17. CAPÍTULO 17
Axl
M i polla palpita por mi piercing más reciente, pero no me va a impedir follarme a mi chica. Lo único en lo que puedo pensar es en lo apretado que tiene el coño y en que por fin puedo hacerle lo que me dé la gana.
La llevo sobre mi hombro por el pasillo principal de la mansión. Mi corrida gotea sobre mis dedos donde le agarro el muslo, y eso pone mi polla jodidamente dura. Si no me importara que otros vieran lo que es mío, me la follaría otra vez contra la pared.
Crew dobla la esquina con su Paloma siguiéndole detrás. Tiene la máscara subida sobre la frente y está sonriendo. —¿Vas a unirte a nosotros en la sala de reunión para otro espectáculo, hermano?
—Vete a la mierda, Crew. —No aflojo el paso. Él sabe que no. A él puede que le ponga que el resto de la casa mire, pero yo no quiero ni necesito un puto público cuando uso a mi buena chica.
La chica levanta la cabeza y sus ojos encuentran los míos cuando pasamos. Se lame los labios como si eso fuera a hacerme algo. La fulmino con la mirada y sigo caminando hacia mi habitación, sujetando a Saylor.
Saylor me golpea la espalda. —Esa zorra acaba de follarte con los ojos.
—Me importa una mierda. —Le aprieto el muslo—. Guarda esas ganas de pelear para lo que tengo planeado, pequeña pagana. Las vas a necesitar.
Introduzco el código de mi habitación y entro, cerrando la puerta de una patada detrás de nosotros. Joder, por fin la tengo para mí solo. Años planeando e imaginando todas las cosas retorcidas que voy a hacerle a ese cuerpecito sexy, y por fin ha llegado el momento.
La bajo de mi hombro y la pongo de pie delante de mí.
Los dos estamos hechos un puto desastre.
Su vestido blanco está rasgado y cubierto de tierra y sangre.
También su piel, y tiene cortes en los pies.
Puedo ver el moratón oscuro formándose bajo su ojo derecho, y necesito matar a ese cabrón otra vez.
El único que tiene permiso para dejarle marcas a mi chica soy yo. Porque cuando yo le hago daño, también voy a hacer que lo disfrute. Cuando llore por mí, será porque he llevado su cuerpo a límites que no sabía que existían. Y luego la recompensaré por ello.
Está de pie en mi habitación mirándome con esos grandes ojos verdes, y no hay ni un atisbo de miedo en ellos.
Joder, me muero por destrozar a esta chica.
Le acuno la cara con la mano. —Primero vamos a ducharnos, porque una vez que empiece a jugar con mi nuevo juguete, no voy a parar.
Le saco lo que queda de su vestido por la cabeza y lo tiro al suelo. Su tanga está empapado. Engancho mi dedo en él y se lo bajo por las piernas. Ya no necesito coleccionar sus bragas. Será cuestión de suerte si le dejo ponérselas. Voy a vivir entre sus putos muslos.
Se las quita, y está desnuda delante de mí. Necesito todo mi autocontrol para no atarla a mi cama ahora mismo.
Joder, necesito marcar su piel suave. La agarro del cuello y la atraigo hacia mí. Gime cuando cierro mis labios sobre su cuello, mordiendo y chupando su piel. Es dulce y salada al mismo tiempo, con un toque de cobre por los restos de sangre. Eso me hace chupar más fuerte.
—Axl —gime mi chica. Se agarra a mis brazos para sostenerse y sus uñas se clavan en mis bíceps.
Me aparto y miro las marcas de mis dientes que le he dejado. —Jodidamente preciosa.
Recupera el aliento mientras me quito las botas de una patada y me bajo los vaqueros y los bóxers, saliendo de ellos. Sus ojos recorren mi cuerpo y se detienen en mi polla dura.
—La vas a ver bien de cerca pronto, nena. —Le rodeo la mandíbula con la mano y le levanto la cara, sonriéndole.
La cojo en brazos, acunando su cuerpo desnudo mientras la llevo al baño, con cuidado de los cortes en sus pies. La siento sobre el lavabo y luego abro el agua de la ducha acristalada, dejando que el vapor llene el baño.
—¿Eso te duele? —Señala mi polla—. El piercing, quiero decir.
—Creo que estás obsesionada con mi polla, nena.
Pone los ojos en blanco. —Perdona por preocuparme.
—No me va a impedir follarte, pequeña pagana. ¿Es eso lo que quieres saber? —Me coloco entre sus piernas y me inclino, lamiendo las marcas de mis dientes en su piel—. Los dos aguantaremos un poco de dolor.
La levanto del lavabo y la llevo a la ducha. Hay dos alcachofas, y el vapor nos envuelve cuando entro y la pongo de pie bajo el agua caliente. Echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. El agua corre por su pelo y baja por su cuerpo, arrastrando la sangre y la tierra de su piel en regueros.
Cojo el jabón y empiezo a lavarla. Primero los brazos. Luego los hombros, con cuidado alrededor de la marca de mordisco que le dejé. Luego le lavo el estómago liso y sus tetas llenas. Me tomo mi tiempo porque voy a saborear a mi chica antes de devorarla.
Abre los ojos y me observa, con incredulidad pintada en su hermoso rostro. —¿Quién coño eres tú?
—Cuido de lo que es mío. —Me río entre dientes y luego la agarro del cuello, haciendo que abra los ojos de par en par—. Pero no te confundas y empieces con esa mierda de niñata. Vas a servirme. Va a doler y me vas a suplicar que lo haga. Y cuando te portes bien, haré que se sienta mejor.
Su pulso late con fuerza bajo mis dedos. Me sostiene la mirada y levanta la barbilla. Puedo ver cómo lucha contra las ganas de contestarme.
—¿Vas a ser mi buena chica? —Aprieto mi agarre en su cuello.
Asiente, tragando bajo mi agarre.
Le suelto el cuello y la doy la vuelta, sujetando su cuerpo contra el mío mientras la lavo.
Mi polla presiona contra la parte baja de su espalda y le lavo la parte delantera del cuerpo.
Me arrodillo detrás de ella y le lavo los cortes de cada pie mientras apoya las manos en la pared de la ducha.
No quiero que se le infecten. Los dos estamos lo bastante cubiertos de sangre y tierra como para que sea una preocupación real.
Le agarro la cadera y la giro para que me mire. El agua corre por su estómago y estoy de rodillas mirándola. Respira con dificultad y me mira desde arriba, con los muslos apretados.
—No te confundas con esto tampoco, pequeña pagana. —Deslizo mi pulgar por la cara interna de su muslo—. Esto es para mí.
Le paso la pierna por encima de mi hombro y presiono mi boca contra su clítoris. Se sacude y me agarra el pelo con las dos manos. El sonido que hace rebota en los azulejos. Le aprieto el culo y la atraigo con más fuerza contra mi cara.
Sabe a mi corrida y a su excitación. Joder, me pone la polla aún más dura. Arrastro mi lengua por ella y le chupo el clítoris entre mis labios. Su pierna tiembla sobre mi hombro.
—Oh joder—Axl—
Le meto dos dedos y los curvo hacia adelante mientras trabajo con la lengua contra su clítoris al mismo tiempo.
Su agarre en mi pelo se tensa y tira lo suficientemente fuerte como para que escueza, lo que solo me hace chuparla más fuerte.
Por la forma en que le aprieto el culo, las marcas de mis manos le van a dejar moratones.
No puedo esperar a verlos en su piel cuando me la folle.
Sus muslos tiemblan y su espalda se arquea contra la pared de la ducha. El agua corre por su pecho y puedo sentir su estómago contrayéndose bajo mi mano.
—Axl—voy a—
Aparto mi boca de ella y le quito la pierna de mi hombro para ponerme de pie. Emite un sonido que es mitad sollozo y mitad gruñido y su mano me agarra el brazo.
—Por favor —gime, con la respiración entrecortada.
—Te dije que suplicarías. —Deslizo mi mano entre sus piernas y le acaricio ligeramente el clítoris con los dedos—. Y va a hacer falta mucho más que eso.
—Eres un puto gilipollas.
—Cuidado, nena. —Le agarro la mandíbula y le levanto la cara. Tiene los ojos desorbitados y los labios hinchados, y está furiosa y desesperada mirándome a través de pestañas húmedas. Jodidamente preciosa—. Menos actitud, y lávame el cuerpo como una buena chica.
Le pongo el jabón en la mano. Lo mira fijamente y luego me mira a mí. Puedo verla decidiendo si tirármelo a la cabeza o hacer lo que se le ha dicho.
Elige lo segundo y empieza por mi torso.
Sus manos se mueven sobre la tinta que cubre mi pecho y hombros, alrededor de mis pezones perforados, y luego por mi estómago.
Lo hace con brusquedad porque está frustrada.
Pero cuando llega a los cortes en mi cuerpo de la pelea y a los moratones en mis costillas, su toque es más suave.
—¿Seguro que estás bien, Axl?
—Nunca he estado mejor. —Tengo exactamente lo que he querido durante años. Lucharía diez veces más si eso fuera lo que hiciera falta para tenerla aquí conmigo.
Sus ojos bajan hasta mi polla. Los piercings están justo delante de ella y el barbell nuevo todavía está hinchado y sensible. Envuelve su mano enjabonada alrededor de mi eje y siseo entre dientes.
Hace una mueca. —Lo siento.
—No pares. —Hay que limpiarlo. Si tengo que limpiarlo diez veces al día para evitar una infección, eso haré. Porque no voy a desperdiciar un solo día de follarme su coño cada vez que pueda.
Es cuidadosa con el piercing nuevo, sus dedos trabajando alrededor del barbell con el jabón. Su otra mano me acaricia los huevos, y me agarro a la pared de la ducha porque sus manos trabajando mi polla la hacen palpitar.
Mi chica me mira desde abajo con las manos en mi polla y se lame los labios.
—Más te vale dejar de mirarme así, Saylor.
—¿Así cómo? —Me acaricia despacio, su pulgar trazando la longitud de uno de los barbells.
—Como si quisieras que te follara esa boquita bonita. —Bajo la mano y le agarro la muñeca, quitándole la mano de encima—. Porque haré que te atragantes con esta polla con el agua cayéndote por la cara.
Me suelta, sonriendo. Sabe exactamente lo que está haciendo y lo va a pagar.
Cierro el agua y cojo una toalla. La seco a ella primero, pasando la toalla por su cuerpo, tomándome mi tiempo con sus tetas y entre sus piernas solo para verla retorcerse. Joder, no voy a poder quitarle las manos de encima.
Me arrodillo y le seco los pies, con cuidado alrededor de los cortes. Le pondré pomada en los cortes luego, pero por ahora, mi chica no va a caminar.
Luego me seco yo mientras ella me ve temblar por la pérdida del agua caliente. Cuando termino, tiro la toalla al suelo.
—De rodillas.
Me mira, con una pregunta en los ojos.
—Te dije que te ibas a arrodillar. —Salgo del baño y cojo mi máscara del suelo donde la dejé caer y me la deslizo sobre la cara. Que empiecen los putos juegos.
Me doy la vuelta y veo que no ha hecho lo que le he dicho. Sigue de pie en la puerta del baño mirándome como si no hablara en serio. Ya aprenderá, joder.
—He dicho que te pongas de rodillas de una puta vez, Saylor. —Inclino la cabeza—. ¿Me gusta repetirme?
Un destello de desafío cruza su rostro. Estoy preparado para empotrarla contra la pared y recordarle quién coño soy. Pero mi chica debe pensárselo mejor, porque se deja caer de rodillas sobre el suelo de mármol. Sus ojos se clavan en los míos a través de mi máscara.
—Gatea hacia mí, pequeña pagana. Enséñame lo buena chica que vas a ser.
Empieza a gatear hacia mí a través del dormitorio. Sus tetas llenas cuelgan y se balancean, y su pelo mojado está suelto y le cae alrededor de la cara y los hombros. Su culo está en el aire y su cara se está poniendo roja.
—No tienes nada de lo que avergonzarte, nena. Fuiste hecha para servir a tu rey.
Se detiene a mis pies y me mira desde sus rodillas. Tiene los labios entreabiertos y el pecho le sube y baja mientras las lágrimas se forman en sus ojos verdes.
Joder. Es incluso mejor de lo que soñé que sería.
—Buena chica. —La miro desde arriba a través del resplandor rojo—. Ahora abre la boca para tu rey.