25. CAPÍTULO 25
Saylor
E l comedor está lleno de charla. No paro de moverme en mi asiento, ajustándome a la irritante sensación del semen acumulándose en mis bragas.
Axl está sentado a mi lado con la mano en mi muslo, comiendo con la otra mano y hablando con Priest sobre algo a lo que no me molesto en prestar atención.
Él simplemente sigue como si nada cada vez que me muevo.
La costura de mis vaqueros presiona contra mi clítoris y me recuerda lo jodidamente cachonda que estoy.
Su pulgar traza un círculo perezoso en mi muslo, y agarro su muñeca bajo la mesa e intento mover su mano más cerca de mi clítoris. No me mira, pero la comisura de su boca se eleva.
Sabe exactamente lo que está haciendo, y vuelve a poner su mano en mi muslo, apretándolo con firmeza.
Kynlee está frente a mí con Justin a su lado. Está picoteando su comida y no lo ha mirado ni una vez desde que se sentaron. No se han dicho ni una palabra.
Desde el otro lado de Justin, Ryan le da un codazo en el brazo. —¿Cuándo vas a dejar de ser un capullo egoísta? Porque quiero ser el primero en jugar con ella.
Señala con la barbilla hacia Kynlee. Ella no se inmuta, pero su agarre se tensa en el tenedor. Me mira y pone los ojos en blanco.
Justin no mira a Ryan. Ni siquiera deja de masticar. Traga, da un sorbo a su agua y deja el vaso antes de responder.
—No he terminado con ella.
Kynlee resopla a su lado. —¿Ah, sí?
—¿Cuál es tu puto problema exactamente? —le sisea Justin intentando mantener la voz baja—. ¿Quieres que deje que te aten y hagan cola para pajearse sobre tus tetas y tu culo?
Eso capta la atención de Axl y Priest cuando la voz de Justin vuelve a subir.
Kynlee lo fulmina con la mirada. Por un segundo, creo que le va a clavar el tenedor en el ojo, pero simplemente aprieta la mandíbula y vuelve a su plato.
—Estoy encantada de ser toda tuya, Justin. —Su voz es toda falsa dulzura—. El mejor que he tenido.
Justin no responde, pero bufa y luego se centra de nuevo en su cena.
Miro de nuevo y Ryan ahora está centrado en mí. Se lame los labios y su sonrisa sugerente me hace pegarme más a Axl. —No te preocupes, princesa. Sé que ese dulce coño no está en oferta.
La cabeza de Axl gira. Su mano deja mi muslo y suelta el tenedor, levantándose de golpe de su silla.
Justin se levanta al mismo tiempo y estampa la cara de Ryan contra la mesa.
La nariz de Ryan cruje contra la madera, y su plato sale volando por el borde y se hace añicos en el suelo de piedra. Cada conversación en el comedor con más de setenta personas se detiene.
Justin lo mantiene ahí con una mano en la nuca, inclinándose cerca de su oído. —Es mi hermana. Así que vigila tu puta boca.
La sangre de Ryan se acumula en la mesa bajo su cara. Está gimiendo pero no opone resistencia. Creo que Justin puede haberle dado una conmoción cerebral.
Axl está de pie, estirándose por encima de la mesa para alcanzar a Ryan. Empuja a Justin. —No necesito ayuda para proteger a mi chica.
Tira de Ryan hacia él por encima de la mesa y acerca la cara ensangrentada del cabrón a la suya.
—Mírame, joder. —La voz de Axl es baja, y la sangre de la nariz de Ryan gotea sobre la mano de Axl donde agarra su camisa—. Solo voy a decir esto una vez para ti y para todos los que están aquí. No le hables. No la mires, joder. Ni se te ocurra pensar en ella, joder. ¿Me entiendes?
Ryan asiente. Es todo lo que puede hacer con el puño de Axl retorcido en el cuello de su camisa y la nariz torcida.
Axl echa el puño hacia atrás y le da un puñetazo en la cara ya ensangrentada y luego empuja a Ryan hacia una silla vacía, derribándola. Ryan agarra una servilleta de tela, se la presiona contra la cara, y no mira a una sola persona mientras sale del comedor.
Todos observan a Axl durante unos segundos, y luego lentamente retoman sus conversaciones como si nunca hubiera pasado.
Axl se sienta de nuevo, usa su servilleta para limpiarse la sangre de la mano, y luego me agarra el muslo otra vez antes de coger su tenedor.
Priest sacude la cabeza. —¿Podemos terminar una puta comida?
Kynlee me atrapa la mirada desde el otro lado de la mesa y articula pero qué coño, y aprieto los labios porque si abro la boca, me voy a reír de lo que acaba de pasar.
Justin sigue fulminando a Axl con la mirada como si quisiera decir algo, pero Axl no le da la satisfacción de reconocer la existencia de Justin. Simplemente sigue comiendo su filete con mi muslo en un agarre mortal bajo la mesa.
Axl de repente deja su tenedor y saca el teléfono del bolsillo. Lee el mensaje y se lo enseña a Priest. Priest asiente y hace un gesto para captar la atención de Kase y Crew. Me alivia que estén sentados en el otro extremo de la mesa para que Tracy no esté cerca de nosotros.
Observo el intercambio y Axl ya está echando su silla hacia atrás. Priest, Crew y Kase también se ponen de pie.
Axl se inclina y su boca está en mi oído para que solo yo pueda oír. —Quédate con Kynlee y termina tu cena. Luego haz que ella y Justin te acompañen de vuelta a nuestra habitación. Volveré en cuanto pueda.
Sonrío para mí misma porque la llamó «nuestra» habitación. Me importa una mierda lo tonta que eso me haga parecer.
Mira a Justin. —¿Crees que puedes encargarte de llevar a mi chica arriba sana y salva?
Es la primera vez que le veo mostrar a mi hermano algo que no sea molestia y odio, aunque no los veo juntos muy a menudo. Pero mi preocupación de que Axl me use para llegar a Justin se ha ido. Quizás que Justin me defendiera hizo que Axl viera que mi hermano no es tan malo como cree.
—Que te jodan, Axl.
Eso no va a ayudar una mierda.
—Escríbeme cuando estéis encerradas arriba.
—No se molesta en responder a mi hermano y me da un beso rápido.
No puedo evitar sonreír por lo tierno que puede ser cuando quiere.
Luego los cuatro salen del comedor. Justin los observa marcharse, claramente irritado por no estar metido en lo que sea que tengan que hacer.
Kynlee y yo charlamos a lo largo de la mesa mientras Justin está ahí sentado con cara de aburrimiento. Saca su teléfono, desplazándose por la pantalla mientras terminamos de comer.
—¿Habéis terminado? —Se guarda el teléfono y echa la silla hacia atrás antes de que haya tragado mi último bocado—. Yo también tengo que estar en otro sitio.
Se levanta y nos hace un gesto para que nos demos prisa.
De todas formas, prefiero acomodarme en el sofá con una película.
Esa es la única ventaja de vivir básicamente en un hotel de lujo con todos los servicios, tengo mucho tiempo para holgazanear.
Kyns va a tener que averiguar cómo conseguirnos más pastillas pronto con todos los maratones de terror que hemos tenido.
Kynlee y yo seguimos a Justin escaleras arriba y luego al ala donde están las suites de los chicos. Una vez en el pasillo largo, Justin se queda a mi lado.
—¿Ese cabrón te está haciendo daño? —Me acerca a él, con la mano en mitad de mi espalda—. Tienes marcas por todas partes.
Vuelvo a notar su colonia. Es irritante que siga sin poder ubicar por qué me resulta familiar, y me revuelve el estómago. ¿A quién más he conocido que use esa colonia? No es Axl ni ninguno de sus amigos.
—Estoy bien, Justin. —Seguimos caminando—. Axl no está haciendo nada que yo no quiera que haga.
Nuestro mundo es abierto con el sexo. He crecido sabiendo que se esperaría que sirviera a un Talon, y luego que sirviera a mi marido.
Así que nunca he sido tímida y aprendí pronto que a mi cuerpo le gusta correrse.
Pero me niego a hablar con mi hermano sobre lo que Axl y yo hacemos.
Ahí es donde trazo la línea. Ya es bastante malo que viera a Axl follarme en la reclamación.
—No me fío de él. —La mano de Justin sigue en mi espalda guiándome por el pasillo—. Es imprudente. Los Sinclair le dejan salirse con mierdas que harían que castigaran a cualquier otro Talon. Su número de cadáveres es mayor que el de la mayoría.
Eso me lo creo. He sido testigo de algunos y soy muy consciente de lo que es capaz. Debería asustarme, pero me siento más segura con Axl que con nadie. —¿Qué tiene eso que ver conmigo? Soy su Paloma. Sabes cómo funciona esto.
—Eres mi hermana y te quiero, Saylor. —Nos detenemos frente a la habitación de Axl—. Y cuando Axl termine de follarte, seré yo el que siga aquí asegurándose de que estés bien. Así que simplemente no quiero que te hagas ilusiones con él, ni que empieces a pensar que no es un capullo egoísta.
Sus palabras golpean más fuerte de lo que esperaba.
Porque no se equivoca. Esto es solo por un año.
Un año de enredos y ser lo que Axl necesita que sea mientras se gana su marca de los Cuervos.
Así es como siempre ha funcionado. Servimos nuestro año, ellos completan su servicio, y nuestros padres empiezan a planear el matrimonio que mejor convenga al futuro de la familia.
Por eso mi madre quería que fuera a subasta.
Pensaba que mi cuerpo joven atraería a alguien de alto rango en los Cuervos que elevaría a nuestra familia.
Probablemente es la única razón por la que me tuvo.
Nunca me había molestado antes. Pero aunque solo han pasado un par de semanas, ya temo el día en que lo que sea que tengo con Axl termine.
Porque soy una zorra estúpida.
He terminado con esta conversación. Tecleo el código y abro la puerta. Justin sigue justo detrás de mí. Entro en la habitación, sujetando la puerta, y Kynlee me sigue.
—Voy a ver películas con Saylor.
Asoma la cabeza detrás de nosotras. —No sé lo tarde que llegaré, y Axl tiene razón en una cosa. No salgáis de aquí.
Se aleja de la puerta, volviendo por el pasillo. Cierro la puerta y se bloquea automáticamente.
Kynlee va directa a la cocina. —Por favor, dime que Axl tiene algo de beber aquí.
—Mira el armario encima de la nevera.
Encuentra una botella de whisky y la levanta con las dos manos. —Esto servirá.
Saco mi teléfono para escribirle a Axl. Lo quiero, y quiero que me deje correrme esta vez, así que haré lo que él diga si eso significa que puedo tener un orgasmo.
[Yo: Estoy en la habitación. Kynlee y yo vamos a ver películas.]
Aparecen los puntos y luego responde casi de inmediato.
[Mi Rey: Buena chica. Quédate despierta o no. Te voy a follar de todas formas.]
Gimo y aprieto los muslos. ¿Por qué esas palabras tienen ese efecto en mí? Dejo mi teléfono en la mesita junto al sofá.
Sirve dos vasos y los trae, dándome uno antes de dejarse caer en un extremo del sofá. —¿Qué vemos?
—¿Otro maratón de terror? ¿Freddy esta vez?
—Perfecto. —Se desplaza hasta encontrar lo que queremos y le da al play—. Vamos a ver todas las películas de terror que han existido antes de que termine este año.
Doy un trago y me echo una manta sobre las piernas. El whisky quema al bajar y se siente bien. Me da algo en lo que concentrarme que no sea el dolor entre mis muslos o las palabras de mi hermano que siguen resonando.
Axl es tan posesivo como tierno. Es tóxico y psicótico. Y la idea de que esté con otra persona, y mucho menos que se case con ella, me dan ganas de estrellar mi vaso contra la pared.
Doy otro trago grande. No hay nada que pueda hacer al respecto.
Solo tengo que disfrutar de Axl mientras lo tenga.
No es que esté ansiosa por casarme de todas formas, así que ¿por qué me importa ahora?
Es solo otra cosa sobre la que estoy siendo estúpida.
Estoy aquí por el sexo ardiente y para cabrear a mi madre.
Estoy teniendo éxito en ambas cosas, así que gano yo, joder.
Alguien está encima de mí. No puedo ver su cara, pero algo no está bien.
La habitación está oscura y mis brazos no se mueven y estoy intentando gritar pero no sale nada.
Su peso me presiona contra el colchón. Sus manos sujetan mis muñecas por encima de mi cabeza, y no puedo respirar mientras se acomoda entre mis piernas.
Estoy llorando. —Para. Por favor, para.
Retuerzo mi cuerpo e intento liberarme, pero pesa demasiado y mis piernas no funcionan. Su aliento está en mi cuello y lloro mientras lucho por hacer que pare. Intento dar patadas pero es inútil. Puedo decir por cómo responde mi cuerpo que no es Axl quien está encima de mí.
¿Dónde está?
—¡Axl! —Su nombre me desgarra la garganta. No sé por qué lo llamo a él pero es la única persona que sé que me mantendrá a salvo—. Axl. Necesito a Axl. Por favor.
—Saylor. Eh, nena. Despierta.
Siento sus manos en mi cara. Abro los ojos de golpe y Axl está a mi lado, limpiándome las lágrimas de las mejillas con los pulgares. La lámpara de la mesita de noche está encendida. Estoy en nuestra cama, y mi corazón late tan fuerte que me cuesta controlar la respiración.
—Estás bien. —Su voz es baja y firme—. Estoy aquí, nena. Estás bien.
Estoy temblando. Mi camiseta está empapada de sudor y las sábanas están enredadas en mis piernas. De eso es de lo que no podía liberarme. Las putas sábanas.
Agarro su brazo y tiro de él hacia mí. Necesito su peso encima de mí para reemplazar a quienquiera que estuviera ahí. No duda. Me envuelve en sus brazos, su boca presionando contra la coronilla de mi cabeza.
—Te tengo. —Su mano está en la parte de atrás de mi cabeza sosteniéndome contra su pecho—. Nadie va a hacerte daño.
Lloro contra él. He tenido pesadillas como esa durante años, pero no he tenido ninguna desde que me mudé a la mansión. Pararon porque estoy tan agotada del sexo toda la noche con Axl. Pero han vuelto, y esa ha sido la más intensa que he tenido. Se sintió demasiado real esta vez.
—Gracias. —Mi voz sale amortiguada contra su camisa.
—No tienes que darme las putas gracias. —Tira de la manta sobre ambos y me abraza más fuerte. Todavía está vestido y lleva los zapatos puestos—. Solo me alegro de haber llegado a casa cuando lo hice.
Presiono mi cara en su cuello y lo respiro. Es el hombre más peligroso que conozco. Domina cada aspecto de mi vida y mi cuerpo. Pero es en quien confío para mantenerme a salvo. Me destroza, pero luego me recompone cada vez.
Solo desearía que pudiera quitarme de encima lo que sea que me tiene atrapada.