Diagnóstico de Amor (City General Series 4) Capítulo 14
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Capítulo 14

CAPÍTULO CATORCE

Durante los días siguientes, Jo durmió gran parte del tiempo.

Los médicos la tenían con antibióticos fuertes para la infección, combatiéndola para que no fuera a peor.

Durante los ratos que estaba despierta, hacía todo lo posible por ver a Ali.

Le costaba mantener los ojos abiertos, pero no lograba resistir el sueño que la vencía.

Lyndsey la había visitado unas cuantas veces, pertrechada con flores y cestas de fruta de parte de todos en el trabajo.

Era evidente lo mucho que la gente con la que trabajaba se preocupaba por ella y lo inquietos que estaban.

Tarjetas con múltiples firmas deseándole una pronta recuperación adornaban las mesitas de la zona de estar de la habitación.

Cuando Lyndsey la visitaba más entrado el día, Jo solía estar bastante cansada y ella se limitaba a sentarse junto a su cama, leyendo.

Las conversaciones durante el día entre Jo y Ali se mantenían cortas y sencillas.

Sobre todo Ali preguntando cómo estaba y Jo diciéndole cada día que iba mejorando.

Después de tres días así, Jo descubrió que era capaz de permanecer despierta más tiempo.

Las conversaciones con Ali pasaron de simples saludos a otras más largas y significativas.

—Maddie se niega a firmar los papeles del divorcio —dijo Jo un día.

Una vez que le empezaban a volver las fuerzas, había vuelto a mirar los correos.

Había detestado no poder responder a todo el mundo enseguida.

Su abogado le había mandado un correo un día después de la operación, informándola de que Maddie se negaba a seguir adelante con el divorcio a menos que se lo quedara todo.

Hablar de esto con Ali le resultaba raro.

Le estaba contando a su exnovia todo sobre su matrimonio.

Tenía que haber algún límite que estuviera cruzando, pero Jo no tenía muchas otras personas con las que pudiera hablar de esto.

Había usado a Maddie como paño de lágrimas durante años, no es que pensara que Maddie le prestara atención alguna vez, pero ahora la única persona con la que se sentía cómoda hablando era Ali.

Incluso de algo así.

Ali murmuró mientras Jo hablaba. No podía evitar preguntarse si la estaba poniendo en una situación incómoda. Si lo hacía, Ali nunca dijo nada.

—¿Has intentado hablar con ella en persona sobre esto? Parece que estás haciéndolo todo a través de abogados y papeleo.

—Intenté hablar con ella cuando vino de visita. Ya viste cómo acabó. Lo pagó contigo. —Jo estaba resentida. Su esposa ni siquiera había preguntado cómo había ido la operación y no tenía ni idea de lo enferma que había estado con la infección.

Ali murmuró de nuevo, cruzándose de brazos sobre el pecho. Se abrazó la tableta contra el pecho, mirando a Jo desde arriba mientras hablaba.

—No tengo ningún consejo que darte —confesó con un pequeño suspiro—. Yo intentaría volver a acercarme a ella en persona. ¿Quizá podrías intentar contactar con ella por mensaje o correo? Así le darías tiempo de cocerse en sus emociones sin saltar de inmediato.

Era una idea. ¿Era buena? Jo lo dudaba. Nada contra Ali, pero ella nunca había tenido que lidiar con Maddie. Hiciera lo que hiciera Jo, Maddie iba a saltar. Solo dependía de con cuánta rabia lo hiciera.

—Puedo intentarlo. —Se encogió de hombros. Sabía que no iba a funcionar, pero Jo quería acabar con esto.

Quería salir de este hospital como una mujer nueva. Había cogido cada penalidad de su vida antes de esta y la había usado para mejorarse a sí misma. ¿Por qué iba a ser esta distinta?

—Solo haz lo que vaya a hacerte feliz —dijo Ali tras un momento.

¿Cómo iba Jo a poder admitirle que ella era una de las cosas que la hacían feliz en estos tiempos?

Hablar del fracasado matrimonio de Jo era un tema raro para Ali.

Se notaba que no era feliz, pero ¿qué se suponía que debía hacer?

Le resultaba raro decir algo que no fuera «haz lo que te haga feliz» o «sigue a tu corazón».

Sentía que, si hablaba, sugiriendo que el divorcio podría ser un paso positivo para Jo, se estaba extralimitando en sus atribuciones como ex y como profesional.

Hasta el momento, había conseguido mantener las cosas profesionales entre las dos, pero cada vez costaba más.

Se quedaba cada noche hasta más tarde, hablando con Jo hasta que se sentía lo bastante cómoda como para dormirse.

Le hacía ilusión oír su voz, ver su cara cada mañana al fichar en el trabajo.

Había cambiado por completo cómo veía Ali eso de ir a trabajar .

Había fichado la salida hacía cosa de una hora, y ahora estaba sentada junto a la cama de Jo.

—Creo que necesito unas vacaciones después de todo esto —dijo Jo, recostándose en la cama. En la pantalla de su tele, se emitía un anuncio de un complejo turístico junto al mar—. Antes nunca me tomaba vacaciones de verdad, pero creo que después de esto me merezco unas.

«Vacaciones» le parecía una palabra tan ajena a Ali.

Hacía todo lo posible por ahorrar para llevar a Scarlett a algún sitio bonito el verano que viene, pero sus ahorros eran escasos.

Si viajaban, solía ser una excursión de un día a otra ciudad.

Quería darle a Scarlett esa clase de experiencia de infancia, pero el dinero escaseaba con su sueldo.

Echando un vistazo a la tele, Ali se rio.

—No recuerdo la última vez que nos fuimos a ningún sitio.

Jo se giró a mirarla, con las cejas fruncidas de confusión.

—¿No tienes días libres?

—Sí que tengo. Solo que… no tengo ocasión de usarlos. —Lo último que quería hacer Ali era mencionar su situación económica. No quería que pareciera que intentaba que Jo le tuviera lástima. Desde luego no quería que pareciera que pedía limosna.

La mirada de Jo se mantuvo en ella, con las cejas arrugadas en el centro. Miraba a Ali como si no la creyera, pero no iba a insistir. Por la mirada perdida en los ojos de Jo, Ali veía que le daba vueltas a la cabeza. Justo antes de que pudiera presionarla sobre qué era, Jo volvió a hablar.

—Entonces deberías venir conmigo. ¿Scarlett y tú?

Ali se quedó desconcertada. Estaba segura de que tenía los ojos como platos; estaba segura de que tenía una pinta cómica.

—¿Perdona?

—No en ese sentido. —Jo se lo quitó de encima con una risa rápida.

Lo bastante rápida como para dejar a Ali sintiéndose un poco…

dolida. Como si la idea de que se fueran juntas fuera una tontería.

Sabía que lo era. Ahora apenas tenían una amistad tentativa, pero saberlo no cambiaba cómo se sentía Ali—.

Te mereces un descanso, yo necesito uno.

Nos llevamos lo bastante bien como para que pudiera funcionar, ¿no?

Ali no sabía qué decir. Su silencio hizo que Jo alargara la mano desde la cama, tomando la de Ali en la suya. Una vez más, un contacto tan simple bastó para mandarle chispas eléctricas a Ali por el cuerpo. Hacía tantísimo que no experimentaba tocar a otro ser humano de una forma más íntima.

Jo era probablemente la peor persona con la que sentirse así. Con toda la historia entre las dos, con su matrimonio en declive, con la línea profesional que Ali no podía cruzar por mucho que lo deseara. Le dio un apretón a la mano de Ali, lo cual solo sirvió para amplificar la emoción.

—¿Qué me dices? —preguntó.

Ali bajó la vista hacia sus manos, aspirando hondo. Era una mujer dividida. Había pros y contras, y empezaba a pensar que los pros pesaban más que los contras… Pero esos contras cambiaban más la vida de lo que lo harían en una situación distinta.

—¿Qué tal si lo pensamos? ¿A ver cómo te sientes cuando salgas de aquí?

Jo le sonrió. Una de esas sonrisas genuinas. Era la clase de sonrisa que antes le alegraba el día a Ali y que ahora era la que le hacía tener ganas de ir a trabajar.

—No voy a cambiar de opinión, Ali.

Había algo en la forma en que Jo lo dijo que le hizo dar un vuelco al corazón a Ali. Intentó apartarlo a un lado como llevaba semanas intentando hacer pero, ahora mismo, sencillamente parecía imposible. Tragó saliva, echándole otro vistazo a Jo .

—Muy bien. Entonces lo pensaré. Con Scarlett en el colegio, es difícil escaparse ahora mismo.

—Podemos ir cuando ella tenga vacaciones.

Jo tenía respuesta para todo. De verdad parecía que se le había metido esto entre ceja y ceja. Ali no era capaz de decirle que no.

—Muy bien. Lo planeamos cuando salgas, ¿vale?

—Lo digo en serio, Ali —dijo Jo, apretándole la mano de nuevo. Ali esperaba de verdad que así fuera, porque le estaba costando esconder lo emocionada que la hacía sentir.

Jo no estaba segura de qué le pasó cuando le pidió a Ali que se fuera de vacaciones con ella.

Estaba reabriendo viejas heridas. Se estaba pasando de la raya, pero cuando Ali por fin accedió, Jo apenas podía describir cómo se sentía.

Por primera vez en lo que parecía una eternidad, el corazón de Jo se sintió satisfecho.

El estrés, la preocupación y la soledad que sentía en su matrimonio habían desaparecido, reemplazados por todo lo que Ali le hacía sentir. Después de que Ali se fuera aquella noche, le había mandado un correo a Maddie.

Maddie:

Lo nuestro no ha ido bien en años, las dos lo sabemos.

Me importas más de lo que me importa mantener un matrimonio que sencillamente no funciona.

Quiero que pases página y seas feliz, porque sé que ahora mismo no eres feliz.

Yo tampoco lo soy. Merecemos más que esto.

El acuerdo que he preparado nos deja a las dos con lo que aportamos al matrimonio y lo que hemos ganado por separado.

Podemos llegar a un acuerdo sobre la casa y los coches.

No soy exigente. Hagamos esto antes de malgastar los buenos años que nos quedan en algo que no funciona.

—Jo.

Por dentro, Jo sabía que ni siquiera el correo bastaría para apaciguar a su esposa, pero era lo mejor que podía hacer. Era su súplica final a Maddie de que pudieran resolverlo como adultas.