58. CAPÍTULO 58
Axl
L a enfermera cambia el vendaje del costado de Saylor y yo observo cada movimiento que hace para tratar a mi chica.
Retira la venda vieja. Los puntos debajo están limpios, pero la piel alrededor está hinchada y amoratada.
Tengo que agarrarme a la barandilla de la cama para no tomar el control y asegurarme de que la limpieza es exhaustiva.
—La estás poniendo nerviosa. —La voz de Saylor está adormecida por la medicación, pero la actitud está completamente in-puta-tacta.
—Bien. —No aparto los ojos de las manos de la enfermera—. Debería estar nerviosa. Es a mi chica a quien está pinchando.
La enfermera me echa un vistazo y puedo notar que piensa que soy algún novio posesivo y agobiante. Tiene razón en casi todo. Pero voy a ser mucho más para mi chica que un puto novio. Voy a ser un marido obsesivo, protector, dominante, posesivo y agobiante.
—Axl. —Saylor alarga la mano y me envuelve los dedos alrededor de la muñeca—. Solo está haciendo su trabajo. Siéntate, mi rey.
Dice esa última parte sabiendo lo que me provoca. Le bajo los labios a la oreja. —Esos puntos en el costado no te impiden arrodillarte para mí, nena.
Me sonríe abiertamente y se le oscurecen los ojos. —Mucho mejor que cuando actúas como si estuviera puta rota.
Tiene razón. Mató a dos hombres con una navaja plegable y luchó para volver a mí. Está lejos de estar puta rota.
—No estás rota, nena. —Le beso la sien—. Eres la mujer más preciosa y peligrosa que conozco. —Me aparto y la miro—. Pero ya sabes cómo me pongo cuando alguien toca lo que es mío.
La enfermera bufa y pone los ojos en blanco.
—¿Ves lo que me toca aguantar? —le dice Saylor a la mujer, y luego se muerde el labio inferior—. Está sexy de cojones, ¿verdad?
La enfermera niega con la cabeza pero le pillo la sonrisa que intenta esconder. —Volveré en un par de horas a revisar todo. —Recoge su bandeja y se va, y no la culpo.
—¿Así que te parezco sexy? —Miro a Saylor y me está sonriendo con los ojos pesados.
—Que no se te suba a la cabeza. —Agarra la camiseta que encontré para ponerme sobre los vendajes y tira de mí hacia ella—. Tu ego ya está fuera de control.
—Estás acumulando razones para castigarte, pequeña pagana.
—Dejo que me atraiga y le presiono los labios contra los suyos.
Sabe a zumo de manzana, ya que se ha tomado tres de esos bricks pequeños.
Profundizo el beso, intentando recordarle a mi polla que todavía no me la he llevado a casa.
Dondequiera que cojones vaya a ser. No la llevaré de vuelta a la mansión de Talon después de lo que pasó allí.
Cuando me aparto, me mira a través de las pestañas. —¿Lo prometes?
Un golpe en el marco de la puerta me distrae antes de que pueda responderle. Reese Sinclair está allí de pie con los brazos rodeándose a sí misma. Las mejillas mojadas de llorar. Su familia ha estado haciendo guardia en la habitación de Dane esperando alguna mejoría.
—He venido... —se le quiebra la voz en un sollozo y se tapa la boca.
Me pongo más recto. —¿Es Dane? ¿Ha pasado algo?
Asiente y se seca los ojos. Cierro los ojos preparándome para lo peor.
—Lo siento. Es que estamos agotados. Me enviaron a buscarte. —Respira hondo—. Dane se ha despertado y pregunta por ti.
Abro los ojos y el aire me vuelve a los pulmones. Dane se ha despertado. Ese hombre terco se ha despertado. Joder, gracias.
—¿Está bien? —Mi voz sale más ronca de lo que esperaba.
Reese asiente. —Es Dane. Ya ha tomado el mando de todo el que pisa su habitación. —Se limpia la cara con el dorso de la mano y casi sonríe—. Ha hecho que Fox y Tate salgan a tomar el aire y se ha asegurado de que Thorne se quede en la cama. Me ha pedido que viniera a buscarte.
Miro hacia Saylor. No puedo dejarla. Cada puta vez que la dejo, le pasa algo.
Saylor se incorpora en la cama. —Ve.
—Estás loca. No voy a dejarte, joder.
—Dane casi muere, Axl. Sé que lo consideras otro padre para ti. —Sus ojos están cansados pero su voz es firme—. Ve. No puedes estar conmigo cada segundo de cada día. Estaré bien.
Tiene razón y odio que tenga razón. Miro a Reese. —¿Te importaría...?
—Me quedaré con ella. —Reese ya está acercando la silla—. Tómate tu tiempo.
Me inclino y le presiono los labios a Saylor. —No te muevas de este sitio, pequeña pagana. —Sigo sin querer dejarla, pero le beso la frente y me obligo a dar un paso atrás.
Reese se acomoda en la silla junto a la cama, y Saylor la mira dedicándole una sonrisa suave.
Quiero que Saylor conozca mejor a Reese.
Va a tener días que serán más duros que otros, y Reese lo entiende.
La mujer de Tate ha pasado por su propio infierno.
Conoce el tipo de trauma por el que ha pasado Saylor.
Salgo de la habitación y no miro atrás porque si lo hago, no seré capaz de irme. Va a pasar un tiempo antes de que pueda confiar en que alguien no va a intentar quitármela. Si es que puedo confiar en eso alguna vez.
La habitación de Dane está al final del pasillo, pasados dos Cuervos montando guardia en la puerta. Miembros del Consejo están reunidos en un grupo y me saludan con la cabeza al marcharse juntos. Uno de los guardias de Dane abre la puerta y me deja entrar.
Dane está recostado contra un montón de almohadas con tubos saliéndole de ambos brazos y monitores pitando a su lado.
Nunca lo he visto así. Su piel no tiene el mismo color y los vendajes son visibles por encima del cuello de la bata del hospital.
Pero sus ojos están afilados y se centran en mí en cuanto cruzo la puerta.
Whitney está acurrucada contra su costado en la cama con la cabeza en su hombro y la mano en su pecho. Tiene los ojos hinchados de llorar pero está sonriendo, y el brazo de Dane la rodea como si no acabara de quitarle años de vida a toda su familia.
—Gatita, te he dicho que estoy bien. —Su voz es ronca y más rasposa de lo habitual, pero el tono de mando sigue ahí—. No hace falta que me tomes el pulso cada treinta segundos.
—Te tomo el pulso cuando me dé la gana. —Le presiona los labios en la mandíbula—. No puedes casi morirte y luego esperar que no te cuide.
Él aprieta el brazo a su alrededor. —No te vas a librar de mí tan fácilmente.
Whitney niega con la cabeza pero está apretando la cara contra su hombro, y puedo ver que intenta no llorar otra vez. Dane baja la barbilla y le murmura algo contra el pelo que no puedo oír, y ella le agarra la bata del hospital con el puño.
Cuando Dane compró a Whitney en una subasta hace unos años, nunca esperé que estuvieran tan enamorados. Fue un gran acontecimiento en nuestro mundo cuando pagó cincuenta millones de dólares por tenerla, y es evidente lo que significan el uno para el otro.
Así vamos a ser Saylor y yo dentro de veinte años. Daría mi herencia, el negocio de mi padre, toda la fortuna de nuestra familia. Todo.
—Axl. —Los ojos de Dane me encuentran por encima de la cabeza de Whitney—. Ven aquí, hijo.
Whitney levanta la cabeza. —Hola, cielo. —Me dedica una mirada cálida—. ¿Cómo está Saylor?
—Va a salir adelante. —Eso es lo único importante. Me aseguraré de que se cure de todo lo demás. Me detengo a los pies de su cama—. Debería poder llevarla a casa mañana.
—Me alegra oír eso. —Dane asiente con aprobación—. Siéntate, Axl. —Señala con la cabeza hacia la silla junto a la cama. Su voz está cansada pero sus ojos no—. Tenemos que hablar.
Acerco la silla y me siento a su derecha ya que Whitney está a su izquierda. Whitney no se mueve de su lado y él no se lo pide. Lo que sea que vaya a decir, ella también lo oirá.
—Primero, si quieres casarte con tu chica. —Dane me observa la cara—. Puedo hacer que suceda.
—Pero no sabemos quién es el tutor de Saylor ahora. —Supongo que le han informado de que David y Justin están muertos.
—Eso no importa. —Agita la mano—. El Consejo tiene control sobre todo, Axl. La aprobación del tutor es solo una formalidad. Si yo lo presento al Consejo, está hecho.
El Consejo son los titiriteros y todos nosotros sus marionetas. Así que tengo la suerte de tener a Dane Sinclair de mi lado.
—Has estado ahí para algunos de los mejores y peores momentos que ha enfrentado mi familia. —Sus ojos no se apartan de los míos—. Tú y los demás habéis arriesgado vuestras vidas. Lo mínimo que puedo hacer es asegurarme de que puedas quedarte con la mujer que amas.
Whitney le da palmaditas en el pecho. —Eres un blandengue en el fondo.
—Gatita, me las vas a pagar por eso, joder. —Dane le da una palmada en el culo y luego se centra en mí de nuevo—. Pero tienes que esperar hasta que recibas tu marca. No puedo empezar a romper todas las reglas, o todos los rituales se vendrán abajo.
Eso es dentro de muchos meses, pero es como tiene que ser. Y sigue siendo mía. —Lo entiendo.
Siempre iba a ser así. Los dos tenemos que cumplir nuestro año para ganarnos nuestro lugar dentro de los Cuervos.
—Hay otra cosa de la que quería hablarte. —La expresión de Dane se vuelve seria—. Te has ganado más que una marca, Axl.
No digo nada. No sé qué cojones quiere decir con eso.
—Cuando me recupere, tú y yo vamos a tener una conversación. Tú, yo, tus amigos y Cain. —Me sostiene la mirada. Sabe que voy a reaccionar al oír el nombre de Cain—. Será pronto, cuando haya menos oídos alrededor.
La mano de Whitney se detiene sobre su pecho y me sonríe como si supiera algo que yo no.
—De acuerdo. —No insisto, pero hay una pregunta en mi voz. Siempre hemos sospechado que había algo más en Cain, pero nunca supimos qué era. Cain fue un talon también, y luego desapareció.
—Tengo grandes planes para ti y tus amigos.
No tengo intención de desaparecer, así que no sé qué cojones significa eso.
Whitney sonríe aún más y Dane se da cuenta. —Gatita, ¿no podrías por una vez disimular que no conoces todos mis secretos?
—No he dicho una palabra. —Le recorre el pecho con el dedo—. Solo estoy aquí tumbada.
Él le agarra la mano y se la inmoviliza, negando con la cabeza. —¿Puedo darte un consejo? —Los ojos de Dane vuelven a mí—. Sobre tu chica.
—Sí.
—No le ocultes una mierda. —Mira de reojo a Whitney—. Y eso va en ambas direcciones, ¿verdad, gatita?
—¿De verdad vas a hacer esto ahora? —Le provoca ella—. ¿Delante de Axl?
—Estoy dejando las cosas claras. —Se vuelve hacia mí—.
Los secretos te joden más rápido que cualquier otra cosa en nuestro mundo.
Lo que hayas hecho, lo que vayas a hacer, no se lo ocultes.
En lo que a mí respecta, ya no tienes que mantener en secreto nada de lo que hacemos.
Ha demostrado que es más que capaz y digna de confianza.
Vas a necesitar una mujer fuerte a tu lado para lo que viene.
Eso significa más de lo que él sabe. Pienso en todo lo que le oculté a Saylor porque creía que sabía más. Lo que nos costó. Nunca me lo perdonaré.
—Ya he aprendido esa lección.
—Bueno, siempre has sido un poco cabezota.
—Los ojos de Dane se quedan en los míos un segundo más y luego exhala.
La energía que lo ha mantenido alerta desde que entré se está desvaneciendo.
Whitney también debe sentirlo, porque le lleva la mano al pecho y se acurruca más cerca—.
Intenta esperar a que me recupere antes de amontonar más cadáveres.
—No prometo nada. —Me pongo de pie y echo la silla hacia atrás, riéndome—. Deberías descansar. Hablamos pronto.
—Sí, lo haremos. —Sus ojos ya se están poniendo pesados pero su voz todavía tiene filo—. Tenemos mucho más trabajo por delante. Esta mierda no ha terminado.
Sabemos que no desmantelamos la red. Un edificio es solo una gota en el océano de lo que creemos que hay ahí fuera. Cierro la puerta de Dane detrás de mí y necesito volver con Saylor.
Estoy a mitad del pasillo cuando veo a Crew.
Está sentado en una de las sillas cerca de las máquinas expendedoras con el móvil en la mano, pero no lo está mirando.
Está mirando fijamente la pared de enfrente como si estuviera perdido en sus pensamientos.
Tiene los codos en las rodillas y la pierna le rebota.
No se da cuenta de que estoy ahí hasta que me planto delante de él.
—Eh, Crew. —Me paro frente a él, obligándolo a verme—. ¿Estás bien?
Levanta la cabeza, y lo que tuviera en la cara hace un segundo ha desaparecido. Se recuesta en la silla y se pasa la mano por la mandíbula. —Sí, hermano. Estoy bien.
No lo está, joder. Crew está raro desde que entramos en aquel edificio. Algo le ronda la cabeza después de lo que fuera que le dijo el cabrón de Hawthorne. He estado demasiado centrado en Saylor para sacárselo.
—¿Estás seguro?
—He dicho que estoy bien. —Se levanta y se guarda el móvil—. ¿Cómo está Dane?
—Siendo Dane. —Le observo la cara—. Está despierto. Él y Whitney están peleándose por quién manda en esa habitación.
Crew asiente pero su mente está en otro sitio. Lo veo. Lo que sea que le molesta, es gordo. Y se lo voy a sacar pronto.
—Me llevo a Saylor de aquí mañana —le digo, cambiando de tema.
—Me alegro. —Me da una palmada en el hombro al pasar de largo, alejándose de mí—. Más vale que vuelvas con ella.
Lo veo caminar por el pasillo y casi lo llamo. Pero necesito volver con mi pagana.