Devour 60. CAPÍTULO 60
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60. CAPÍTULO 60

Saylor

P riest está sentado en la cama vacía junto a la mía con el brazo izquierdo vendado desde el hombro hasta la muñeca, comiendo gelatina con la mano derecha y actuando como si no hubiera pasado nada.

Básicamente se ha negado a quedarse en cama.

A Priest y a mí nos van a dar el alta para irnos a casa hoy.

Axl organizó un sitio para nosotros ya que no quería que estuviéramos en la mansión de Talon.

Estaré encantada de no volver nunca. Igual que a la casa de mis padres. Solo quiero empezar de cero.

—Alégrate de que no fuera la mano derecha —le dice Axl desde la silla a mi lado, de la que no se ha movido en horas. Tiene la mano sobre mi muslo por encima de la manta y su pulgar traza círculos contra mi pierna sin darse cuenta.

—Qué gracioso eres, joder. —Priest le da otro bocado—. Saylor, ¿estás segura de que quieres estar atrapada con este gilipollas el resto de tu vida?

—Estoy segura de que quiero estar atrapada con su polla el resto de mi vida. —Le doy palmaditas a la mano de Axl sobre mi muslo—. El resto de él es negociable.

Priest se atraganta con la gelatina y Axl me aprieta el muslo con la fuerza suficiente para que me muerda el labio.

—Cuidado, pequeña pagana. No voy a ir suave contigo cuando salgamos de aquí. —Su voz es lo bastante baja para que solo yo la oiga y el coño se me contrae por instinto. Este hombre puede mojarme en una cama de hospital rodeada de sus amigos, y ni siquiera tengo la decencia de avergonzarme.

Crew está apoyado contra la pared cerca de la ventana con los brazos cruzados y los tobillos cruzados, mirando el móvil. No ha dicho mucho desde que llegó, pero viene a verme todos los días.

—Has convertido a nuestra chica guapa en una chica sucia —dice Crew sin levantar la vista.

—Cambiad de puto tema —espeta Axl. Sabía que iba a dejar que esta conversación llegara solo hasta cierto punto.

La puerta se abre y Kase entra primero, sujetándola para Kynlee detrás de él.

Va con una camiseta enorme y mallas, con el pelo recogido de cualquier manera.

Lleva una caja blanca con ambas manos. Es más o menos del tamaño de una caja de zapatos, y la sostiene contra el pecho con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hola, zorra. —Kynlee cruza la habitación y se inclina para besarme la frente. Pone la caja en la cama junto a mis piernas y se mueve sola por el peso.

—¿Qué cojones es eso? —Axl mira la caja y luego a Kynlee.

—No es para ti. —Ni siquiera lo mira—. Es para Saylor. Un detallito para que te sientas mejor.

Miro la caja. Se mueve otra vez y oigo el más leve sonido desde dentro, un ruidito suave y agudo que apenas se percibe.

—Kyns, ¿qué has hecho?

—Ábrela. —Está prácticamente dando saltitos. Kase está detrás de ella con los brazos cruzados, mirando a su hermana con una expresión que me dice que ya sabe lo que hay dentro.

Levanto la tapa con cuidado y las lágrimas me escuecen en los ojos.

Una gatita negra diminuta está acurrucada sobre una toalla doblada dentro de la caja, profundamente dormida.

Su pelo es corto y es tan pequeña que apenas ocupa una esquina del espacio.

Una de sus orejas se mueve cuando la luz le da en la cara, y estira una patita, maúlla, y luego la vuelve a meter debajo de su barbilla.

—Dios mío. —Me llevo la mano a la boca y los ojos ya me arden—. Kynlee.

—Toda chica necesita una gatita de apoyo emocional. —Se sienta en el borde de mi cama y alarga la mano para acariciar el lomo de la gatita con un dedo—. Se parece a Verónica. Tiene los mismos ojos verdes. Los verás cuando se despierte.

La habitación se queda en silencio. Así es como sé que les ha llegado a todos, porque estos hombres nunca están callados.

Meto las manos en la caja y saco a la gatita con ambas manos. Es cálida y no pesa casi nada. Cuando me la acerco al pecho, suelta un sonidito diminuto y se acurruca en el hueco entre mi mandíbula y la clavícula.

No sabía que necesitaba esto hasta ahora mismo, joder.

La mano de Axl sigue en mi muslo. Está mirando fijamente a la gatita pegada a mi cuello y puedo sentir que me observa la cara. Le recorre la columna a la gatita con un dedo y ella se arquea hacia el contacto sin abrir los ojos.

—Ahora tienes dos gatitos que cuidar. —Priest no pierde oportunidad, joder.

Kase pierde la compostura. Se deja caer en la silla junto a la puerta y echa la cabeza hacia atrás riéndose tan fuerte que no le sale sonido. Los hombros de Crew se sacuden contra la pared. Hasta Kynlee aprieta los labios para no partirse.

—Siempre estoy rodeado de putos críos. —Axl resopla, pero no aparta los ojos de mí—. ¿Te hace feliz, pequeña pagana?

—Ya me hace feliz. —Aprieto la mejilla contra la cabecita de la gatita y ronronea. La vibración es tan pequeña, pero está ahí.

Axl se inclina hacia delante y me presiona los labios en la frente, luego me baja la boca a la oreja. —Lo que sea por mi reina.

—Te va a encantar tener un gato. Otra hembra en tu vida que te va a arañar de lo lindo. —Kase estira las piernas y se sube la manga del antebrazo. La cicatriz de Verónica todavía es visible. Señala la marca con un gesto dramático.

—Te lo merecías. —Kynlee se reclina sobre las manos a mi lado en la cama—. Por el hecho de que tenga que ir por la vida sabiendo lo que Crew y tú hacéis.

Me río y la gatita se mueve contra mi cuello, soltando un pequeño maullido antes de acomodarse de nuevo. Crew se despega de la pared y se acerca a mirarla. Se agacha junto a la cama y la estudia un segundo, luego alarga la mano y le rasca debajo de la barbilla con un dedo.

Mira a Axl. —Esta va a dormir en vuestra cama por las noches, seguro.

—Será una auténtica Cuerva, porque va a ver unas cuantas cosas. —Axl alarga la mano y le recorre el lomo a la gatita con el nudillo. La gatita se estira y bosteza sin levantar la cabeza de mi cuello—. Una futura pequeña voyeur.

—Pobre gata. —Crew se ríe junto a la cama.

Sujeto a la gatita más cerca y le acaricio el pelo con el pulgar. Kynlee está a mi lado en la cama fingiendo que está bien, como siempre que intenta no llorar. Le busco la mano y se la aprieto porque ella sabe lo que perdí.

Me la aprieta de vuelta y me dedica un pequeño asentimiento. Eso es todo lo que necesitamos. Nunca hemos necesitado muchas palabras entre nosotras.

Priest se mueve en su cama, haciendo una mueca cuando el brazo se le mueve mal. Mira a Kynlee y algo en su expresión cambia. Es lo bastante rápido como para que casi me lo pierda, pero me pregunto qué ha sido eso.

—¿Cómo estás? —le pregunto—. Me refiero con todo lo que está pasando.

Kynlee se centra en la gatita. —Estoy bien, Sayl. Tú eres la que está en la cama del hospital.

—No me refiero a eso.

Me mira de reojo a Kase, y luego a mí. —Supongo que iré a subasta. Por suerte solo son una vez al año, así que tengo tiempo para disfrutar.

—Que le jodan a eso. —La mandíbula de Kase se tensa desde la silla junto a la puerta—. No voy a ver cómo venden a mi hermana.

—Es lo que va a pasar. —Kynlee le lanza una mirada que lo reta a seguir—. No es como si no hubiera estado de rodillas ya ante un psicópata gilipollas. ¿Puede ser mucho peor que eso?

Nadie le responde. Porque la verdad es que en nuestro mundo, absolutamente puede ser peor. La subasta no es una elección. El mejor postor se te folla delante de todos y luego le perteneces. No me puedo creer que mi madre vaya a estar en el mismo estrado de subasta que mi mejor amiga.

Kase está agarrando los brazos de la silla con fuerza y mirando al suelo. Priest mira al techo, pero su mano buena está cerrada en un puño sobre las sábanas a su lado.

—Tenemos tiempo para resolverlo. —El tono de Axl es comprensivo—. Nunca sabes lo que puede pasar.

Kynlee asiente una vez y sé que no quiere hablar más de ello. Así es Kynlee. Hace bromas sobre la peor mierda de su vida pero nunca quiere que nadie sienta pena por ella.

Pase lo que pase después, saldremos adelante. No la dejaré enfrentarse a ello sola. Seremos las dos y nuestras gatitas de apoyo emocional.