CAPÍTULO 21
NOOSE
—La audiencia es el martes.
Wring asiente. Su corte de pelo rubio al rape deja las orejas como abandonadas a los lados de la cabeza, y cicatrices salpican su cuero cabelludo como pequeños recortes de carne nacarada.
Se recuesta en el asiento y cruza los brazos.
—Así que tenemos a Trainer con ella. —Wring se encoge de hombros—. No va a dejarla, Noose.
Lo sé. Pero el maldito Diablo no va a quedarse de brazos cruzados ante nuestra interferencia. Habrá represalias.
Quiero que Rose sepa que estaré ahí para la maldita audiencia. La respaldo. Aunque me haya dicho que me largue.
Difícil de tragar, aunque no quiera follarme. Mis labios se tensan en una línea sombría. Su cuerpo sí quiere follarme. Pero eso no basta.
Quiero su mente. Quiero su voluntad.
Quiero a Rose.
Levanto el móvil y lo agito hacia Wring. —Trainer dice que está en casa de sus padres.
—Estará ahí un rato. Explicando lo que ha pasado —dice Wring.
Apuesto a que omitirá la parte de mi lengua en su coño y los dedos. La imagen de los dedos de Diablo en el coño de Rose me tiene jodidamente cabreado otra vez.
Wring me estudia la cara, solo el rugido de nuestras motos de fondo. Estamos a unas tres manzanas de la casa de los padres de Rose. Aquí estoy, dándole vueltas a lo que tengo que hacer.
—¿Qué? —pregunta Wring. Sus ojos parecen dos discos de sombra en la cara. La luz de la farola del otro lado de la calle no llega hasta donde estamos.
—Pensando en lo que nos encontramos allí.
—¿Chaos? —pregunta para confirmar.
Asiento. Tiro la colilla al suelo y la aplasto con el tacón. —Ese cabrón de Diablo... no parecía que la estuviera haciendo daño.
Wring aparta la mirada un segundo y luego vuelve a mirarme. —Se dice que ese cabrón es un psicópata.
—Dime algo que no sepa. Maldito violador —escupo.
—No exactamente.
Giro la cabeza bruscamente hacia él, dejando de vigilar la calle mientras espero que pase el coche de Rose. —Explícate.
Wring levanta las palmas en gesto de paz. —Escucha, tío, es lo que se dice. Pero viendo cómo estaba Rose, parece que es verdad.
—Si no me dices de qué coño estás hablando en los próximos dos segundos, vamos a tener problemas.
Wring resopla. —Vale, capullo. Primero, Diablo es un violador. Le gusta ser uno de muchos. Un jugador de equipo.
—No tiene gracia. —Hago un gesto circular con el dedo para que siga.
Asiente. —Así que pone cachondas a las chicas. Les trabaja el cuerpo hasta que están tan excitadas que al final le dejan violarlas.
Echo la cabeza hacia atrás. —¿Cómo va a ser eso una violación?
—Lo es. —Wring se toca la sien—. Es algo mental, una forma de tortura. Piénsalo. Secuestran a una chica. Muerta de miedo. Luego la arreglan, la exhiben delante de un montón de tíos que no conoce.
Me viene a la cabeza el atuendo sexy de Rose, el pelo, el maquillaje. —Sigue. —Los dedos me arden de adrenalina y rabia. No tengo dónde descargarla.
Wring me clava la mirada. —Sabemos cuánto tarda un ser humano en agotar la respuesta de lucha o huida.
Ninguno de los dos dice nada. No hace falta.
—Por lo visto, Diablo tiene cierta habilidad en esto. Juega con el coño, moja a la chica, mientras la vergüenza sigue ahí, el miedo, la ansiedad. Pero todas esas emociones se intensifican. Eso es lo que lo hace tan jodido. Lo inesperado de todo.
No puedo soportarlo. —¿Así que Rose estaba excitada? —gruño.
—No mates al mensajero, Noose.
Salto de la moto y la dejo encendida. Voy de un lado a otro por la acera en sombras. La noche se tragó el día de un bocado hace horas. Me giro, recordando los dedos brillantes de Diablo.
Grito, rabia y horror mezclados.
—¡Mierda! —Wring salta de la moto, echa a correr y sube el escalón de la carretera a la acera en dos zancadas—. ¡Cierra la puta boca, Noose! —Me da una palmada en el hombro y cierro la boca de golpe.
Con los puños preparados, me planto delante de él.
Los ojos azul pálido de Wring se entrecierran. —Guárdate esto para Diablo.
—La hizo querer follárselo a base de trucos.
Wring me estampa las palmas en el pecho y me tambaleo hacia atrás.
Mala idea.
Me lanzo sobre él. Caemos de la acera y le meto un buen golpe en la mandíbula al aterrizar.
—¡Cabrón! —masculla Wring, y me clava un puño en el estómago.
El aire se me escapa de golpe. Maldita sea.
Wring me agarra de la camiseta y me acerca hasta tenerme nariz con nariz. —Maldito idiota, Rose no quería follárselo. No tuvo opción. —Me sacude hasta que me castañetean los dientes—. ¡La estaba torturando más al forzar a su cuerpo a aceptarlo! —sisea, y me suelta.
El aire me entra a borbotones.
Las palmas me golpean el césped. Me levanto del suelo.
El pecho de Wring sube y baja, y una marca roja le cruza la mandíbula. —Piénsalo, Noose. —Sacude la cabeza—. Olvídalo. Por lo visto has olvidado cómo se hace.
Lo fulmino con la mirada.
—Rose nunca querría acostarse con el hombre responsable de matar a su hermana, ¿verdad? Y la estaban sujetando. ¿Qué chica podría resistirse a un tío que sabe cómo darle placer a una mujer estimulándole el coño sin parar?
Bajo la barbilla. Joder.
Su voz es suave. —Exacto. Nadie. Al final, el instinto de luchar o huir desaparece; la adrenalina se agota. Si no le estaban haciendo daño, su cuerpo acabaría haciendo lo que quisiera sin su permiso. Piénsalo, Noose.
No quiero pensar en otro hombre excitando a Rose, un hombre al que su placer le importa una mierda. Solo quiere joderla. Literalmente.
—¿Cómo reaccionaste a todo esto? Después de que la sacáramos de allí.
Lo miro a los ojos. —La cagué.
Wring suelta una risita. —Si esto sirve de ejemplo...
Lo fulmino con la mirada otra vez. —Me aseguré de que estuviera bien en la enfermería. —Me encojo de hombros.
—¿Cómo de bien? —pregunta Wring, con los ojos entornados. El hijoputa me conoce.
—La hice correrse. No pude evitarlo. La vi con Diablo y tuve que...
—Tenías que marcar tu territorio, ¿eh?
—No me estoy meando encima de ella, Wring. —Sueno hosco.
—Apuesto a que para ella fue como si lo hicieras.
No lo había visto así. Creía que estaba mostrando contención cuando lo que quería era metérsela hasta el fondo. Hacerla mía. Dejar las cosas claras. Joder. La cagué pero bien. Y luego dejé que Crystal me la chupara. Como si necesitara esa complicación.
Cruzo los brazos. —Vale, la cagué a lo grande.
Wring asiente y yo sigo con el ceño fruncido.
—Sé sincero con ella, Noose. Dale el día de hoy. Y el lunes, lleva tu estúpido culo al banco. Invítala a comer.
—¿Una cita?
La sonrisa de Wring es letal. —Sí, imbécil. Demuéstrale que no eres un cavernícola total, si es posible. Convéncela de que es más que un polvo. Si es lo que sientes.
Levanto la barbilla y aprieto la mandíbula. —Di la cara por ella, ¿no?
—No estaríamos teniendo esta charla tan agradable si pensara que solo es un coño.
—Joder —murmuro mientras me aprieto la coleta con rabia. Tiene razón.
—Si la audiencia es el martes y Diablo tiene que estar allí, ¿qué tiene de malo que aparezcas por Rose? Piénsalo. Si a alguien de tu sangre lo hubiera matado a golpes Diablo, ¿no querrías a alguien como tú guardándote las espaldas?
Aprieto los dientes. —Sí. Ya tenía pensado ir.
—Tiene que querer que estés allí, Noose. Y no estoy seguro de que así sea, dado nuestro estatus de MC.
—Crystal habló con ella, le dijo que teníamos algo.
La sorpresa se refleja en el rostro de Wring. —No tenía ni idea.
Me froto la cara con la mano. —Porque no lo tenemos.
—Crystal quiere ser propiedad de alguien, Noose. No puedes culpar a una tía por intentarlo.
Me encojo de hombros. —Sí, tiene una boca que succiona como una aspiradora. Me desahoga, pero no me interesa nada permanente.
—Para eso están las zorras del club. Pero Crystal no se enteró, y le contó a tu chica Rose otra cosa. Rose se larga con el prospecto, y prácticamente todo lo que has hecho por ella queda en entredicho.
—¿Rose cree que solo quería un polvo exótico? —Resoplo incrédulo. No curraría tanto por un polvo. Joder, no me esfuerzo para mojar. El coño fácil está por todas partes.
Ya había llegado a la conclusión de que ahora me gustaba el coño complicado. El de Rose.
Niego con la cabeza. —Ni de coña.
—Pero ella podría pensarlo. Es su perspectiva. Intenta meter en tu cabezota que no es telepática.
Le hago una peineta.
A lo lejos, oigo un ruido como de lata vieja. Rose.
Me incorporo y voy hacia la moto.
Wring y yo montamos en nuestras motos a la vez. Estamos aparcados en un estrecho pasillo verde de árboles, junto a una zona de grava para bicicletas.
Aparcamos las motos ahí.
Pasa un coche blanco pequeño.
El pelo rubio destella en el asiento de atrás. El crío. Charlie.
Apenas distingo la silueta de Rose. Pero es ella. Siento que puedo olerla desde el otro lado de la carretera, a través del cristal.
Nuestro prospecto, Trainer, pasa unos cinco segundos después. Nos localiza en la oscuridad y hace un leve gesto con la cabeza.
Rose seguramente no se da cuenta de que la protección que no quería está ahí de todos modos.
Le guste o no.