4 El árbol de los Zebra
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Harlow no solía considerarse alguien que se sorprendiera con facilidad.
Bueno, no en general. Últimamente, sin embargo, su vida parecía una cadena de sorpresas: un compañero nuevo, su casa explotando, tener sexo con un hombre por primera vez…
y después tener sexo con la misma persona más de una vez, con regularidad.
Todo muy nuevo y ligeramente desconcertante.
Aun así… el odio de Foxx hacia todo lo relacionado con la Navidad encabezaba la lista.
En teoría, entendía el motivo, pero aun así parecía algo que a Foxx debería gustarle.
Las luces, las decoraciones… el entusiasmo empalagoso.
Pero «gustar» no era la palabra adecuada para describir la expresión de Foxx mientras miraba fijamente al Santa Claus inflable.
En realidad, en ese momento solo podía verle los ojos.
El vampiro llevaba una cantidad absurda de capas para combatir el frío y se veía mucho más voluminoso de lo habitual.
Tenía un gorro peludo de oso en la cabeza, con sus rizos negros asomando por los bordes, y una bufanda café a juego con patitas en las puntas que le cubría la mitad inferior del rostro.
Su naricita respingona estaba roja por el frío, pero las pecas en la nariz y las mejillas se distinguían con claridad.
El abrigo exterior, para eterna molestia de Harlow, también era temático de oso, con botones en forma de oso y una capucha de oso que llevaba sobre el gorro peludo.
Honestamente, era redundante usar dos cosas con orejas.
La diminuta cintura y las firmes nalgas de Foxx eran aún más difíciles de apreciar de lo normal porque, una vez más, llevaba demasiadas capas. Incluso había conseguido un pantalón afelpado a juego… con una colita redonda incluida.
Se imaginaba que, a primera vista, cualquiera habría pensado: «Qué tierno». Al menos hasta encontrarse con su mirada. Porque sus grandes ojos verde aguamarina estaban llenos de puro odio mientras observaba al Santa inflable. Era un odio punzante, como si quisiera apuñalarlo con la mirada.
Harlow no podía decir que no le gustara esa expresión, pero también sabía que lo que el vampiro estuviera imaginando probablemente no coincidía con su idea de diversión. Sin mencionar que podía prever el resultado de la «diversión» de Foxx… seguramente era ellos dos huyendo de la policía.
Tomó al vampiro del brazo y lo arrastró hacia la entrada de la tienda.
—Sea lo que sea que estés pensando… no.
—¡No iba a hacer nada! —bufó Foxx, antes de añadir en voz baja—. Tal vez apuñalarlo un poquito.
Harlow resopló.
—Sí, por más entretenido que sea para mí, no pienso explicarle eso ni a Tony por teléfono ni a la policía. Camina, mocoso.
Foxx hizo un puchero, pero se soltó y entró delante de él. Al ver el interior, soltó un gruñido de disgusto.
—Es como si la Navidad hubiera vomitado por todas partes.
Harlow miró el interior del Frans. Una buena cantidad de decoraciones navideñas colgaban sobre los pasillos.
—Ya casi es diciembre —señaló mientras sacaba un carrito y comenzaba a empujarlo.
—¡Pero aún no lo es! Y empezaron con esta tontería hace meses —se quejó Foxx, caminando a su lado.
—Tengo curiosidad —comentó Harlow mientras examinaba una lechuga—. ¿Por qué odias tanto la Navidad? ¿O detestas todas las festividades por igual? Aunque no recuerdo que estuvieras así en Halloween.
Foxx resopló, tomó una bolsa de manzanas y la colocó en el carrito.
—Halloween son solo disfraces y dulces, y algunos creen que es obra del diablo, así que ¿cómo podría odiarlo por completo?
Para ser justo, también odio la Pascua, pero es menos molesta porque no dura tanto.
Con la Navidad tienes canciones por todas partes cantando sobre el «Señor», decoraciones, nacimientos ridículos.
¡Durante MESES! Gente diciendo «Dios te bendiga» en la calle.
Campanas, árboles, luces, aj. Está en todas partes.
No puedes evitarlo. Esos peleles te meten esta bazofia por la garganta a cada paso.
¡¿Ahora incluso aparece en julio?! ¿Y sabías que ciertas canciones navideñas le causan dolor físico a los de mi especie?
Pero claro, no vaya a ser que se ofendan los cristianos, católicos y compañía si las sacan de la radio.
¡Imagínate tener que pasar más de tres meses al año esquivando música que te duele físicamente porque unos imbéciles quieren imponer su religión a todos!
¡Y para colmo, en parte del mundo la festividad cae justo cuando el clima está peor!
—La Navidad, como muchas festividades cristianas, en realidad absorbió muchas tradiciones paganas, ¿sabías?
—Sí, bueno, eso fue antes. Esto es ahora. ¿A quién le importa una mierda el origen si el presente es desesperante?
Harlow rio en voz baja mientras guardaba la lechuga en una bolsa y tomaba otras verduras. Como siempre, el vampiro intentó apresurarlo para salir del pasillo y dirigirse al pan.
—¡Ah, aquí sí hay mejores opciones!
—Opciones mucho más calóricas —replicó Harlow, negando con la cabeza.
—Calóricas y deliciosas, viejo. Calóricas Y deliciosas.
Harlow nunca fue muy de dulces, pero le gustaba todo tipo de pan. Y los pasteles… Era débil ante ambos. Aun así, procuraba evitarlos.
Tenía cuarenta y cinco años; era demasiado mayor como para comer todo lo que le gustaba si quería mantenerse en forma y seguir trabajando. Hizo una mueca cuando Foxx empezó a llenar el carrito con cosas que ni de joven habría tocado.
Jamás lo admitiría, y mucho menos ante Foxx, pero estaba perdiendo facultades. No tenía idea de qué haría si lo obligaban a retirarse. A veces se preguntaba si no sería mejor caer en un último acto glorioso antes de llegar al punto en que ya no pudiera trabajar.
Los dolores en invierno empeoraban, y cada herida nueva tardaba más y más en sanar. Envejecer era una mierda. Aunque… Harlow estaba bastante seguro de que aún le quedaban unos diez años buenos… tal vez…
Una risita de Foxx lo sacó de sus pensamientos. Frunció el ceño al ver lo que sostenía el vampiro.
—Me sorprende que siquiera toques eso, mocoso. Creí que odiabas la Navidad.
Foxx lo miró de reojo.
—Es diferente.
—¿Diferente cómo? Esos pastelitos tienen forma de árbol de Navidad. Hay muchos otros con formas distintas. ¿Por qué elegir los navideños?
Foxx abrazó la caja a su pecho como si temiera que se la quitara.
—Aquí es donde te equivocas, viejo. No es una elección. Los Zebra Cakes en forma de árbol son los mejores. Los más deliciosos, los más frescos, con la mejor textura. Si se pueden elegir, son la única opción. Los Zebra Cakes normales no se comparan en nada.
Harlow lo miró fijamente. ¿Lo estaba jodiendo?
—No hablas en serio…
—Hablo muy en serio. Son los mejores.
Suspiró.
—Bien… Eso no explica por qué los comes… Siguen siendo árboles de Navidad.
—Que sean árboles es un bonus. Cada vez que me como uno, destruyo un gran símbolo del espíritu navideño. Eso me da un placer inconmensurable.
—Tienes problemas.
—¡¿YO?! —Foxx arrugó la nariz—. Tú no tienes derecho a hablar, señor Espeluznante, que puso una cámara en mi cuarto de costura. —El vampiro dejó caer la caja en el carrito con un bufido.
Harlow se encogió de hombros.
—Necesito entretenerme de alguna forma.
—¡No soy tu entretenimiento! —rugió Foxx antes de alejarse.
Harlow empujó el carrito tras él.
—¿Por qué me tocó un compañero que no solo se viste como niño, sino que come como uno?
La espalda de Foxx se tensó y giró la cabeza hacia él.
—¡Retira eso! No me visto como niño, y no aceptaré consejos de moda de alguien que se viste como tú. Y solo estás celoso de que puedo comer lo que quiera sin subir de peso.
Harlow sonrió con malicia, soltó el carrito y se acercó. Lo arrinconó contra el estante. Foxx no protestó por quedar atrapado, pero lo miró con desafío.
—¿Sabes? Creo que te equivocas. Sí subes de peso… —Deslizó las manos por la cintura acolchada de capas antes de apretar con rudeza su culo y atraerlo hacia él. Foxx gimoteó, con los ojos abiertos de par en par—. Todo se va justo aquí.
Aunque las palabras debían enfurecerlo, Harlow sintió cómo el vampiro se endurecía.
—¡Estamos en público! —rugió Foxx, mostrando los colmillos.
Harlow se relamió.
—Mmm, así es. ¿Qué tal si terminamos rápido para que pueda mostrarte cuánto aprecio que tu costumbre de atiborrarte de basura me haya dado un culo tan bonito para jugar?
—Eres un viejo sucio.
Harlow frotó su erección creciente contra el estómago de Foxx y gruñó.
—Ni siquiera he empezado a ser sucio, mocoso.
Foxx dejó escapar un gimoteo suave, parpadeó y salió del trance en el que caía. Su rostro se tiñó de rojo intenso y lo empujó con fuerza. Harlow rio mientras retrocedía.
—Literalmente lo hicimos hace menos de una hora.
—Lo hicimos una vez. Y una nunca es suficiente. —Le dio una nalgada, arrancándole un gritito—. Vamos, apresurémonos. Quiero pasar las próximas cinco horas enterrado en ti para compensar las cinco que pasé con el papeleo.
Foxx se atragantó.
—¡¿Cinco horas?! ¡Eres un arrogante!
—Ya veremos. —Sonrió ampliamente y avanzó con el carrito mientras ignoraba los refunfuños del vampiro.