Dirty (Los Rebeldes MC nº 6) Dirty – Un año después
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Dirty – Un año después

Epílogo

—Joder, eso es, cariño, apriétame la polla —gruño mientras sus paredes se tensan a mi alrededor y embisto con más fuerza, más rápido, levantándole la pierna buena sobre mi hombro para llegar más hondo. El sonido de nuestros cuerpos chocando resuena en la habitación junto con nuestros jadeos.

La pierna derecha todavía tiene problemas de nervios. Todavía me cabrea que me apartara de la trayectoria de una bala, algo de lo que ha dejado claro que no se arrepiente, porque significó que Lyra y yo estábamos a salvo. Mi mujer terca y perfecta.

—Alex, por favor —gime Hol contra mis labios, y embisto con más fuerza. El sonido de nuestros cuerpos chocando se intensifica, el sudor nos corre a ambos.

Esta es la ronda cinco, joder, ¿o la seis? Ya ni me acuerdo, pero empezamos en la cocina y fuimos subiendo poco a poco. Por suerte, los niños están con, aunque no lo creas, los padres de Hol, en una casa a la que se mudaron hace cinco meses, a cinco minutos del club.

No pasó de la noche a la mañana y a mi chica le costó horrores aceptar que se llevaran a los niños, pero poco a poco fuimos construyendo la confianza.

Hasta el punto de que ahora sus padres discuten con mis jodidos padres sobre quién se queda con Caleb y Lyra cuando Hol y yo necesitamos tiempo a solas.

Como ahora mismo, seguro que tengo un mensaje de vete a la mierda de mi madre en el móvil.

Te juro que esa mujer tiene que aprender a compartir.

—Alex —gruñe Hol, con una necesidad más que evidente, y me muerde el labio inferior, tirando de él. Gimo mientras la polla me palpita y se me tensan los huevos.

Joder, me encanta este lado de mi chica. No me malinterpretes, me encanta lo dulce y lento, hacer el amor en la bañera, pero me vuelve loco este lado…

Clavo mis ojos en los suyos, llenos de necesidad.

Intento sostenerme con una mano para no aplastarla mientras llevo la otra entre nosotros y presiono el pulgar sobre su clítoris hinchado, trazando círculos duros que la hacen jadear de placer.

Luego lo pellizco con fuerza y sus paredes me aprietan hasta casi hacerme daño.

Entonces se corre y me empapa la polla, arrancándome un gemido.

Le meto la lengua en la boca y me trago sus gritos mientras se corre, y ni siquiera me detengo.

Se me tensan los huevos y me vacío dentro de mi mujer, llenándola con mi semen, y veo jodidas estrellas.

Joder, es como la primera vez siempre que follamos.

La beso despacio cuando el orgasmo remite, mientras le bajo el muslo con suavidad.

Luego me aparto de sus labios y recorro con la boca su mandíbula, bajo por su pecho, acaricio mi nombre tatuado sobre su corazón y sigo hasta la pequeña curva de su vientre.

La polla se me sale de ella y lo que hemos derramado gotea sobre las sábanas.

Beso con ternura a nuestra pequeña, que da una patadita contra mi boca y me hace sonreír, mientras Hol me acaricia el pelo.

El bebé fue una sorpresa maravillosa.

Hol no tomaba anticonceptivos y usábamos condones, pero uno se rompió. Pensé que no pasaría nada, así que no se lo dije, y bueno, cuatro semanas después me estaba echando la bronca como a uno de sus alumnos en clase. No es que tenga que regañar mucho a sus niños, pero aun así.

Me inclino hacia mi chica y la beso antes de murmurar: —Solo para que lo sepas, con lo necesitada que estás y lo jodidamente buena que estás embarazada, pienso tenerte así siempre.

Holly se ríe mientras me rodea el cuello con los brazos. Me inclino y la beso de nuevo, mi lengua enredada con la suya, hasta que me aparto y le beso el cuello.

—Cuatro noches fuera en una misión es demasiado, cariño —susurro, y ella murmura un «lo sé» mientras me abraza más fuerte.

No quería ir. Sabía que los niños lo iban a pasar mal porque su mamá ya no es su maestra, han pasado de curso.

Lyra apenas lo llevó bien, a juzgar por las llamadas que recibí de Hol.

Ella intentaba no llorar mientras tenía que enseñar a un montón de niños nuevos que, por suerte, adoran a su maestra, lo que se lo hace un poco más fácil a mi mujer.

—No voy a ir a la próxima —admito—. Ya se lo dije a Doc y lo entiende.

—Gracias a Dios —gime Hol, y me río mientras me inclino y la beso. Siempre saltan chispas entre nosotros. —¿Me echaste de menos, eh, cariño? —pregunto contra sus labios, y ella asiente.

—Siempre —confiesa—. Desde ese día, solo pensar que no estás cerca me cuesta respirar.

Joder, el corazón me da un vuelco al oírla.

Ha pasado de no poder abrirse a nadie a depender completamente de mí, y me encanta.

—Te quiero, Holly —susurro, y ella sonríe. —No tanto como yo a ti —responde, y me río mientras vuelvo a besarla y, a tientas, encuentro su entrada y me hundo en su calor húmedo.

—¿Otra vez? —jadea, y murmuro: —Siempre te deseo, cariño —antes de besarla con la lengua y empezar a moverme.

Esta vez voy despacio, con calma, mientras deslizo las manos por los brazos de Holly hasta entrelazar nuestros dedos junto a su cabeza.

Gimo de placer mientras le hago el amor a mi mujer, una y otra vez.

Algo de lo que nunca me cansaré. Incluso con cinco hijos, ella será la única a la que siempre desearé: mañana, mediodía, noche, medianoche. Siempre ella.

Para siempre.