Capítulo 33. Briar #2
Me giro, me arrodillo frente a él y espero, a partes iguales ansiosa y nerviosa.
Storm coge mi teléfono y el pintalabios que he dejado sobre la encimera y, antes de que pueda preguntarle para qué quiere lo segundo, apunta con la cámara hacia mis pechos desnudos. Los pezones se endurecen al instante y la respiración se me corta.
Con una mano empieza a grabar, mientras con la otra escribe algo sobre el centro de mi pecho con trazos gruesos.
«Mía».
Un sonido oscuro de satisfacción llena el espacio, y arroja el pintalabios tapado al lavabo que tengo a la espalda.
—Mírate. —Unos dedos fuertes me pellizcan la mandíbula mientras examina mi boca—. Saca la lengua.
Abro la boca de par en par a toda prisa y le muestro la lengua.
Me doy cuenta de que tiene cuidado con la cámara.
La dirige hacia abajo, recorriendo mi cuerpo; no sé si mi cara entra en el encuadre, pero parece como si intentara evitarlo.
No es que me importe, pero ese detalle me arrastra todavía más hondo, porque le importo lo suficiente como para asegurarse de que, si alguien llegara a ver esto, no resultara evidente que soy yo la del vídeo.
—Me encanta cómo me la chupas, ¿lo sabías? —murmura, y el elogio implícito en esas pocas palabras prácticamente garantiza que haré cualquier cosa que me pida.
Con la mano libre, se baja la ropa interior y libera su erección, larga y marcada por venas tensas. Cuando veo la humedad brillando en la punta, siento que me precipito de cabeza hacia el lugar más peligroso imaginable.
No puedo esperar a demostrarle lo mucho que me excita verlo así por mí.
—Aplana la lengua y déjala así.
Por supuesto, hago exactamente lo que me pide.
Entonces se sostiene con una mano y desliza lentamente la erección sobre mi boca abierta y expectante.
Su calor aterciopelado y ese aroma almizclado invaden mis sentidos y me vuelven loca; lo único que quiero es empezar a chuparlo, pero él deja que el peso de su cuerpo descanse sobre mí mientras sigue frotándose contra mi boca como si yo no fuera más que un agujero para jugar.
Esa es la imagen que me destruye; no puedo evitar que se me escapen pequeños sonidos suplicantes.
—Dios. Tu boca está hecha para esto. Así, envuelve esos labios perfectos alrededor de mí para que te deje hecha un desastre.
—Mientras habla, coloca la cámara enfocando el lugar donde lo recibo entre los labios, y yo cierro la boca a su alrededor mientras él suelta un gemido.
Ahora tengo permiso para chuparlo como se merece, y estoy decidida a volverlo loco de placer.
Estoy decidida a dar un espectáculo.
Mis manos buscan la cintura de sus vaqueros y tiro de ellos hacia abajo por la curva firme de su culo, arrastrando también los calzoncillos.
Levanto la vista, aparto la boca un instante de él y noto, con una cálida y resplandeciente explosión de chispas en el pecho, que le he dejado una marca roja alrededor.
—Joder, qué sensual. —Sus palabras reflejan exactamente lo que estoy pensando.
Me inclino hacia delante y chupo suavemente uno de sus testículos; atraviesa mis labios, y todo su cuerpo se sacude al tiempo que inhala hondo. Después dejo que mi lengua recorra lentamente la base venosa de su miembro. Luego repito en el otro lado.
—Vuélvetela a meter en la boca. —Suena más desesperado, como si él también estuviera perdiendo el control. Aunque las rodillas y los muslos ya empiezan a arderme, estoy decidida a seguir.
Con una mano enganchada a la cinturilla de sus pantalones, que ahora descansan bajos sobre la cadera, lo sujeto y vuelvo a guiarlo hacia mi boca. Lamo la punta que gotea y recorro con mis labios pintados la base antes de tragármela entera.
El sonido que hace es sucio y delicioso, y quiero escucharlo una y otra vez.
—Tu lengua caliente es el paraíso. —Hundo mis mejillas, me pongo a trabajar y siento sus dedos deslizarse en mi pelo.
Sí. Joder, sí.
Debe de notar el temblor de alivio que vibra alrededor de su miembro porque entonces toma el control.
Empieza a empujar contra mis labios mientras sus dedos se tensan, tirándome ligeramente del pelo hasta hacerme notar el cuero cabelludo.
—Sigue mirándome con esos ojos tan bonitos. —Y yo obedezco sin vacilar.
Su rostro queda oculto entre las sombras; podría parecer duro si yo no supiera lo mucho que me adora, aunque sea yo la que está de rodillas adorándolo a él. Antes de Storm, antes de todo esto, no sabía lo que era sentirse así.
—Qué buena chica. —Su mano en mi pelo es despiadada, y yo me derrito bajo ese control posesivo—. Esa carita de ángel no consigue esconder lo pervertida que eres, ¿verdad?
Esta vez se hunde todavía más, llenándome por completo y golpeando el fondo de mi garganta mientras me atraganto. La saliva se me empieza a acumular en las comisuras de mis labios y, Dios mío, entre las piernas soy un desastre palpitante de deseo.
Mi vaquero sigue elogiándome, diciéndome que soy su juguete perfecto, lo bien que lo hago, lo sexi que estoy. Todo mientras me sujeta del pelo y me folla la garganta hasta que se me llenan los ojos de lágrimas y la saliva chorrea por mi barbilla.
—Mira cómo te rebotan las tetas, cómo se te dilatan las pupilas cada vez que te atragantas conmigo. Se nota que te encanta.
Gimo alrededor de él, sintiendo cómo se endurece todavía más con la sensación.
—Siempre estás sexi, pero esto es lo mejor que he visto en mi vida, cariño. Los labios hinchados, el pintalabios corrido y esas lágrimas. Todo para mí.
Sin apartar los ojos de él, con los dedos aferrados a su base y la otra mano agarrada a la bragueta de sus vaqueros, intento suplicar. Todo dentro de mí está tan tenso que siento que voy a romperme en cualquier momento.
—Estás mojada, ¿verdad? —Su voz se vuelve más áspera mientras se inclina hacia mí—. Mmm… Apuesto a que quieres que te dé permiso para tocarte.