Dosis de Miedo (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 2) 8 ¡Ya lo sé, ¿sí?!
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8 ¡Ya lo sé, ¿sí?!

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Cuando la fuerza de voluntad de Foxx no bastó, recurrió a los poderes de su linaje. Mentalmente, tiró del hilo azul brillante del que se alimentaban todas las líneas entrelazadas de licantropía y obligó al adolescente a retroceder en su transformación.

El hombre lobo echó la cabeza hacia atrás y lanzó un aullido que terminó en el grito humano de un hombre, antes de que el cuerpo que había estado luchando en su agarre quedara flácido.

Foxx se agachó con cuidado y bajó al joven desnudo hasta el suelo.

El chico respiraba con dificultad, ahora con los ojos cerrados.

Sacudió la mano. Las garras del chico habían atravesado la piel de su mano, pero no demasiado profundo gracias a los pares de guantes que llevaba. Probablemente estaría curada para la noche siguiente.

Foxx se dio la vuelta y quedó cara a… pecho con un humano muy irritado.

—¿Qué mierda fue eso? —gruñó Harlow.

Fue a apartarse el cabello de los ojos, pero recordó que aún llevaba puesto su traje de oso.

—No ha matado a nadie. —Foxx sacudió la cabeza, intentando sacar el rizo negro de su ojo.

—Bueno, que me jodan. ¿Estás seguro? —refunfuñó Harlow con un bufido—. ¿Y qué demonios estás haciendo?

—¡Tengo pelo en la cara!

El cazador soltó un resoplido.

—Solo espera como diez minutos y el sol ya se habrá puesto.

—¡No puedo! —espetó Foxx.

Giró sobre sus talones y volvió a entrar a grandes zancadas.

Harlow lo siguió.

—¿Qué eres, un perro? —se giró hacia él—. ¡¿Por qué me estás siguiendo?!

El humano parpadeó y luego soltó un repentino «guau» mientras una sonrisa ladeada se formaba en su rostro.

¡¿Qué demonios le pasaba a ese hombre?!

—Serás… ¡Solo ve a vigilarlo!

—¿Por qué? ¿Va a despertarse?

—¡No! ¡Ahora… fuera, fuera! —Lo espantó con la mano—. Ve a vigilar al hombre lobo.

Foxx definitivamente se iba a vengar de Harlow por toda esta mierda. El hombre tal vez se estuviera riendo ahora, pero no lo haría después. ¡¿Qué demonios le pasaba?! ¡¿Había olvidado que se suponía que era ÉL el más propenso a tener mal humor?!

Sacudiendo la cabeza, Foxx bajó el cierre del protector facial, se acomodó el cabello rápidamente y volvió a subirlo.

Cuando salió otra vez, encontró a Harlow de pie, mirando al vacío.

—Interesante cómo lograste obligarlo a volver a su forma humana. No sabía que un vampiro tan «joven» fuera capaz de algo así. Sin mencionar lo de levitar —comentó Harlow con una pequeña sonrisita.

Foxx sonrió y dijo con falsa dulzura:

—¿Qué puedo decir? Estoy muy avanzado para mi corta edad. ¡Cada día se aprende algo nuevo!

El cazador suspiró, borrando toda expresión de su rostro.

—Entonces, ¿no ha matado a nadie? —preguntó el humano, sin el menor rastro de interés en la voz.

—No. Puedo oler una cantidad estúpidamente grande de sangre que viene del sótano, pero, aunque algo de ella está en él, no es…

A ver cómo lo explico… —Frunció el ceño—.

Está en él como si se hubiera recostado sobre ella, no porque haya enterrado sus garras en alguien.

Cuando matas a alguien, es como si el hedor de su muerte se impregnara en tu piel por un rato.

Y cuando matas a alguien con tus propias manos, la sangre se te adhiere.

Toda la sangre que tiene encima está solo en la superficie. Nada está adherido.

—Entonces lo más probable es que alguien a quien secuestraron y convirtieron por diversión.

—Sí.

—Te das cuenta de que, si simplemente me hubieras dejado matarlo, ahora mismo iríamos camino a mi cabaña para dormir, ¿verdad? ¿Eres consciente de que esto hará que tardemos diez veces más?

—¡Joder! —se quejó Foxx—. ¡Lo sé, ¿de acuerdo?

! ¡Pero no podía! ¡Maldición! —Pateó una piedra del suelo y la lanzó volando hacia los árboles—.

¡La razón por la que acepté este estúpido trabajo fue para marcar una diferencia!

¡Para salvar a los que son víctimas! Aj.

¿Por qué tenía que ser inocente? ¡Quiero dormir!

Harlow rio entre dientes.

—Aún puedo matarlo si quieres.

—No —bufó—. No voy a dejar que lo mates solo para que podamos irnos a la cama más rápido. Es joven. ¡Ni siquiera tiene veinte años!

El joven acababa de cumplir dieciocho, según lo que le habían dicho sus hilos. Era solo un maldito adolescente, y uno pequeño, además. El chico debía medir más o menos lo mismo que Foxx. Probablemente tenía padres y familia buscándolo, muertos de preocupación…

Harlow observó al chico, claramente aún indiferente a si debían matarlo o no. Jodido psicópata.

—Supongo que no podemos simplemente dejarlo aquí —dijo el hombre con un bostezo—. Aunque, por cómo parecía a punto de atacarnos, imagino que la respuesta es no.

—Acaban de convertirlo. Diría que como mucho hace un día. No puede controlarse. Tenemos que llevarlo a algún lugar seguro, con hombres lobo que no sean asesinos, para que pueda pasar la conversión sin acabar siendo una pesadilla llena de furia.

—Sí, no puede quedarse solo en absoluto. —Harlow se estiró y varias de sus articulaciones crujieron—. Bueno, hay una manada de hombres lobo local en esta zona. Supongo que podrían aceptarlo.

—¿Qué tan cerca? —preguntó Foxx.

—A unos treinta minutos de aquí. ¿Se quedará inconsciente tanto tiempo?

Foxx arqueó una ceja ante eso.

—¿Conoces su ubicación exacta?

Harlow se encogió de hombros.

—Es inteligente conocer a mis posibles enemigos en las zonas que visito con frecuencia. Mi cabaña está bastante cerca de aquí, razón suficiente para investigar su ubicación exacta.

—No puedo culparte por eso, considerando que tu casa explotó. —Foxx resopló burlón—. Pero sí, estará inconsciente unas horas, así que treinta minutos no harán mucha diferencia.

Harlow suspiró.

—Bien. Probablemente pueda conseguir el número de alguno de los miembros de la manada en la base de datos, pero apuesto a que Tony tiene un número directo para contactar al Alfa principal.

—Llama a Tony. Cuanto antes puedan llegar aquí, mejor. Quiero salir de este frío y meterme en una cama.

—Cama. Sí, tengo que asegurarme de que ese hombre lobo no lo haya dañado. —Hizo una forma sugerente con las manos.

—Más te vale no estar hablando de mi culo.

—Ni se me ocurriría.

—Solo llama de una maldita vez.

—Para que quede claro, eres tú quien está retrasando nuestro sueño, no yo.

—Harlow sacó su estúpido teléfono plegable de uno de los bolsillos interiores—.

Sin mencionar que estás aumentando nuestro papeleo.

Aunque supongo que pasará un mes antes de que esté lo bastante consciente para contarnos qué ocurrió.

—¡Solo llama! —espetó Foxx, antes de tener otra idea y añadir rápidamente—. Dame tu abrigo.

El humano se detuvo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—¿El hombre lobo está desnudo y hace frío? Puede que yo lleve varios abrigos, pero ¿te parece lo bastante pequeño como para caber en alguno de los míos?

El chico tal vez fuera bajo, pero era muy robusto.

—Los hombres lobo tienen el cuerpo caliente. Estará bien.

—¡Solo dame tu abrigo!

Harlow entrecerró los ojos.

—No… es mío. Todas mis cosas están en él.

—¡Por la Diosa! ¡Solo dame tu jodido abrigo! Es solo hasta que lleguen los condenados hombres lobo.

—No…

—Está literalmente inconsciente, Harlow. ¡No va a tocar tus estúpidas cosas!

Harlow murmuró «hijo de puta» entre dientes, antes de tirar de una manga y quitarse su abrigo de piel hasta los tobillos, arrojándolo al suelo.

—¡Ahí! ¡¿Contento?!

Foxx se lo quedó mirándolo, completamente desconcertado.

—Tú… Solo haz la llamada.

Diosa, el hombre estaba actuando como un niño al que le habían pedido que compartiera su juguete favorito.

Harlow bufó y se dio la vuelta, abriendo su teléfono.