Dirty (Los Rebeldes MC nº 6) Capítulo 22
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Capítulo 22

Holly – Cuatro días después

Me froto la frente mientras observo a los niños trabajar en parejas para ganar el premio del huevo dorado del fin de semana, y mi mirada se posa en Lyra y Caleb. Sé de sobra que van a ganar esta vez.

Antes de mi excedencia, como la llamó la señora Violet cuando hablamos por teléfono hace tres días, los pequeños dejaron ganar a otra pareja, pero esta vez creo que quieren el premio.

Lyra asoma la lengüecita en señal de concentración, mientras que Caleb tiene el ceño ligeramente fruncido, y los nervios me retuercen el estómago. ¿Me acusarán los padres de tener favoritos otra vez cuando se enteren de que Caleb y Lyra ganaron?

Resoplo para mis adentros. Qué patético, ¿no?

Miro la hora y trago saliva antes de dirigirme a la clase y anunciar:

—Cinco minutos.

Empiezan a escribir con más intensidad, todos concentrados, mientras resuenan los gritos del pasillo, y pongo los ojos en blanco.

Cuando regresé a la escuela, los padres vitorearon, los niños corrieron hacia mí entusiasmados, y la Sra. Jones parecía a punto de perder los estribos porque yo había vuelto y su plan había fracasado estrepitosamente.

Quería quitarme de en medio para que Caleb estuviera en su clase, pero según Caleb, él no había ido a la escuela desde que me fui, así que el plan le había salido el tiro por la culata.

La mujer está casada, por el amor de Dios, y aun así está empeñada en ligarse a un hermano, no, a un hermano no, a mi novio.

Sacudo la cabeza y vuelvo a centrarme en Caleb, con la culpa royéndome por dentro.

Maté a su mamá.

Él no tenía ninguna relación con ella y sí, ella tenía problemas —obvios—, pero seguía siendo su mamá, y ahora, maldición, cuando sea mayor me odiará por esto. Nunca me perdonará.

Le arrebaté cualquier posibilidad de conocerla cuando estuviera preparado.

Se me llenan los ojos de lágrimas y parpadeo varias veces, obligándome a no dejarlas caer.

No debería estar aquí, no deberían permitirme estar cerca de estos niños después de lo que hice.

No he hablado con Alex, ni una sola vez. Sé que está bien —Ace me lo confirmó cuando recogió a Caleb al día siguiente. Me dijo que Alex quiere verme y me suplicó que no tardara demasiado, pero los flashbacks no paran de asaltarme.

Adam acostándose con Missy, imagen que luego cambia a Alex acostándose con Cheryl, aunque sé que estaba drogado.

Eso no impide que mi mente imagine lo peor antes de que los flashbacks cambien a los ojos fríos y sin vida de Adam, y luego a los de Cheryl.

Y no ayuda que Freya siga llamando, furiosa porque no les dije a ella y a su madre que estaba en la ciudad para que pudieran conocer a Lyra.

Como si fuera a permitirles acercarse a ella después de las amenazas que han soltado tras aparecer de repente después de años de silencio.

Estoy al límite y quiero correr hacia Alex, pero no puedo porque los flashbacks no me dan tregua.

Suena el timbre de aviso y me aclaro la garganta antes de preguntar:

—¿Quién ha terminado todo el alfabeto con una palabra para cada letra?

Caleb y Lyra levantan la mano, mientras todos los demás arrugan la nariz decepcionados.

—Vale —me río—, Caleb y Lyra ganan los huevos dorados.

Sus amigos los vitorean, lo que me hace sonreír al ver lo maravillosos que son mis niños, y anuncio:

—La Sra. Trivers vendrá enseguida para llevaros a todos fuera. Por favor, recoged vuestras cosas, coged las mochilas y poneos en fila.

Cojo uno de los dos huevos dorados —huevos de chocolate envueltos en papel dorado— de mi escritorio y lo dejo a mano para dárselo a Caleb antes de que salga. Lyra se comerá el suyo en un momento, mientras yo apago todo antes de irnos a casa.

Ayer llevé a Caleb a casa; el día anterior, Alex los recogió a él y a Lyra, o eso fue lo que me dijo la Sra. Trivers, al menos.

No he salido desde que volví, y no solo porque esté evitando a Alex, sino también por los padres.

Se me hace un nudo en el estómago de solo pensar si caerán en las mentiras que la Sra. Jones sigue difundiendo, si exigirán mi despido…

La Sra. Trivers entra justo cuando los pequeños se ponen en fila, y sonríe de oreja a oreja:

—¿Estamos todos listos?

—¡Sí, señorita! —gritan justo cuando Caleb corre hacia mí.

Le sonrío y le paso el huevo antes de que me dé un beso en la mejilla; luego vuelve dando saltitos a la fila mientras la Sra. Trivers se ríe.

—Venga, vamos —los llama, y los niños salen uno por uno, despidiéndose de mí con la mano, mientras mi hija se queda en la mesa, concentrada en colorear. Respiro hondo, intentando olvidar los ojos sin vida de Cheryl que me persiguen.

—¿Quieres tu huevo, cariño? —le pregunto a Lyra cuando sale el último niño, pero ella niega con la cabeza y me mira con ojos tristes.

Ladeo la cabeza y le pregunto:

—¿Qué pasa, cariño?

Sorbe la nariz:

—¿Cuándo vamos a quedarnos con el Sr.... el Sr. Dirty?

Oh, mierda, ¿estaba a punto de…?

—Lyra, ¿ibas a llamar «papá» al Sr. Dirty?

Ella baja la mirada como si la hubieran pillado haciendo algo malo, y me levanto de un salto y corro hacia ella justo cuando la puerta se abre de nuevo, pero ignoro a quien sea —probablemente la señora Violet, ya que solo hemos hablado una vez, durante aquella llamada en la que me suplicó que volviera.

No sé si me quiere de vuelta porque soy buena en mi trabajo o porque el club amenazó con retirar la financiación, pero tampoco me importa.

Mi hija está sufriendo.

—Háblame, cariño —susurro, y me arrodillo frente a ella y le acuno el rostro entre las manos.

Las lágrimas le resbalan por las mejillas mientras se las seco rápidamente, y solloza:

—Siento que él es mi papá. Me quiere, me trata de forma especial y me llama suya. Me arropa por las noches y me ayuda con los deberes…

Oh, mi niña…

—Mírame, cariño —susurro, pero no lo hace, así que susurro—: Lyra.

Y en cuanto nuestras miradas se encuentran, le digo:

—No estoy enfadada, cariño, y sinceramente, creo de verdad que a Alex le encantará ocupar ese lugar en tu vida.

—¿De verdad? —pregunta esperanzada, y una voz grave detrás de mí confirma—: Lo hará.

Lyra chilla:

—¡Abuelo!

Y me río mientras corre hacia él.

Empezó a llamarlo así en cuanto volvimos de conocer a mi padre, y nunca la corregí porque, pase lo que pase entre Alex y yo, el club seguirá en la vida de Lyra.

Son la familia que le faltaba, y jamás le quitaría eso a mi niña.

Suspiro, me levanto y miro hacia la puerta. Lyra ya está bien arropada en los brazos de Ice, mientras Caleb, a su lado, sonríe lamiéndose el chocolate de la boca, y la escena me arranca una sonrisa.

—Espero que no te importe, la Sra. Trivers nos indicó el camino —dice, y me observa con preocupación.

Le esbozo una leve sonrisa, cojo las cosas de Lyra que están junto a la puerta y voy hacia mi escritorio. Saco su huevo de chocolate de un cajón y lo meto en la mochila, todo sin dirigirle la palabra, mientras me aseguro de que no falte nada.

—¿Se queda todo el fin de semana o solo una noche? —pregunto al fin, y él sonríe de oreja a oreja.

—Todo el fin de semana con su papi —dice con dulzura, y asiento sin rechistar.

—Vale, Alex ya tiene casi todas sus cosas, y tanto ella como Caleb han terminado los deberes; solo les queda leer sus libros este fin de semana —digo mientras le paso la mochila. Ice me mira con ternura.

—Eres de las buenas, ¿lo sabes? —dice, pero niego con la cabeza. Él dulcifica el tono—: Hiciste lo que tenías que hacer. Recuerda que ella tenía los días contados después de la mierda que lió. Solo siento que te tocara a ti hacerlo.

—Me ha removido muchas cosas —susurro. Él frunce el ceño, así que le cuento a medias—: Mi primer novio me puso los cuernos, luego murió, y yo casi muero con él. Me ha removido muchas cosas.

Asiente, comprensivo.

—¿Y lo de que la recepcionista saque a los niños? ¿Todavía estás intentando asimilarlo o te estás escondiendo? —pregunta, y hago una mueca.

—Un poco de las dos cosas, supongo. No tengo muy claro cómo me ven los padres ahora —admito.

Sé que me aplaudieron cuando volví, pero vi algunas cejas arqueadas, y sé que lo que dijera la Sra. Jones les caló hondo.

No quiero inquietar a los niños.

Ice suspira, pero asiente.

—Por favor, no lo alejes mucho tiempo, Hol.

Te echa de menos —susurra antes de darme un beso en la cabeza.

Trago saliva mientras Lyra y Caleb se despiden con la mano antes de marcharse.

Todo mi ser me grita que los siga, que no los pierda de vista, que le suplique a Ice que me lleve con él, con Alex, pero me quedo donde estoy.

Mientras siga teniendo flashbacks, es mejor que guarde las distancias para intentar asimilar lo que le hice a Caleb. Aunque en el fondo mantengo la distancia porque creo que los dos son más felices sin mí, y darme cuenta de eso duele en lo más hondo.