Dos mundos: Lo que escondemos (Dos mundos 2) Capítulo 10 — Valentina / Mateo #3
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Capítulo 10 — Valentina / Mateo #3

Aquella reflexión de Renata resumía bien el verdadero alcance de todo lo vivido durante aquel segundo año universitario: mucho más allá de la simple supervivencia de nuestra propia relación, Mateo y yo habíamos conseguido, sin proponérnoslo conscientemente, sembrar pequeñas semillas de cambio en las mentalidades rígidas que habían dominado durante generaciones el círculo social en el que había crecido.

Mateo

De vuelta a la rutina normal después de la boda, con los exámenes finales del semestre acercándose rápidamente en el horizonte, Valentina y yo nos encontramos, casi sin darnos cuenta, disfrutando de una tranquilidad relativa que contrastaba enormemente con la intensidad emocional de los meses anteriores.

—Casi echo de menos un poco el drama —bromeé, una tarde, mientras estudiábamos juntos en la biblioteca de la ETSAM—. Después de tanta intensidad, esta calma casi da vértigo.

—No tientes a la suerte, Mateo Rueda —respondió ella, con una sonrisa que reflejaba el mismo alivio compartido—. Después de todo lo que hemos pasado este año, creo que nos merecemos, sinceramente, un poco de tranquilidad antes de que lleguen los próximos retos.

Aquella tranquilidad relativa, aunque probablemente temporal considerando todo lo vivido hasta entonces, nos permitió cerrar aquel segundo año universitario con una sensación de logro compartido que superaba ampliamente cualquier expectativa que hubiéramos tenido al principio del curso, meses atrás, cuando ni siquiera estábamos seguros de si nuestra relación sería capaz de sobrevivir a la escalada de presión familiar que se avecinaba.

· · ·

Valentina

Alejandro, mi primo recién casado, cumplió su promesa de la noche de la boda antes de lo que ninguno de los dos esperaba: apenas dos semanas después, nos escribió a ambos ofreciéndonos la posibilidad de utilizar, sin ningún coste, un pequeño local vacío de su propiedad en el centro de Madrid, "por si algún día ese proyecto vuestro de Puentes necesita una primera oficina", según explicó en su mensaje con una sonrisa casi palpable a través de la pantalla.

—No me puedo creer que se haya tomado tan en serio lo que comentamos aquella noche —le dije a Mateo, todavía procesando la generosidad inesperada de aquel gesto—. Ni siquiera sabíamos si "Puentes" iba a convertirse algún día en algo más que una simple fantasía compartida.

—Pues parece que el universo, o al menos tu primo Alejandro, ha decidido apostar por nosotros antes incluso de que nosotros mismos nos atreviéramos a hacerlo del todo en serio.

Aquel gesto inesperado, sumado a todos los demás pequeños milagros acumulados a lo largo de aquel segundo año tan intenso, terminó de convencernos de que quizás, después de todo, "Puentes" no era simplemente una fantasía romántica sin fundamento real, sino el germen genuino de un proyecto profesional que, con paciencia, esfuerzo y la misma determinación que habíamos demostrado durante toda nuestra relación hasta la fecha, podría llegar a materializarse plenamente en un futuro no tan lejano como habíamos imaginado inicialmente.

· · ·

Valentina

Semanas después de la boda, ya instalados de nuevo en la rutina habitual del curso, tuve una última conversación reveladora con mi padre, en la que reconoció, con una honestidad que agradecí profundamente, el error de planteamiento que había cometido con el ultimátum inicial sobre la financiación de mi máster.

—He estado reflexionando mucho sobre cómo manejé toda esta situación, Valentina —me dijo, durante una cena tranquila los dos solos, algo poco habitual en nuestra dinámica familiar—.

Y quiero reconocer que me equivoqué al intentar usar tu futuro profesional como palanca de presión. No fue justo, ni contigo ni con Mateo.

—Gracias por decirlo, papá. Significa mucho para mí escucharlo.

—Voy a financiar tu máster completo, como habíamos acordado originalmente, sin ninguna condición asociada. Te lo has ganado con creces, con tu determinación y con la manera en que has sabido defender lo que de verdad te importa.

Aquella disculpa y aquel ofrecimiento, llegados varios meses después del ultimátum original, representaron el cierre simbólico de uno de los capítulos más difíciles de toda mi relación con mi padre, confirmando que, con paciencia, con firmeza, y con la evidencia constante de nuestra propia determinación, incluso las posturas familiares más rígidas podían evolucionar hacia el reconocimiento genuino y hacia la reconciliación sincera.

Mateo

Cuando Valentina me contó los detalles de aquella conversación final con su padre, sentí una satisfacción profunda que iba mucho más allá del alivio económico que representaba para ella la financiación completa de su máster: representaba, sobre todo, la validación definitiva de todo lo que habíamos construido juntos durante aquellos dos años tan intensos, la prueba irrefutable de que el amor genuino, sostenido con determinación y con paciencia, terminaba siempre encontrando su camino, incluso a través de los obstáculos familiares y sociales más complicados.

—Hemos llegado muy lejos, Valentina —le dije, mientras celebrábamos juntos la noticia—. Y esto es solo el principio de todo lo que nos queda por construir juntos en los años que están por venir.

*Fin del Libro 2*