Del Sótano al Escenario (Ravens Fly First 1) Capítulo 8 Fichas que caen
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Capítulo 8 Fichas que caen

En mi habitación me sentía abandonado por la suerte.

Había algo que me inquietaba, y era qué querría Leo.

¿Qué tenía pendiente Taylor con él? Y entonces me di cuenta de que los celos me estaban acechando.

Sabía que habían estado juntos pero que ya se habían distanciado.

Lo único que comprendí fue que ella no era mía y, muy a mi pesar, no volví a saber de Taylor en toda la semana.

Al llegar el viernes por la tarde me senté al lado de Ana, que ocupaba toda la mesa de la cocina con sus bocetos.

─Joder, no paro de dibujarlos y sé que no son para mí ─se quejaba mirándolos con curiosidad.

─¿Te han hecho algún encargo? ─pregunté yo sin saber a qué se refería.

─No, eso es lo raro. Es como si me los hubieran pedido pero no es así. Como si se hubieran encargado solos. Me han mandado que los creara antes de existir.

Sonaba muy graciosa haciendo esas reflexiones.

─Bueno, Ana, a lo mejor existían en tu cabeza.

Me reí con nuestra extraña conversación.

─Sí, supongo ─asintió, como si lo que le había dicho tuviera todo el sentido del mundo.

─¿Estás bien? ─quise saber, preocupado─. El otro día te vi mal. No me quiero meter en tu vida, pero sabes que te aprecio.

─Y yo a ti. Es tan injusto que, porque unos descerebrados quieran algo, metan en sus movidas particulares a miles de inocentes...

─se desahogó con amargura. Yo sabía que se refería a lo de su hermano─.

¡Putas piezas de ajedrez, fichas que caen del tablero conforme juegan!

Eso es lo que somos para ellos. Peones sin valor.

Si dos países o potencias mundiales quieren luchar, que pongan en un cuadrilátero a sus dos líderes a darse de ostias y que gane el más imbécil.

Pero no, cuando mi hermano recibió un tiro, esos hijos de perra estaban sentados en sus sofás de cuero viéndolo todo por la tele. ¡Me cago en su vida!

Observé sus lágrimas desfilar mejilla abajo y sentí una impotencia increíble al ver que Ana nunca volvería a ver a su hermano. Peones, fichas que caen. Así nos veían aquellos demonios. Esa fue una dolorosa reflexión.

─Creo que son para ti ─me soltó de repente con la voz ronca y entrecortada─, en serio. Me lo están graznando tanto que solo quiero que echen a volar contigo.

Me dio las láminas y un beso en la mejilla. Luego, mi amiga la dibujante se marchó a su habitación a terminar de llorar un dolor imborrable.

La vibración de mi móvil me hizo salir de la ducha goteando, y con los dedos aún húmedos consulté quién me había escrito.

«Necesito verte. Creo que tenemos que hablar. Esta tarde donde aparcamos para nuestro ensayo».

Era un mensaje de Sara. Le contesté que sí iría al parking del Rock Realm y dejé el movil en el lavabo para secarme. Sentí muy dentro de mí la necesidad de hablar de lo que nos había sucedido aquella noche que había cambiado nuestra relación de golpe.

Una nueva vibración que parecía ser su contestación me pilló desprevenido y al mirar la pantalla vi que era de Taylor.

«Siento no haber dado señales de vida. ¿Podemos vernos en mi casa esta noche sobre las 22:00? Tengo que decirte algo».

«Sabes que puedes contar conmigo. Allí estaré».

Le escribí con un miedo atroz a que hubiera tomado una decisión y que no fuera yo.

Ojalá alguien me hubiera avisado de lo caprichoso que puede ser el destino y de lo poco que a veces nos tiene en cuenta para escribir nuestra historia.

Esa fue la noche en que me di cuenta de que había cosas que creía poder manejar y que se me fueron de las manos.