Capítulo 25
CAPÍTULO VEINTICINCO
El resto de la semana en la playa fue todo lo que las tres necesitaban.
Si le preguntaras a Ali cómo se sentía, te diría que se sentía más conectada con Jo que nunca, más viva de lo que se había sentido en años.
Después de la noche en la terraza en la que confesaron sus sentimientos, cada noche la habían pasado juntas. Cada una más mágica que la anterior.
Scarlett parecía percibir que las cosas habían cambiado entre las dos.
No eran abiertamente cariñosas la una con la otra delante de ella, sin querer levantar preguntas que aún no sabían cómo responder.
Pero se sentaban un poco más cerca la una de la otra.
Se sonreían más, robándose besos cuando Scarlett estaba distraída.
Pero era una niña perspicaz, y Ali estaba segura de que habría notado el cambio que este viaje había traído.
Al final de la semana, una parte de Ali se resignó a que todo volviera a como era antes, como si todo lo que había pasado en la playa fuera un sueño, sin conexión con la vida real. Una burbuja que estallaría y se encontraría de vuelta en su vida real, pero esta vez, un poco más triste.
¿Podría estar equivocada ?
El primer cambio fue que Jo le pidió que se colara en su cama cada noche.
Ninguna de las dos sabía muy bien por qué se «colaban» en la casa cuando solo estaban ellas y Scarlett, pero se sentía bien.
Era como si no pudieran hablar de lo que estaba pasando o, si no, lo gafarían todo.
Como si hablar de ello fuera a hacerlo desaparecer.
Ali se dio cuenta de lo mucho que se había enamorado de Jo cuando esta empezó a volver a la oficina unas horas.
Trabajaba media jornada, pero su mera ausencia le pesaba mucho a Ali en la mente.
Leía para distraerse, veía obras de teatro que se había perdido a lo largo de los años y que ahora estaban en las plataformas de streaming, pero nada reemplazaba la ausencia que sentía con Jo no estando ahí.
Se sentía como un cachorro, esperando a que su dueña volviera a casa. Era una sensación a la que Ali no estaba acostumbrada. Era una emoción nueva… y no estaba segura de que le gustara. Necesitaba algo que hacer consigo misma cuando Jo no estaba cerca.
Pero ¿cuando Jo estaba cerca? Se sentía como una adolescente otra vez.
Pasaban todo el tiempo del mundo juntas, sentadas en el sofá, jugando con Scarlett, sentadas en la terraza.
Hablaban de todo lo que se habían perdido de la vida de la otra a lo largo de los años.
Lo bueno, lo malo, los altibajos. Ali sabía que todavía amaba a Jo a los pocos días de volver a verla en el hospital, pero ahora empezaba a darse cuenta de que era más que eso.
Estaba locamente enamorada de Jo, y sabía que Jo sentía lo mismo.
Y, aunque en cualquier otra circunstancia, en cualquier otro momento, podrían cabalgar hacia la puesta de sol, esto no era tan sencillo.
El divorcio de Jo podía tardar otro año en resolverse y no se habían sentado a tener la seria conversación de «¿y ahora qué?
». Era como si todo estuviera pasando en un tiempo prestado.
Una noche, durante la cena, Ali había preparado el plato favorito de Jo, linguine con cangrejo y prosecco.
Scarlett les hablaba alegremente de lo que había hecho en el colegio ese día.
Ali planeaba sacar sus preocupaciones, sus reservas, después de cenar, cuando estuvieran a solas, pero Jo habló primero.
—Hay algo de lo que llevo queriendo hablar con vosotras dos —dijo, apartando el plato de sí para indicar que había terminado. Tanto Ali como Scarlett se giraron a mirarla. Ali sintió que el corazón se le aceleraba, sin saber qué iba a decir Jo.
El tiempo que les quedaba juntas se estaba agotando.
Ali tenía que volver al trabajo en cuanto Jo tuviera su consulta con la oncóloga.
La revisión incluía análisis de sangre, que les dirían si la operación había funcionado y el cáncer se había extirpado.
Las dos estaban asustadas, pero eso era otra cosa de la que no habían hablado.
Ali esperaba que Jo hiciera un discurso sobre lo mucho que había disfrutado teniéndolas cerca, quizá incluso admitiendo que las iba a echar de menos.
Jo volvió a hablar, sacando a Ali de sus pensamientos preocupados.
—Le he dado muchas vueltas a esto, así que no es una decisión repentina. —Se giró a mirar hacia donde estaba sentada Ali—. Sé que debería habértelo hablado a ti primero, pero me pareció una decisión que deberíamos tomar todas juntas. —Usó la cabeza para señalar hacia Scarlett.
Ahora Ali no estaba tan segura de cuál iba a ser el tema. Aquello hizo que el corazón le martilleara un poco más fuerte. ¿Qué demonios necesitaban decidir todas juntas?
Por fin, lo dijo.
—Me gustaría que las dos os mudarais conmigo de forma permanente.
Me doy cuenta de que hay algunas cosas que tendríamos que resolver para que eso pasara pero, si fuera algo que todas quisiéramos, entonces podríamos hacerlo realidad.
¿Si queréis? —Jo hizo una pausa, echándole un vistazo a Ali.
Había una expresión de aprensión en sus ojos—.
Quería ver cómo os sentíais las dos al respecto.
No querría que ninguna de las dos estuviera incómoda con la decisión, así que pensé que ya que estábamos, mejor hablarlo todas juntas.
El silencio se instaló entre las tres. Ali quería gritar «¡sí!» y era consciente de que una expresión de preocupación había empezado a extenderse por la cara de Jo. Cuando sus miradas se encontraron, Jo dio voz a ese miedo.
—Siento si os lo he soltado de golpe. Quizá debería habértelo hablado a ti primero, pero no podía esperar y quería que decidiéramos las tres.
—Lo sé, y sé lo que pienso. —Sus palabras fueron suaves, y cogió la mano de Jo y se la apretó con delicadeza, dándole un pequeño asentimiento y una sonrisa—.
Pero tienes razón. Tenemos que decidirlo todas.
—Ali estaba eufórica, pero esta no era solo su decisión.
Scarlett quizá solo tuviera seis años, pero a las dos les importaba cómo se sentía. Así que las dos se giraron a mirarla.
Scarlett empujaba la pasta por el plato, sin mirar a ninguna de las dos.
Aquello hizo que a Ali se le cayera el alma a los pies.
¿Había estado tan absorta en lo que sentía por Jo últimamente que no había notado a Scarlett sufriendo?
¿Había estado Scarlett incómoda y ella no se había dado cuenta?
¿O simplemente no quería responder la pregunta?
Percibiendo la tensión en la habitación, Jo volvió a hablar.
—Quiero que quede claro que no me sentiré dolida en ningún caso. Depende solo de las dos.
Más silencio, más espera. Esta vez lo rompió Scarlett.
—¿Como una familia?
—Si quieres que seamos una familia —habló esta vez Ali, centrándose únicamente en la niña de ojos brillantes .
—¿Así que tendría dos mamás? —La cara de Scarlett estaba muy seria, considerando la cuestión con los labios fruncidos.
Ali y Jo se miraron. La simple pregunta les trajo un momento de realidad mientras imaginaban su pequeña unidad. Los ojos de las dos brillaban de emoción pero, al ver la reflexión de Scarlett, contuvieron sus sentimientos.
—Bueno, sí, si quisieras. —Ali intentó mantener la voz calmada y no delatar nada.
—Me gusta la idea de que seamos una familia. —Lo dijo despacio, como si estuviera meditando cada palabra—. ¿Podría seguir yendo a mi mismo colegio?
—Si quieres. Ya nos apañaremos. —Habló esta vez Jo, con su emoción filtrándose en la sonrisa.
—Quiero. —Scarlett asintió con firmeza con su respuesta—.
Tengo amigos allí… pero me gusta esto. Mamá está aquí todo el rato y tú juegas conmigo, Jo.
—Una sonrisa se extendió por la cara de Scarlett—.
Mia también tiene dos mamás, y es guay. A todas las niñas les cae bien.
—Pinchó un poco de pasta con el tenedor—.
Y mamá está feliz. Me gusta verla feliz.
—Un rápido asentimiento de cabeza mientras se llenaba la boca de pasta les dijo que el trato estaba cerrado.
La madurez con la que hablaba Scarlett era impropia de su edad, y les sacó una sonrisa tanto a Ali como a Jo. Pero Jo solo quería asegurarse.
—¿Entonces eso es un sí?
Scarlett asintió con ganas, alzando la vista hacia las dos.
—Sí. Quiero que nos mudemos.
Jo se giró a mirar a Ali entonces.
—¿Y bien?
El alivio inundó a Ali, porque había querido decir que sí desde el principio.
—Creo que es una idea estupenda .
—Bueno, ¿qué os parece si lo celebramos las dos? ¿Terminamos de cenar y vamos a por un helado? —La sonrisa de Jo mientras hablaba le iluminó el corazón a Ali.
Quizá los cuentos de hadas de verdad ocurren.