Diagnóstico de Amor (City General Series 4) Capítulo 9
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Capítulo 9

CAPÍTULO NUEVE

EN LA ACTUALIDAD

Más tarde esa noche, Ali estaba haciendo sus últimas rondas. Entró en la habitación de Jo tras llamar, encontrándosela con la nariz metida en el móvil como de costumbre.

—¿Todavía estás trabajando? —preguntó Ali, haciendo que Jo alzara la vista hacia ella.

Jo sonrió al verla, dejando el móvil.

—Ali, siento muchísimo lo de Maddie. A veces de verdad puede pasarse de la raya.

—No te preocupes. En serio. No puedes controlar lo que hacen los demás. Una pensaría que a estas alturas ya lo sabrías —dijo mientras se acercaba a la cama de Jo—. De verdad. Ya está todo solucionado. Solo me preocupaba haber hecho algo fuera de lugar y que tú no me lo hubieras dicho.

—En absoluto. —Jo negó con la cabeza—. Has sido amable y profesional. Me sorprende que nos estemos llevando tan bien como lo hacemos.

—A mí también —admitió Ali en voz baja. Nunca se imaginó una situación en la que volverían a estar juntas de nuevo.

Una situación en la que se llevarían tan a la perfección, como lo habían hecho todos aquellos años atrás.

Pensaba que cualquier tipo de relación entre las dos se había ido por la ventana hacía mucho tiempo.

Ali se sacudió el pensamiento de la mente. ¿Relación? Eso hacía que las cosas sonaran más serias de lo que en realidad eran. Solo eran conocidas, dos personas que se reencontraban por primera vez tras tantos años separadas. Ya no eran ni de lejos las personas que eran diez años atrás.

El silencio cayó entre las dos. Palpable. Era como si las dos estuvieran esperando a que la otra dijera algo. Por fin, con una voz apenas más alta que un susurro, Jo habló.

—Estoy más nerviosa de lo que pensaba que estaría. O sea, por lo de mañana. —Era una confesión solo entre las dos.

En cualquier otra circunstancia, Ali habría caído en el papel reconfortante que había adoptado en el hospital numerosas veces.

Le prometería que todo iría bien, que no tenía motivos para estar nerviosa.

Aquellas palabras sonaban vacías cuando se trataba de Jo, porque no era solo una paciente.

Era Jo. Por mucho que Ali intentara separar el pasado del presente, se mezclaban.

—Lo sé —respondió por fin, con una voz tan queda como lo había sido la de Jo—.

Es de lo más natural que tengas miedo. ¿Hay algo que pueda hacer?

—Ya no sabía si preguntaba como su cuidadora o como otra cosa.

La línea se había difuminado. Quizá solo se había difuminado para Ali, pero se había difuminado.

—Estaba bien… pero luego Maddie sacó lo de si iba a salir bien de esto o no. Me hizo empezar a enfrentarme a mi propia mortalidad. Yo no soy así. No soy del tipo que se preocupa por esto. Estaba bien… y luego dejé de estarlo .

Al instante, Ali tuvo que reprimir la rabia que sentía hacia Maddie.

¿Por qué le diría algo así a su esposa, que estaba a punto de someterse a una operación?

¿Por qué sacaría esos sentimientos? Era ridículo.

Cuando era más joven, Ali le habría cantado las cuarenta a Maddie.

Pero ahora era una profesional. Había límites que tenía que mantener, una línea que no podía cruzar por mucho que quisiera.

Ali cruzó la habitación y se sentó al lado de la cama de Jo.

—Lo que sientes es de lo más natural —empezó. Buscaba las palabras adecuadas. Por primera vez en su carrera, Ali no estaba segura de qué decirle a un paciente. Solo porque este paciente era Jo—. Cualquiera en tu posición estaría sintiendo lo mismo.

Jo no era de las que hablaban de sus emociones, al menos no de las negativas. Había sido serena y segura de sí misma cuando eran más jóvenes, y Ali tenía la sensación de que eso no había cambiado. Debía de haberle costado mucho admitir cómo se sentía.

—Ya sé que lo es. Pero aun así no me gusta.

—Lo sé. —Ali bajó la vista hacia su regazo.

¿Qué más había que decir? Cualquier otra cosa sonaba vacía o no del todo adecuada—.

Sé que va a sonar tonto. Sé que va a sonar muy tópico, pero va a ir bien.

Estás en buenas manos. —Aunque Ali no conocía los detalles del estado de Jo, sabía lo básico y no podía imaginarse un desenlace en el que Jo no estuviera bien—.

¿Qué puedo hacer para ayudar? —preguntó Ali de inmediato.

—¿Puedes quedarte conmigo un rato, sin más?

Tenía rondas que terminar. Tenía que llegar a casa con Scarlett. Pero ¿cómo iba a decir que no? Lo reconcilió en su mente señalándose que lo haría por cualquier paciente. No lo hacía solo por Jo. ¿Qué daño harían unos minutos de más? —Por supuesto .

Se quedaron sentadas juntas en un silencio cómodo, encontrando consuelo en la compañía de la otra. Ahora mismo, Jo la necesitaba, y Ali no querría estar en ningún otro sitio.

Por segunda noche consecutiva, el sueño no le llegó a Jo.

Dio alguna que otra cabezada, pero nunca llegó a dormir de verdad.

Cada vez que abría los ojos, estaba mirando el reloj.

En su cabeza, había una cuenta atrás silenciosa hasta la hora de su operación.

Las diez de la mañana. La operación en sí no debería durar más de dos horas.

Para la tarde, sería una mujer distinta. Una mujer libre de cáncer.

Jo no se molestó en pensar en que Maddie apareciera, porque sabía que no lo haría.

Sabía que la próxima vez que viera a su esposa sería para montar la de Dios en cuanto se enterara de que Lyndsey había estado en la casa y había cambiado las cerraduras exactamente como le había pedido.

Maddie era siempre la raíz del estrés para Jo en estos tiempos.

Ali, en cambio, era el pensamiento reconfortante que le aliviaba algunas de las preocupaciones a Jo.

Se dio cuenta de lo horrible que sonaba eso, de lo tonta que era por encontrar consuelo en la mujer que le había roto el corazón.

No eran amigas; llevaban años sin verse.

Entonces, ¿por qué la presencia de Ali le aliviaba las preocupaciones más que ninguna otra cosa?

Jo se lo achacó a la nostalgia. Por triste que fuera su final, habían pasado muy buenos momentos juntas.

Habían sido felices juntas durante casi cinco años antes de que todo se derrumbara a su alrededor.

La nostalgia tenía la costumbre de hacer que las cosas parecieran mejores.

Resultaba reconfortante. Por eso la gente veía y volvía a ver series que le encantaban cuando estaba estresada.

Cuando llegó la mañana, Ali fue la primera auxiliar en su habitación.

Jo quiso bromear y preguntar si se había peleado por conseguir el placer de ser la primera en saludarla, pero sintió que quizá sería cruzar una línea.

A medida que Ali se acercaba a su cama, Jo se fijó en las ojeras. Estaban más oscuras de lo normal.

—Deduzco que tú tampoco dormiste anoche. —Ali le dedicó una sonrisa comprensiva.

—Ni pegué ojo.

—Bueno, después de hoy, deberías poder dormir algo.

Jo lo notó entre las dos, todas las palabras y emociones no dichas. Nunca llegaron a tener un final de verdad, ¿a que no? Nunca tuvieron ese cierre. Intentó sacarse los pensamientos de la cabeza, procurando señalarse que era solo su mortalidad acechándola y haciéndola pensar en estas cosas.

—Eso espero. —Y consiguió una sonrisa. No del todo de verdad, pero lo bastante buena.

—No creo que vuelva a verte antes de que te lleven a la preoperación —dijo Ali tras tomarle la temperatura a Jo.

Jo notó que se le caía el alma a los pies.

Fue como si Ali lo percibiera antes de mirar a Jo directamente a los ojos, consiguiendo una pequeña sonrisa—.

Pero no te preocupes, ¿vale? Seré la primera en tu habitación cuando vuelvas. Estarás bien.

—Lo sé —dijo Jo, pero no estaba muy segura. Todo se estaba volviendo real, mucho más deprisa de lo que pensaba. Creía que todas estas emociones no le entrarían hasta después de la operación.

Sin un momento de vacilación, Ali alargó la mano y encontró la de Jo.

Sus dedos se entrelazaron y Jo sintió más emociones de las que podía identificar, todas volviéndole de golpe.

Todas aquellas mariposas de adolescente le estaban dando una bofetada en toda la cara.

La mano le ardía por la de Ali contra ella.

Se apretaron la mano la una a la otra, sin intercambiar más palabras.

¿Qué más podían decir? ¿Qué palabras harían que Jo se sintiera mejor de lo que lo hacía aquel simple contacto humano?