Devour 12. CAPÍTULO 12
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12. CAPÍTULO 12

Saylor

M i madre me ha colocado justo enfrente de Axl en la mesa. Es como si el cabrón hubiera podido planear todo esto a la perfección.

Mi padre está a la cabecera de la mesa con su whisky escocés, con dos de sus socios de toda la vida, Randall Hawthorne y Travis Keller, a cada lado.

Adam Hollister, el padre de Axl, está al lado de Randall, frente a Justin.

Los hombres están en un extremo de la mesa y las mujeres en el otro, conmigo sentada entre Justin y la madre de Axl.

Estoy aún más nerviosa en mi asiento sabiendo lo que Axl va a hacer en cualquier momento. No sé qué es peor—luchar contra un orgasmo sentada al lado de mi hermano o al lado de la madre del hombre al que me voy a follar durante un año.

Axl lleva un traje negro sin corbata. El botón superior de su camisa blanca desabrochado, dejando ver parte de la tinta en su pecho. Me mira como si quisiera follarme sobre esta mesa delante de todos. Eso no es muy diferente de lo que ya va a pasar mañana por la noche.

Sus ojos no me han dejado desde que me senté. Sé que en cualquier momento, va a sacar el móvil del bolsillo y hacer que este dispositivo dentro de mi cuerpo se vuelva loco.

Mi madre levanta la copa. —Por una noche encantadora con buenos amigos.

Todos levantan sus copas y beben. Doy un trago largo de vino porque lo necesito, joder. Ya voy por la segunda copa.

Doy un respingo al bajar la copa de mis labios, atragantándome un poco al intentar tragar. Menos mal que no hace un ruido audible, pero siento la pulsación baja contra mi clítoris.

—¿Estás bien, querida? —El tono de mi madre es más de advertencia mientras me observa.

—Estoy bien. —Doy otro trago largo y luego vuelvo a dejar la copa en la mesa. Voy a tener que controlarme mejor si quiero ganarle al cabrón en su propio juego.

Él da un sorbo a su vino y me observa por encima del borde. Una sonrisita juega en sus labios. Joder, está buenísimo.

Las conversaciones fluyen a nuestro alrededor. Los hombres hablan de sus negocios, pero no puedo concentrarme ni remotamente en lo que ninguno de ellos dice. Mi madre y las mujeres beben vino y se ríen de vez en cuando.

El personal sirve el primer plato, y no sabría decirte qué es porque el vibrador pulsa de nuevo, más fuerte esta vez. Aprieto los muslos tan fuerte bajo la mesa que se me acalambran los músculos.

—¿Estás lista para mañana, Saylor? —me pregunta Adam.

—Sí, señor. —Consigo forzar las palabras, sintiéndome incómoda mirando al padre de Axl a los ojos mientras mi coño se humedece cada vez más.

Me dedica una sonrisa aprobadora y afortunadamente le dice algo a Justin. No lo oigo del todo porque la sangre me zumba en los oídos cuando el vibrador sube otro nivel. Los nudillos se me ponen blancos por la fuerza con la que agarro la cuchara para distraerme.

Axl no da ninguna señal de que le afecte lo que me está haciendo. Solo da un bocado y me mira, evitando la otra conversación de la mesa.

El segundo plato viene y va. Me he ventilado otra copa de vino sin que mi madre se dé cuenta. Picoteo la comida frente a mí, incapaz de concentrarme en comer. Ni siquiera saboreo lo poco que intento comer.

—¿Estás bien, Sayl? —Justin capta mi atención—. Se te está poniendo la piel roja y estás sudando.

Le quito importancia con un gesto. —Hace un poco de calor aquí dentro.

Vuelve a su comida. La boca de Axl se curva. Quiero arrancarle esa sonrisita de la cara de un bofetón y sentarme encima al mismo tiempo, para que limpie con la lengua el desastre que está haciendo. Mira sus manos bajo la mesa.

Y entonces la vibración se intensifica aún más.

Dejo el tenedor porque me tiemblan las manos. El vibrador pulsa y puedo sentirlo en todo el cuerpo. Estoy tan mojada que el tanga es inútil. Mi cuerpo avanza hacia algo que no puedo dejar que pase en esta mesa, joder.

Cojo el vino y doy un trago largo. La mano me tiembla, y la copa tintinea contra el plato cuando intento dejarla. Definitivamente noto los efectos del alcohol.

—Suave con el vino, Saylor —dice mi madre desde el extremo de la mesa.

—La mía es igual —dice la mujer de Travis Keller a mi madre. No consigo recordar el nombre de la mujer ya que solo la he visto un par de veces.

Estoy sentada en la mesa de la cena de mi familia, y estoy a unos treinta segundos de correrme hasta morir. Quiero apuñalar a Axl con el tenedor y subirme a su regazo y follármelo. Al mismo tiempo. Delante de todos.

—Disculpad. —Echo la silla hacia atrás y me levanto. Las piernas me flaquean entre el vino y el vibrador—. Solo necesito un momento.

Mi madre me despide con un gesto. Justin levanta la vista cuando paso y casi parece que va a seguirme, pero luego vuelve a su conversación con el padre de Axl.

Salgo del comedor con piernas que apenas me sostienen.

El corazón me late a toda velocidad mientras llego al baño del pasillo y cierro con pestillo.

Agarro el borde del lavabo y me miro en el espejo.

Tengo las mejillas encendidas y los ojos vidriosos.

Conozco a Axl lo suficiente como para saber que no tengo permiso de correrme pero no sé cómo voy a impedirlo.

El vibrador sigue funcionando. Va a hacer esto hasta que ceda y entonces podrá castigarme.

El tirador de la puerta gira detrás de mí. Hay un clic. El pestillo salta. La puerta se abre y Axl entra y la cierra detrás de él. Vuelve a echar el pestillo. Me giro para encararle.

—¿Cómo coño has—?

—Tarjeta de crédito. —Se guarda la tarjeta negra en la cartera y luego se la mete en el bolsillo.

—Tienes que irte. Van a darse cuenta de que los dos hemos desaparecido.

—He dicho que necesitaba hacer una llamada, y luego me he colado por la entrada trasera. Nadie va a notar nada durante al menos diez minutos. —Da un paso más cerca—. Date la vuelta y mira al espejo, pequeña pagana.

—Axl—

—He dicho que te des la puta vuelta. Pon las manos en el lavabo, Saylor. Ahora.

Debería apartarle de un empujón, volver a la mesa y sentarme para demostrar que soy más fuerte que esto. Eso es lo que haría una mujer inteligente. Eso es lo que haría una mujer que no está completamente ida por un puto asesino.

Pero soy la borracha cachonda que quiere a este cabrón, así que me doy la vuelta y pongo las manos en el lavabo.

Su mano sube por la parte de atrás de mi muslo y me sube el vestido por encima de las caderas. El calor de su piel sobre la mía se siente tan jodidamente bien. Agarra mi tanga y lo baja por el culo y deja que caiga al suelo alrededor de mis tobillos.

Se inclina por delante de mí y presiona el vibrador más fuerte contra mi clítoris, haciéndome gemir. Me tapa la boca con la otra mano y me mira fijamente en el espejo.

—Silencio. —Su boca está en mi oído, ojos clavados en los míos en el espejo—. A menos que quieras que todos ahí fuera me oigan jugar contigo.

Le muerdo los dedos. No se inmuta.

—Así, mi chica. —Saca el vibrador de mí lentamente y luego lo vuelve a meter—. Estás empapada, joder. Has estado sentada en esa mesa chorreando por mí.

Nos observo en el espejo. Su pecho contra mi espalda.

Su mano sobre mi boca. Su otra mano entre mis piernas.

Mi vestido arrugado alrededor de la cintura y mi culo apretado contra la parte delantera de su polla cubierta.

Está duro. Puedo sentir cada piercing a través de la tela, y le quiero dentro de mí tan desesperadamente que podría gritar.

—Voy a hacerte correr —me dice—. Y vas a mirarte.

Saca el vibrador otra vez y cambia el ángulo mientras me folla con él. Su mano se queda sobre mi boca y presiona su cuerpo contra el mío. Puedo sentir su polla dura contra mi culo, y el vibrador pulsa tan fuerte que todo mi cuerpo tiembla. Se me cierran los ojos.

—Ojos abiertos, pequeña pagana. He dicho que mires, joder.

Me miro en el espejo. Soy un puto desastre. El rímel ya se me está corriendo.

—No tenemos tiempo para hacerte suplicar como es debido, así que córrete para mí, nena. Considéralo un regalo antes de que te haga trabajar mucho más duro por ello.

El orgasmo me golpea con fuerza. Las piernas me ceden y él me sostiene contra su cuerpo. Gimo contra su mano y los ojos se me llenan de lágrimas. Mi cuerpo tiembla mientras él me sostiene y me observa en el espejo con sus preciosos ojos azules.

—Buena chica. —Es grave y ronco contra mi oído—. Así, mi buena chica.

Antes de que pueda recuperar el aliento, saca el vibrador y me mantiene doblada sobre el lavabo. Oigo su cremallera.

—No te muevas, joder.

Lo observo en el espejo. Tiene la mandíbula tensa y la polla en la mano. Lleva el vibrador a sus labios. Lo lame limpio mientras me observa en el espejo. Su lengua recorre la silicona rosa y no rompe el contacto visual. Mi coño se contrae aunque me he corrido hace treinta segundos.

Vuelve a meter el vibrador dentro de mí, recogiendo más de mi orgasmo. Se lo lleva de vuelta a la boca y lo lame otra vez mientras se acaricia.

—Llevaba tiempo deseando probar este coño.

—Se guarda el vibrador en el bolsillo y luego se masturba duro y rápido mientras me observa en el espejo.

Me agarra del pelo y me echa la cabeza hacia atrás, manteniéndome el pecho contra el lavabo.

Ahoga un gemido—. No tienes ni idea de lo difícil que es no follarte ahora mismo.

Se inclina más sobre mi espalda y la punta de su polla se desliza a lo largo de mi abertura mientras se palea.

Me mira en el espejo y me muerde el cuello, haciéndome gemir.

Frena la mano y presiona la punta de su polla contra la entrada de mi culo y gruñe contra mi cuello mientras su semen caliente gotea de mi culo a mi coño.

—Joder. No puedo esperar a llenar cada agujero de tu cuerpo con mi semen.

Abro los ojos de par en par, mirando a los suyos mientras besa el lugar en mi cuello donde acaba de morderme. Se guarda la polla en los pantalones. Nunca he practicado sexo anal, y el pensamiento de lo que su tamaño y los piercings me harían me acelera el corazón.

—¿Qué, nena? ¿No pensabas que me iba a follar este culo también?

—Axl, yo no . . . Nunca he hecho eso.