a la policía, simplemente porque no sabe a quién más ir.

Pero la cadena habitual es que nos inviten a intervenir.

En ese caso, el dueño fue a la policía y le dijeron que se aguantara.

Le exigieron pagar la multa exorbitante y arreglar las ventanas o colocar un cartel.

De algún modo pensó que nosotros haríamos algo porque él era humano y ellos vampiros. Tony lo echó del despacho a carcajadas.

Foxx soltó una risita burlona.

—Seguro pensó que se había salido con la suya cuando el primer vampiro no hizo nada.

Harlow resopló.

—Si hubiera sido listo, habría puesto un cartel en ese momento. O al menos habría notado la absurda cantidad de vampiros que aparecían en pleno día.

—Sí, eso debió darle una pista. Podemos movernos durante el día, pero por lo general es para hacer diligencias, no para comer.

La mayoría de nosotros, incluso con los trajes y los cambios ligeramente más favorables para vampiros, preferimos quedarnos dentro durante el día.

No digo que no haya quienes salgan todo el tiempo.

Nuestra especie se integra cada vez más en su sociedad.

Pero aún existe mucha separación. Por ejemplo, incluso nuestros hijos siguen apartados.

Imagino que eso cambiará algún día. Pero, tal como están las cosas…

como en los hospitales… la aceptación cambió después de que salimos a la luz.

Apenas a principios de este año el gobierno decretó que todos los niños, paranormales y humanos por igual, debían ser aceptados en todas las escuelas.

Siguen en clases separadas, pero es algo.

—Sí, y eso solo ocurrió porque un hombre que siempre había sido un generoso donante político tuvo un hijo que fue convertido en vampiro durante un ataque.

—La verdad, los vampiros siempre hemos educado a nuestros hijos en casa.

Y… aquí, en Estados Unidos, el consenso general es que la calidad educativa depende completamente del lugar donde vivas.

Así que este cambio no interesará a la mayoría de los míos.

Pero sí ayudó a otros paranormales, supongo.

A los que siempre se han integrado bien con la humanidad.

—Bien, levantémonos.

—¡Sí, comida! Pero primero tenemos que vestirnos, ¡y tengo justo el jersey que debes ponerte! —Foxx rodó fuera de él y de la cama, saltando de pie.

—Un jersey es… un suéter, ¿verdad? De cualquier forma, no —dijo Harlow mientras se sentaba.

La sonrisa del vampiro se tensó.

—Sí.

—No, Foxx. No voy a ponerme uno de tus horribles suéteres brillantes del demonio. Y tampoco creo que pudiera entrar en uno de tus suéteres ni aunque lo intentara.

—Sí, normalmente, pero este no es mío, es tuyo. Y no es brillante, es negro. ¡Lo hice especialmente para ti! —dijo Foxx con entusiasmo.

—No.

Foxx entrecerró los ojos; la sonrisa seguía clavada en su rostro de forma inquietante.

—Es de tu talla, perfectamente ajustado. Tienes que usarlo; a mí no me queda.

—¿Cómo demonios sabes mi talla?

—Te medí mientras dormías.

Harlow inclinó la cabeza.

—Eso es… quiero decir, corrígeme si me equivoco, pero la mayoría de la gente normal encontraría eso algo invasivo, ¿no?

—Sí, pero tú no eres normal, así que ni siquiera intentes decir que te ofende.

Bueno, tenía razón. Harlow ni siquiera podía decir que la idea le resultara inquietante. Más bien le dejaba indiferente. Mmm…

Foxx se agachó fuera de su vista. Se escuchó un leve ruido al rebuscar, y de pronto volvió a aparecer con un suéter negro tejido en la mano.

—¡Tachááán!

Harlow lo miró un momento.

—No.

—Oh, vamos, trabajé duro en él, ¡y es perfecto!

Harlow lo observó con expresión vacía. No era… horrible. Todo era negro, salvo por los ojos amarillos y la boca que formaban un rostro ceñudo en el centro del pecho. Entrecerró la mirada hacia la cara.

—¿Era necesario añadir la cara?

—¡Sí! —dijo Foxx con firmeza.

Harlow suspiró. Su mirada se apartó del suéter que Foxx sostenía… y se quedó fija en el que el vampiro llevaba puesto.

Parecía tejido en vertical y tenía exactamente el mismo diseño que el suéter que sostenía, solo que era amarillo limón y los ojos y la boca eran negros. El rostro estaba sonriendo.

—No —gruñó Harlow.

—¡Oh, vamos!

—No voy a usar un suéter a juego contigo. No somos pareja.

—¡Es un jersey de la amistad!

—No somos amigos.

Foxx abrió la boca con sorpresa.

—¡Sí lo somos! Dijiste que serías mi amigo y ya no puedes retractarte. ¡Es demasiado tarde! ¡Hice un jersey de la amistad y lo vas a usar!

—¡No voy a usar tu estúpido suéter!

—¡LO VAS A USAR!

Foxx sonreía ampliamente, tarareando mientras abría el cierre de su traje solar azul de oso panda en el restaurante y se contorsionaba para quitárselo. Lo dejó en el asiento junto a él y suspiró con felicidad.

—¡Listo! Es una lástima que la feria no empiece al anochecer. Así todos podrían ver nuestros jerséis juntos. Al ver solo el tuyo, se perderán el efecto completo. Aunque… tal vez tengan casilleros y pueda guardar mi traje. Esa sería la mejor opción, ¿no crees, Harlow?

Harlow gruñó, mirando por encima del menú con el ceño fruncido.

Foxx soltó una risita.