Epílogo
DEVLIN
Tres años después...
Empujo las pesadas puertas del juzgado y me preparo para la bandada de periodistas que esperan en la escalinata.
Ven que las puertas se abren y vienen corriendo, pero no es a mí a quien quieren oír. Bajo deprisa los escalones mientras pasan a mi lado a toda prisa hacia el inspector jefe.
Algunos de los periodistas más espabilados me reconocen como el agente que efectuó el arresto, pero levanto la mano, sin ganas de hablar con la prensa.
Además, tengo que estar en otra parte.
Kylie me está esperando en una cafetería al otro lado de la ciudad, ya sea para un almuerzo de celebración o de consolación.
Veinte minutos más tarde, entro en el local. Ella está en un reservado con una trona colocada al extremo de la mesa.
Su pelo le cae sobre la cara mientras le da cucharadas de un mejunje verde a nuestro hijo Archie. La luz del sol entra por la ventana, resaltando los reflejos de su cabello, y me detengo a mirarla un momento.
Archie balbucea, salpicando de papilla tanto a sí mismo como a la trona. Kylie se ríe, y siento un vuelco en el corazón al verlos juntos.
Poco después de conocer a Kylie, por fin conseguimos el avance que necesitábamos con la familia Dalton. Dirigí la redada que finalmente nos proporcionó las pruebas necesarias para hundirlos.
Han hecho falta tres años para que el caso pasara por los tribunales, y hoy hemos recibido el veredicto.
Kylie levanta la vista y me ve. Su sonrisa se transforma en una mirada interrogante.
Ha sido una época de mucha ansiedad para ella. Temía por su propia seguridad, pero también por la de su hermana. No estaba segura de si Mel se había visto envuelta en algo ilegal con Marty.
Pero su hermana estaba limpia. Descubrió que no era la única mujer que Marty mantenía, y sus nociones del amor estaban basadas en una mentira.
Kylie la ayudó a superar el desengaño, y ahora Mel regenta un restaurante respetable y tiene su propio apartamento.
Pasaremos por allí más tarde para asegurarnos de que está asimilando bien la noticia.
—¿Qué ha pasado? —La mano de Kylie tiembla mientras limpia la boca de Archie.
—Culpables.
Suelta un gran suspiro y se recuesta en el asiento, visiblemente aliviada.
—Culpables, culpables, culpables de todos los cargos—. Me deslizo en el reservado junto a ella y le planto un beso en la mejilla.
—¿Cuánto tiempo estarán encerrados?
—La sentencia se dictará la semana que viene, pero estoy bastante seguro de que será por mucho tiempo.
Cojo el menú. —Así que hoy estamos de celebración. Voy a pedir el filete.
Su mano se desliza alrededor de mi cintura y se inclina para darme un beso.
—Estoy orgullosa de ti —susurra contra mi cuello, enviando dulces escalofríos por todo mi cuerpo—. Por mantener a salvo el condado de King.
Puedo oler su dulce aroma, y tener su cuerpo junto al mío provoca una reacción en mis pantalones. Mi mano va a su muslo y le doy un apretón, pensando en las cosas que le haré cuando lleguemos a casa.
Archie suelta un fuerte balbuceo y ambos giramos la cabeza hacia él. Se ríe, haciéndome soltar una carcajada. —¿Quieres llamar la atención, eh, pequeñajo?
Le muevo el dedo delante de la cara y él lo agarra con su manita.
Tengo un hijo sano, una mujer preciosa y un trabajo que me encanta. No hay duda de que hay mucho que celebrar.