Del Sótano al Escenario (Ravens Fly First 1) Capítulo 14 Alma fragmentada
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Capítulo 14 Alma fragmentada

« ¡No puedes aguantar! Déjalo ya. ¡Te vas a ahogar! ¡Busca otra salida con las fuerzas que te quedan !».

Esa voz se fue difuminando en mi mente hasta que se apagó por completo para escuchar otra.

─¡Dante! ¡Dante! ¡Responde, chico, responde! ─Ciro empezó a definirse más en mi visión pero yo no podía calmarme, me costaba respirar. Parecía estar ahogándome─. Tiras más aire que el que coges. Creo es un ataque de ansiedad. Por eso te estás asfixiando.

─Vamos, por favor, respira. Estamos aquí contigo.

Escuché la voz de Sara y noté mi cabeza apoyada en sus piernas.

Estaba sentada allí, conmigo, y parecía muy exaltada.

Byron no decía nada, su cara estaba desencajada y más blanca de lo normal.

Noté que poco a poco el aire se abría paso con más fluidez y que empezaba a darle alimento a mis pulmones para que respondieran.

No era que me faltara el aliento, sino que me sobraba.

Tenía más del que necesitaba, pero al principio no lo sabía y por eso abría la boca más y más para abastecerme de él.

Intenté incorporarme pero no aún no estaba preparado, y por eso me apoye como pude en Ciro y Byron para terminar de ponerme de pie. Sara parecía algo más tranquila.

─Te hemos encontrado tirado en el suelo ─ dijo ─ . ¡No veas el susto que nos has dado! ¿Con quién hablabas cuando saliste del local?

No me apetecía contarles cómo Taylor me había dejado allí. Me dolía mucho saber que la había perdido y que no me quería decir por qué. Que no había mirado atrás para ver cómo la necesitaba. Estaba dolido con ella y, por primera vez, me reconocía a mí mismo que no me apetecía verla.

En ese momento salieron los miembros de los Punk Wolves y Leo nos observó con tanta rabia como perplejidad. No dijo nada, pero cuando se dio la vuelta la voz de Sara se hizo presente.

─¡Eh, la única zorra aquí es tu…!

Le tapé la boca con la mano y no terminó su frase. Leo no se inmutó y siguió su camino hacia el ascensor.

─¿Estabas hablando con ella? ─quiso saber─. ¿Con su bajista? ¿Ella te ha dejado aquí tirado? Fue por ella…

Pero no terminó la frase.

─Mirad ─ concluí tras encontrarme ligeramente mejor ─, vamos a llevar lo que queda y me voy a casa.

Sara se veía dolida, no conmigo, pero no estaba bien. Entonces, terminamos de cargar y de llevar las cosas al nuevo local de ensayo desde el que empezaríamos nuestro ascenso hasta convertirnos en lo que aspirábamos: en una banda que daría mucho que hablar.

Más tarde, Sara se fue hacia el coche proponiendo algo:

─Deberíamos de quedar entre semana, el martes tal vez, si queremos ir cogiendo tono, chicos.  Además, yo no empezaría tocando versiones. Si vamos a ir con todo, tiene que ser material nuevo.

Lucía una amplia sonrisa, como si la extendiera para cubrir lo que fuera que estuviera sintiendo en ese momento. Y todos accedimos a vernos el siguiente martes para empezar con nuestros nuevos temas.

El regreso a casa me lo pasé dándole vueltas a la cabeza, intentando encajar el giro que había dado mi relación con la persona que más quería.

Sin saber por qué, entendí que debía dejar marchar a Taylor.

El amor no retiene, pensé. Lo había oído en una serie de hacía tiempo que se llamaba Doctor en Alaska y se me quedó grabado en la memoria.

Una parte de mí, además, experimentó un dolor inmenso al verla marcharse ajena a lo que yo sufría.

¿Y si yo había malinterpretado lo que ella sentía por mí?

Puede que fuera así, y si de eso se trataba, todo cobraba aún más sentido.

Aunque mi amor por ella era algo que trascendía cualquier explicación lógica, tenía que darle su tiempo y aceptar su decisión de caminar sin tenerme cerca.

Y por otro lado estaba mi relación con Sara, pues desde aquella noche del beso también se había visto afectada.

Entré en mi piso y, al pasar por el salón, Davi y Jesús estaban viendo las noticias. Solo escuché algo sobre enfermedades que, pese a considerarse erradicadas, estaban regresando a nuestro país.

Entré en mi habitación reflexionando sobre estas cosas y después me puse a ensayar las canciones que quería mostrar al grupo.

Les propondría ensayar Inhuman porque Byron y yo la habíamos tocado juntos, y también What’s going on .

Esta última es la que me vino a la mente tras hablar con Jesús sobre los adolescentes y las pantallas.

Tras interpretarlas un par de veces y corregir algunos detalles para encajar letra y música, las dejé descansar.

Luego me tiré sobre la cama para pensar en lo que soñé al desmayarme.

Estaba algo perdido. Sabía que necesitaba respuestas.

Era como si se me mostraran de alguna manera pero no pudiera descifrarlas.

Pero, ¿qué querían decirme? De nuevo me veía como si fuera un recipiente a medio llenar, que incluso había gente que me resultaba familiar a pesar de no haberla conocido antes.

Eso mismo era lo que me pasaba con Taylor.

Por ello me dolía verla marchar, era como si no fuera la primera vez que alguien especial en mi vida me dejaba atrás y yo no podía acompañarle.

Poco después ya había escrito una letra sobre todo esto, y así surgió Hollow .

Tenía otra letra para una nueva canción pero parte de ella no era creación mía.

Estaba en un papel arrugado que me llevé una de las mejores tardes de mi vida durante un rato en que me sentí completamente lleno con un gato naranja sobre mis piernas.

Pero esa noche ya no podía más, y esa canción de momento era demasiado dolorosa como para tocarla.

Habría sido como si en cada acorde mis dedos hubieran reposado sobre cuchillas de afeitar.

Al rato, me quedé dormido con la ropa puesta.

Llegó la mañana y salí de casa, y aunque me fijé bien, no vi a Taylor por ningún sitio. Tras nuestra útlima conversación, algo me decía que no coincidiría con ella ni en nuestra clase común esa semana, así que preferí no pensar más en ello porque me estaba consumiendo.

Por otro lado, el día me tenía preparada una grata sorpresa para desconectar, y fue cuando coincidí con Byron en el césped que rodeaba la facultad antes de volver a casa. Se había traído una guitarra española a la uni y estaba ensayando el tema que tocamos juntos en su garaje.

─No eres de los que se conforman, ¿verdad? ─le pregunté mientras me sentaba enfrente de él.

─Dante, qué sorpresa ─me saludó parando de tocar─. Bueno, lo llevo todo bastante al día y este tema tiene cosas que se pueden explotar. He pensado en meterle armónicos con la distorsión antes de los estribillos.

Me fascinaba la facilidad con la que se adaptaba a mi composición y estaba deseando ver qué haría con los demás temas, pero ese día no podía quedarme mucho más tiempo.

Así que me despedí de Byron y me dirigí hasta el autobús para irme al trabajo.

Aquel día tendría que empalmar sin pasar por casa.

Por suerte llevaba un bocadillo que me comería en el trayecto desde la parada al estudio.

Al llegar allí, vi que mi jefe no estaba solo. Un hombre que no había visto antes se encontraba hablando con él. Yo, educadamente, los saludé y dejé mis cosas en la mesa en la que solía trabajar.

─Dante, acércate por favor. Este es el señor Santiago de Domingo ─nos presentó mi jefe─. Tenía muchas ganas de conocer a la persona que arregló el sonido de su conferencia.

Aquel hombre rondaría los sesenta años y vestía de una manera clásica.

Llamaron mi atención principalmente una chaqueta fina de arreglar gris y un sombrero del mismo color que le daban un toque elegante.

Iba bien afeitado y su pelo tenía un tono cano, tirando a ceniza. Sus ojos eran de un marrón intenso.

─En un placer, señor de Domingo ─contesté yo.

─El placer es todo mío, muchacho. Veo que trabajas con mucho esmero las mezclas que te dan.

─ Noté que me lo decía de verdad, sin ánimo de quedar bien ─ .

Habrán sido horas de trabajo escuchando mi cháchara sobre vidas pasadas y demás.

Lo siento mucho. Espero que al menos hayas podido aprender algo.

Me sonrió. Era un hombre que emanaba esencia de maestro. Yo lo miré y seguí la conversación.

─No le voy a engañar, señor de Domingo. Al principio no estaba muy pendiente del contenido. Solo de los picos altos o bajos que había que modificar. Sin embargo, creerá que estoy loco, pero mi vida me está poniendo pruebas en las que los aspectos de su estudio bien podrían ser aplicados.

─Vaya, no me digas. ¿En qué has notado que pudiera serte útil? ─quiso saber, y acto seguido se dirigió a mi jefe─: Rob, me llevo al chaval a tomar un café para que me hable más del trabajo que ha realizado con mi charla, ¿te importa?

─Para nada, tranquilo, lo tomaré como una reunión con un cliente.

Se notaba que eran amigos por el tono que usaban entre ellos.

─Vámonos, Dante, creo que hay cosas en las que podría arrojar algo de luz. Siempre y cuando seas abierto de mente, claro está.

Y ambos cogimos nuestras chaquetas para cruzar a la cafetería de enfrente.

Se llamaba Déjà vu y era un lugar agradable cuyos dueños eran una familia francesa que llevaba ya muchos años en el vecindario.

Se les conocía por la repostería de su tierra y por un café que no dejaba a nadie indiferente.

No era muy grande pero tenía una amplia barra donde siempre escuchabas a varios hombres hablando de fútbol con André, el dueño del lugar.

Los tenía siempre entretenidos y era muy querido por todos.

En la parte trasera se encontraba el obrador que desprendía un apeticible olor a bollería recién horneada por su esposa Marie.

Ocho mesas muy bien arregladas con manteles decorados por tazas, cruasanes y bebidas humeantes completaban aquel lugar.

Nosotros nos sentamos en una mesa apartada del bullicio que había a esa hora y pedimos café.

─Veamos, Dante, ¿qué estás experimentando?

─Verá, señor…

─ De Domingo. Todo el mundo me llama de Domingo. Y puedes tutearme.

Me explicó que, desde que entró en un colegio religioso donde le llamaban por el apellido, se había acostumbrado a que se refirieran a él así. Yo sonreí.

─Verás, de Domingo, el otro día sufrí un ataque de ansiedad y en el momento en que me ahogaba tuve un trance. Fue un instante en que escuché voces, como si provinieran de otra época, pero tan claras como si estuvieran sucediendo al tiempo que me estaba asfixiando.

─Es interesante, Dante. En situaciones en las que nos vemos amenazados, el alma, si es que crees en ella, parece tener conexiones con otras partes fragmentadas de sí misma ─me explicó sin tapujos─. ¿Has escuchado alguna vez el término Yo Superior?

─La verdad es que no ─confesé fascinado por todo aquello que me estaba contando.

─El Yo Superior, por así decirlo, es como el guardián que interactúa y presencia lo que les pasa a esas fragmentaciones del alma que viven por sí solas.

Es como si, a la vez que tú y yo estamos hablando, hubiera otras personas que están viviendo o han vivido en otras épocas simultáneamente.

Parece una locura, pero hay gente como yo que defendemos esa teoría.

La idea es que esos Yo alternativos están recorriendo un camino en el que, sin darnos cuenta, van aprendiendo y equivocándose.

Esas decisiones nos afectan y definen a todos, y en algunos casos se puede dar la situación de que, en un momento de shock , se levante el telón que nos separaba y se cuelen restos de vivencias a modo de recuerdos.

Son recuerdos que hemos vivido como alma común, pero como individuos diferentes.

Hizo una pausa para comprobar que le estaba siguiendo. Yo asentí.

─Se trata de, cómo decirlo, un trabajo en equipo en el que todos podemos contribuir pero que sería más fácil si pudiéramos pasarnos información al respecto. Y ahí podríamos recordar muchísimos aspectos vividos, pero ¿sabes por qué no es así y no estamos sincronizados?

Me miró expectante.

─ ¿Porque nos volveríamos locos al no poder procesar tanta información? ─me atreví a sugerir.

─Exacto ─añadió con cierta emoción al ver que le seguía sin problema─.

Te acabarías volviendo loco al no saber cuál de esas vidas te corresponde y por eso está ese velo que separa los diferentes caminos u obras de teatro que se están representando.

Me pregunto a cuánta gente habrán encerrado en psiquiátricos por tener estas vivencias diciendo que es un trastorno de identidad.

Hay quien usa esta teoría para reencarnaciones también.

Es parecido, pero el recorrido de las almas no es simultáneo.

─Pero, ¿por qué ahora y no, yo que sé, cuando era pequeño? ─m e aventuré a preguntar.

─Eso solo lo sabes tú, Dante. ¿Qué ha cambiado últimamente en tu vida? ¿Ha pasado algo relevante que haya hecho saltar las alarmas de tu subconsciente? ¿Hay alguna relación entre lo que te pasó cuando te desplomaste y el mensaje que recibiste? ─añadió como si supiera la respuesta.

─En las dos situaciones me faltaba el aire.

Hice la conexión. De alguna manera, si todo estaba relacionado, estábamos viviendo algo simultáneo.

─Y, ¿podría ser que esté ocurriendo a la vez pero que no podamos vernos excepto en estos fallos del sistema? ─continué con curiosidad ─ . ¿Como si se cruzaran dimensiones por error?

─Como poder, puede darse el caso ─continuó ilustrándome─.

La idea de tiempo para el Yo Superior no tiene que ser la misma que la nuestra.

Su concepción abarca más de lo que podemos imaginar.

Hay excepciones que afectan a las normas de nuestra realidad.

Incluso se habla de seres experimentados que trascienden entre esas dimensiones teniendo total conocimiento de lo que sus otros egos están haciendo, aunque lo tuyo sería más parecido al comienzo de un despertar, como si se estuviera dispensando la información poco a poco.

No me podía creer todo lo que Domingo me estaba contando. Parecía sacado de una película de ciencia ficción.

─Bueno, señor Dante, creo que ya le he robado su empleado a mi querido amigo el suficiente tiempo para que me exija una compensación.

Aquí tienes mi tarjeta por si necesitas hablar del tema.

─Se levantó y finalizó─: Me temo que te he dejado muchas cosas pendientes para pensar y un café por pagar. Otro día invito yo, palabra de honor.

Nos despedimos formalmente con un estrechamiento de manos y aquel curioso hombre salió por la puerta de la cafetería mientras yo dejaba nuestra deuda saldada.