Devour 14. CAPÍTULO 14
25%

14. CAPÍTULO 14

Axl

L ocalicé a mi chica en cuanto se sentó con Kynlee pegada a su lado derecho. Estoy esperando a que Ryan termine su pelea para poder acabar con esta mierda de una vez. Estoy listo para reclamar a mi pagana y tenerla a solas en mi habitación.

He visto cada pelea desde la zona de preparación detrás de la arcada. Crew mató a tres hombres, uno de ellos armado. Ahora está en fila con los demás que cazarán esta noche.

No conozco mucho a Ryan, pero por fin ganó su pelea y se está follando a alguna pelirroja por el culo mientras la multitud vitorea.

Intercalan los años inferiores entre nuestras peleas para mantener a la multitud entretenida mientras esperamos la cacería.

Los de quinto año tienen que esperar a la cacería para follar.

Por suerte Ryan no tarda mucho en acabar, y ella le limpia la polla para el piercing.

Es mi turno. Estoy listo para acabar con esta mierda.

Giro el cuello y me crujo los nudillos, luego me pongo la máscara. Las rajas rojas brillan en mi visión periférica. Esta es la última pelea que tengo que ganar antes de ganarme el derecho a ir a por mi chica en el bosque oscuro.

Y perder no es una puta opción. O salgo ganador o estoy muerto.

Salgo al suelo de la arena. Hay cientos de rostros enmascarados y el ruido cae a nada. La puerta de la jaula está abierta y entro. El metal se cierra detrás de mí con un clic.

Entonces la puerta del fondo se abre y salen tres hombres. Los tres llevan armas.

El primero mide como yo y tiene una complexión musculosa. Tiene la cabeza rapada y los nudillos llenos de cicatrices. Entra en la jaula con una cuerda en las manos. ¿Qué habrá hecho este tío para cabrear a los Cuervos?

El segundo es más delgado, pero parece rápido. Tiene un bate de madera.

El tercero es más pequeño, pero no para de moverse. Tiene un corte sobre el ojo que ya tiene costra. Ya ha estado en un par de peleas. La luz se refleja en la cuchilla que lleva en la mano.

Todos parecen drogados. Están prácticamente fuera de sí. Es como si fueran con adrenalina pura.

¿Qué coño? Nuestras peleas siempre son algo desiguales, pero esta es con diferencia la pelea más dura de esta noche. Normalmente no drogan a los hombres que luchan contra nosotros. Yo tampoco tengo arma.

Suena la campana.

El del bate viene primero. Balancea hacia arriba y yo me agacho y oigo la madera cortar el aire sobre mi cabeza.

Si eso me conecta con el cráneo, estoy acabado.

Es rápido para su tamaño, y se recoloca y vuelve a golpear, esta vez bajo, apuntando a mis costillas.

Salto hacia atrás y el bate falla mi estómago por un centímetro.

El de la cuerda está rodeándome por detrás. No puedo verlo pero oigo sus botas en la piedra. Planea ponerme esa cuerda alrededor del cuello mientras el bate me mantiene ocupado. Así es como lo harán. Uno distrae, otro estrangula, y el de la cuchilla me remata mientras no puedo moverme ni respirar.

Ni de puta coña.

El bate viene hacia mí otra vez. Me meto dentro del golpe en lugar de alejarme y agarro el mango con ambas manos.

Sus ojos se abren como platos porque no esperaba que fuera hacia él.

Le arranco el bate de las manos y le clavo el extremo grueso en la garganta.

Cae de rodillas ahogándose, y yo giro y le estampo el bate en el lateral de la cabeza al de la cuerda cuando se lanza hacia mí por detrás.

El crujido es tan fuerte que la multitud jadea.

Se va de lado y golpea la pared de la jaula y resbala por ella.

El de la cuchilla no se ha movido. Está botando sobre la punta de los pies en el lado opuesto de la jaula, observando, esperando a que me canse o cometa un error. Le voy a dar una puta decepción.

Tiro el bate a un lado. Se desliza por la piedra y se detiene cerca de la pared de la jaula. Quiero las manos libres para esto.

El del bate sigue de rodillas ahogándose. Lo agarro por la nuca y le estampo la cara contra el suelo de piedra dos veces. Deja de moverse.

El de la cuerda se está levantando. Le sale sangre de la oreja y tiene el equilibrio jodido por el golpe que recibió. Pero tiene esa cuerda tensada entre los puños, y viene a por mí con la mirada de un hombre que todavía cree que tiene una puta oportunidad.

Me lanza la cuerda por la cabeza. Levanto la mano justo a tiempo y la atrapo con los dedos entre la cuerda y la garganta.

Tira con fuerza y la cuerda se me clava en los nudillos.

Tiene todo su peso detrás y está intentando arrastrarme hacia atrás.

El aire se me corta a la mitad y la visión empieza a estrecharse.

Le clavo el codo hacia atrás en las costillas. No me suelta. Lo hago otra vez, más fuerte, y siento algo crujir bajo el impacto. Gruñe pero la cuerda sigue tensa. Me arden los pulmones.

Dejo caer mi peso y me lanzo hacia delante, tirando de él por encima de mi espalda. Sale volando por encima de mi hombro y golpea la piedra con la espalda. La cuerda se afloja. Estoy sobre él antes de que pueda levantarse. Le agarro la cabeza y la giro. El crujido hace que la multitud vitoree.

Me levanto y el aire vuelve a mis pulmones y tengo la garganta en carne viva. Puedo sentir la quemadura de la cuerda ya hinchándose contra mi piel. La multitud es ruidosa pero la pelea no ha terminado.

El hombre de la cuchilla viene a por mí rápido. La hoja destella y echo la cabeza atrás y me corta el antebrazo. El corte es superficial pero sangra de inmediato y el escozor es agudo. Vuelve a cortar. Muevo la cabeza y la hoja me pilla el borde de la oreja. La sangre me corre por el cuello.

Es más rápido de lo que esperaba. Necesito meterme dentro de su alcance.

Apuñala hacia delante. Me aparto y le agarro la muñeca y se la retuerzo lo bastante fuerte para que los huesos rechinen. Grita pero no suelta el cuchillo. Hijo de puta duro. Retuerzo más fuerte y le rompo la muñeca. La cuchilla repiquetea contra la piedra.

Me da un cabezazo. Su frente conecta con mi mandíbula y veo estrellas un segundo. Entonces tiene su boca cerca de mi oído y respira con fuerza.

—Alguien te quiere muerto. —Me escupe sangre en la cara—. Si yo no te mato, él lo hará.

Los Sinclair no me tenderían una trampa. Solo hay una persona que conozco que sigue intentando quitarme de en medio. Va a hacer falta mucho más que estos tres hijos de puta.

Si Justin Carter cree que alguien va a impedirme tener a Saylor. Está jodidamente equivocado.

Agarro al hombre en la jaula conmigo por la garganta con una mano y lo levanto. Sus pies se separan del suelo. Araña mi muñeca con su mano rota y la buena, y ninguna sirve para una mierda. Lo miro a los ojos y puede ver exactamente lo que viene.

—Él está tan muerto como tú.

Le retuerzo el cuello hasta que se rompe y lo dejo caer.

Estoy de pie en el centro de la jaula con sangre corriéndome por el brazo y el cuello. Tengo los nudillos partidos y el corte del antebrazo gotea sobre la piedra.

Me arranco la máscara y mi mirada se clava en mi chica. Saylor está agarrando el banco con ambas manos y su pecho sube y baja. Me devuelve la mirada y puedo verlo en su cara incluso desde aquí. No tiene miedo. Está excitada. No puedo esperar a sentir lo mojadas que tiene las bragas.

Esa es mi puta chica.

La jaula se abre. La multitud es ruidosa. Me da igual mientras cruzo la arena a la carrera y trepo por los bancos de hormigón hasta llegar a ella. La multitud jadea y la gente se aparta.

La agarro por la garganta y le llevo la boca a la mía, besando sus labios delante de todos ellos.

Puede que todavía no pueda follármela, pero no hay reglas sobre besar lo que va a ser mío.

Y si su hermano creía que iba a impedirme tenerla, puede mirar.

Todos pueden. Porque Saylor Reign Carter está a punto de ser mía.

Sabe tan jodidamente dulce. Su boca es cálida y sus labios son suaves.

No se aparta. Agarra la parte delantera de mi camiseta con ambos puños y me atrae hacia ella.

Sus gemidos contra mi boca van directos a mi polla.

Necesito todo el autocontrol que tengo para no arrancarle ese vestido blanco del cuerpo y consumar la reclamación ahora mismo.

Mi sangre está en su cara. Puedo sentirla extendiéndose desde el corte de mi oreja hasta su mejilla y ella no se inmuta. Me besa con más fuerza. Su lengua se desliza contra la mía y la tengo tan dura que duele. Mi mano se aprieta en su garganta y su pulso se acelera bajo mis dedos.

La multitud está perdiendo la cabeza entre una mezcla de susurros y vítores. Esto no es parte de la ceremonia, pero me la suda.

Me echo atrás lo justo para mirarla. Tiene los labios hinchados y mi sangre en la boca y la mejilla. Sus ojos están vidriosos y su pecho sube y baja.

—Eres jodidamente mía —le digo. Mi voz es baja para que solo ella pueda oírla—. Prepárate, pequeña pagana.

Sus dedos se aprietan en mi camiseta. —Entonces será mejor que me atrapes.

Kynlee nos mira con la boca abierta. Las Palomas a su alrededor están susurrando. Algunos miembros de las familias fundadoras en la sección superior están de pie. A los Cuervos les encanta un espectáculo, y yo les estoy dando uno de cojones.

Le suelto la garganta. Mi pulgar le recorre la mandíbula, y sostengo sus preciosos ojos verdes un segundo más antes de girarme y bajar los bancos.

Saludo a la multitud y bombeo las manos, animándolos a que vitoreeen. Lo hacen. Alguien empieza a corear mi nombre y luego más en la multitud lo siguen. Es una mezcla de silbidos y el cántico de mi nombre. Sonrío y voy directo hacia Justin, empujándolo hacia atrás.

—Es hora de cazar, cabrón.

Sigo de largo y Priest me espera en la arcada. Tiene los brazos cruzados y está negando con la cabeza pero sonríe. —Has perdido la puta cabeza. Dane te va a hacer la vida imposible por eso.

—¿Has visto esa mierda ahí fuera? Me tendieron una trampa.

Kase está detrás de él, con el ceño fruncido. Sus ojos están en la sangre de mi brazo y cuello, y tiene la mandíbula apretada. —Esa pelea no era normal.

Le sostengo la mirada, haciéndole saber que quiero que cierre la puta boca. —Ya hablaremos de eso joder.

Otro Talon, Daniel, se acerca y me da una palmada en el hombro. —Todos sabíamos que estabas loco por la zorra, pero joder.

—Tú no sabes una puta mierda. —Me giro y le meto un puñetazo en la cara—. Cuida tu puta boca cuando hables de mi chica.

Priest y Kase se interponen haciendo que Daniel se lo piense mejor antes de venir a por mí.

Me doy la vuelta. He acabado con cualquier mierda que ese gilipollas tenga que decir.

La plataforma está montada al borde de la arena donde se supone que debo unirme a Crew y los demás que ya han ganado su derecho a la cacería.

Voy hacia el hombre con la aguja que espera para ponerme el piercing.

Aparto con un gesto a la mujer desnuda que aparece para limpiarme la polla y le arrebato el paño para limpiarme yo mismo.

El hombre pasa la barra y no me inmuto. Este es mi quinto piercing, y el cuarto a lo largo del falo.

El dolor es solo un idioma que los Cuervos hablan y yo lo domino desde hace cuatro putos años.

Dane Sinclair está de pie al borde de la plataforma. Se ha quitado la máscara y tiene los brazos cruzados. Me mira como si estuviera decidiendo si está orgulloso de mí o quiere matarme. Le provoco eso a menudo.

—Esa no debería haber sido tu pelea. —Habla entre dientes apretados.

—No me jodas. Pero igual la gané.

Me sostiene la mirada. —Averiguaré quién les dio armas y los drogó.

Mantengo la boca cerrada. Decirle a Dane que Justin Carter intentó que me mataran empezaría una guerra entre los Carter y los Hollister. Además, no soy un puto chivato. Puedo manejar mis propias mierdas.

—Tengo grandes planes para ti. —Se acerca más y su voz baja para que solo yo pueda oírla—. No te hagas matar antes de eso.

Me río. —Estoy a punto de conseguir exactamente lo que quiero, y no pienso morirme.

Asiente una vez, luego me da una palmada en el hombro y se va.

Observo mientras un par de médicos me presionan una toalla en el brazo y me ponen hielo en las costillas. Me limpian la sangre del cuello y el brazo y tratan las heridas.

La pelea de Justin es la siguiente. Su máscara brilla roja como la mía, y se queda en el centro y espera. Tiene que pelear contra tres hombres, pero ninguno tiene arma.

Un par de ellos le meten algunos buenos golpes, pero el cabrón los mata a todos. Bien. Prefiero ocuparme de él yo mismo. Pero va a necesitar tiempo y planificación. Ahora mismo solo me importa una persona en esta sala, y no es Justin Carter.

Se arranca la máscara y su cara está en blanco. Mira hacia donde está Saylor y les saluda a ella, o quizás a Kynlee. Mi pagana y Kynlee le devuelven el saludo. Aprieto los dientes, sabiendo que Saylor no se va a alegrar cuando le dé una paliza a su mierda de hermano.

Me relamo los labios, saboreando todavía su beso. Joder. De momento, tendré que conformarme con saber que voy a reclamar a la única mujer que él no quiere que tenga. Porque he esperado años a esta noche y ese cabrón no va a arruinarla.

Nada va a impedirme hacerla mía.