Capítulo 20 Pánico en la disco
La banda ya no tocaba apenas ninguno de nuestros antiguos temas. Yo lo odiaba. Nos deberíamos haber cambiado el nombre de Punk Wolves puesto que ya no quedaba nada de la esencia que tuvimos. La esencia que me gustaba.
¿Por qué no me marchaba? Pues porque no tenía mucho más. Hacía tiempo que Dante y yo no hablábamos más que para saludarnos de lejos. Agradecía no coincidir ni con él y ni con Sara, por ella y por mí. Había perdido un amigo y ahora solo ensayaba con el grupo y quedaba más con Nata.
Sabía de Dante por ella. Me mantenía al margen e intentaba avanzar en varios aspectos de mi vida, pero no conseguía dejar los Punk Wolves, algo me retenía y no entendía qué. Cuando lo pensaba comenzaba a encontrarme mal. Era extraño.
Hacía una semana tuvimos concierto. Actuamos en el escenario del Stage y fue un éxito rotundo.
La sala se llenó y bordamos todos los temas de Leo.
La gente estaba desenfrenada, no animada, sino fuera de sí.
Llegué a sentir miedo. Mientras tanto, en la tribuna que había situada en el nivel superior se encontraba nuestro anfitrión.
Ilai nos miraba con otros cuatro amigos vestidos de traje que no se perdían detalle de la actuación ni de nuestro público.
Entonces empezaron las peleas en la última canción, como si se hubiera fraguado una batalla en las anteriores para explotar con la final.
La gente se desmadró y hubo quienes intentaron salir de allí a empujones.
Era peligroso. Y lo que vi me dejó helada la sangre: ocurrió muy rápido.
Todos, y digo todos, se desplomaron a la vez.
Y un segundo después caímos nosotros. Mis ojos grabaron la última imagen que vieron: Ilai y sus invitados nos miraban desde arriba, y al menos hasta que yo me desmayé no vi que a ellos les sucediera lo mismo.
Fue escalofriante. Al levantarnos, tanto mis compañeros como el público reaccionaron como si nada.
No supe si a Leo también le había afectado, pero le escuché hablar por el móvil más tarde diciendo que el siguiente concierto sería aún más espectacular.
Se lo conté a Nata, que intentó quitarle hierro al asunto, aunque yo la notaba preocupada.
Me preguntó por qué no dejaba de ir con ellos y le expliqué lo que me pasaba.
A ella le sonó extraño y hasta se ofreció a acompañarme a que les comunicara mi decisión de dejar el grupo.
Pero me pareció demasiado y, aunque se lo agradecí, rechazé su ayuda.
Algo me decía que podía ponerla en peligro si la involucraba en esto, tenía esa corazonada.
─Puedo ayudarte, lo sabes ─me insistió.
─Sí, pero no así. Por favor, solo quiero que hagas una cosa que yo no estoy preparada para hacer: cuéntale todo esto a Dante.
Creo que debe estar al tanto y yo no puedo volver a aparecer en su vida de momento, no así.
Solo dile que creo que esto está relacionado con el chico desaparecido.
Quizás ate algún cabo que yo desconozco de momento.
Excepto por Canapé, seguía sola, por eso encendí la radio. Puse la emisora local para escuchar un programa de rock que me amenizaba algunas noches. La canción que estaba empezando era I Write Sins not Tragedies de Panic! At the disco.
No podía seguir con esto, me faltaba información y presentía que algo horrible estaba por llegar. Solo podía contar con cierta persona y no había otra manera de hacerlo. Debería volver a hablar con ella.